Paulinho y el acorazado celeste

cavani

Un equipo puede conseguir muchos éxitos si defiende bien. Que prevalezca el cuidado de la defensa es una actitud que define un estilo cauteloso y esmerado tan válido como el que más. Se puede priorizar la defensa y atacar de forma punzante, vertical y dañina. Y con todo ello, llegar a lo más alto. Esta es la idiosincrasia resumida de Óscar Tabárez. Ha buscado alzar el trofeo de la Copa Confederaciones con una Uruguay que destaca por tener una personalidad muy marcada por esa prevalencia. Porque este estilo no es nuevo. Si están aquí es por ser campeones de América con Tabárez. En esta ocasión estuvieron cerca de llegar a la Final, el último paso antes de levantar al cielo la copa. Pusieron en apuros a Brasil e incluso tuvieron opciones de escribir un guion de partido más celeste. Pero Paulinho quiso demostrar que su valía no reside en ser solo un interior con llegada.

Paulinho es más. Y en estos escenarios se crece. En la Copa Confederaciones había tenido actuaciones discretas, pero hoy vivió un partido pensado para él puesto que Brasil no pudo desbordar por fuera. Scolari lo alineó en el doble pivote junto a Luiz Gustavo en su once estándar, en el 4-2-3-1 que la gente ya se sabe de memoria. Su homólogo charrúa, el Maestro Tabárez, deshizo las rotaciones del partido ante Tahití y colocó un once de gala con todo el arsenal ofensivo arriba: Forlán, Suárez y Cavani. El esquema  fue un 4-3-3 muy parecido al que utilizó durante una parte del partido ante Nigeria (el plan C de esta Copa Confederaciones) pero con una diferencia esencial: la colocación de los arietes. Arévalo Ríos fue el mediocentro puro, el que barre, roba y recupera. Cristian Rodríguez y Álvaro González los interiores. Y arriba Forlán se fue al medio en lugar de Cavani. Esta disposición de los delanteros con Suárez y Cavani en bandas acabaría teniendo una especial incidencia en la defensa de Uruguay.

La selección charrúa dejó claro que su principal argumento es la defensa. Pero no una defensa cualquiera. No es una Uruguay que se encierra como tal. Las líneas se repliegan de forma canónica y los delanteros caídos a bandas ayudan. Esto último fue fundamental para entender el motivo por el cual Uruguay apagó a Brasil. La “V” del centro del campo se aplanaba y Egidio ayudaba a los centrales así como cada interior al lateral de su perfil. A eso hay que sumarle una ayuda defensiva de los más adelantados que evitaba la progresión fácil del atacante rival. Suárez no fue tan solidario como Cavani y por ello fue menos en el choque. Cavani trabajó por momentos como si de un volante en un doble lateral se tratase. Y por “la banda de Cavani” estaban Neymar y Marcelo, jugadores fundamentales para que el equipo de Felipão use su mejor herramienta en ataque: el juego exterior.

Edinson Cavani fue el más destacado de Uruguay, tanto por su gol como su sacrificio defensivo. Foto: Sam Kelly.

Los apoyos de Oscar desde la mediapunta no servían para que la Canarinha atacase de forma fluida por dentro. Brasil estaba incómoda y no llegaba. Era difícil encontrar huecos en el blindado sistema defensivo de Uruguay, que cuando recuperaba el balón tenía el arco de Júlio César siempre en la mirada. Forlán pudo adelantarse con un disparo de penalti que atajó el portero del QPR y los puntas uruguayos dispusieron de algunas ocasiones más. Su trabajo defensivo hacía que Brasil no encontrase ni a Neymar ni a Hulk por fuera, ni a Fred descolgado. Luiz Gustavo, Paulinho y Oscar no podían avanzar. Necesitaban una genialidad aislada. Y en una acción suelta, Paulinho se sacó de la manga un pase impresionante para que Neymar buscase el gol. No lo encontró, pero Fred sí.

Uruguay debía responder a ese gol. Tabárez seguramente se preguntaría si era mejor mantener el plan defensivo o si debía hacer “cambiante” al equipo como cuando Nigeria les marcó en el choque de la Fase de Grupos. Lo que vimos fue un mixto en el que se apreciaba la confianza del técnico en la capacidad definidora de sus delanteros y en lo que podían sumar Cristian Rodríguez y Álvaro González llegando desde la medular. Sus hombres de ataque le respondieron pronto. Cavani respondió tras 3 minutos del segundo acto con un gran remate pese a partir desde la derecha. No estaba tan “marginado” en la banda. Estuvo brillante definiendo tras el error de Thiago Silva y Marcelo en fase defensiva. 1-1 y Brasil atascada e incómoda gracias al trabajo defensivo. El partido se ponía celeste.

Scolari buscó una reacción orientada a agitar las bandas. A reactivar el juego exterior del que a veces tanto depende. Neymar continuó, pues una genialidad suya basta para desequilibrar partidos, y el sacrificado fue Hulk. Pero no entró Lucas Moura, sino Bernard. El seleccionador se la jugó y apostó por el joven volante de Atlético Mineiro, a pesar de las molestias que arrastraba. Buscaba descaro, velocidad, subir una marcha el ritmo del partido. Y Bernard lo consiguió. Fue un gran reactivo aunque no con excesiva trascendencia en el marcador. Brasil empujó también con Hernanes y con el 4-3-3 que evita tener a un ‘10’ como Oscar apoyando constantemente fuera de su zona natural. Poco a poco fue desgastando a los uruguayos, que también dejaron de aparecer en contragolpes o juego directo. Brasil consiguió el dominio del partido y alejó a Cavani, Forlán y Suárez de Júlio César. Pero no acababa de conseguir acción. Bernard y Neymar seguían tapados, como Tabárez quería.

Entonces Paulinho se entonó. Quiso ser el hombre más trascendente del día. No se vino abajo porque su equipo no consiguiese progresar y acabó por ser diferencial y por poner la acción necesaria al partido de los brasileños. En un córner botado por Neymar apareció él para rematar de cabeza merced a un salto superior al de Martín Cáceres, su marcador. Episodios muy aislados como el penalti de Forlán, el pase de Paulinho a Neymar en el 1-0 y ese remate, que quizá juntos sumen un minuto y poco más, valieron más que el global del partido. Uruguay trabajó y buscó ser fiel a sí misma para avanzar a la Final. Defendió de forma extraordinaria, pero no bastó. Acabó frustrada, pero seguramente su plantilla sea consciente de que ha conseguido lavar su imagen después de llegar como llegaba al torneo y de empezarlo como lo empezó. Brasil, por su parte, se convierte en finalista de “su” Copa Confederaciones. Y tiene la moral por las nubes.

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