Nico

Nicolás Olivera (nidoazulcrema.com)

Es la primera vez que titulo un artículo con el nombre de un futbolista. Y quizás la última. Pero la ocasión lo merece. Lo que he vivido en las últimas semanas en Montevideo, con la figura de Nicolás Olivera como foco principal, debe tener el reconocimiento justo. Su importancia en el equipo sorpresa de la Copa Libertadores es mayúscula. Siempre saliendo desde el banquillo. Siempre siendo decisivo. Nico es así. Un genio.

El 30 de mayo cumplirá 36 años pero el tiempo no pasa para él. Jugó en el Valencia, cuatro temporadas en el Sevilla, una en el Valladolid, otra en el Córdoba, en el Albacete, Necaxa, Atlas, Puebla, Tiburones Rojos de Veracruz, América, Correcaminos de la UAT… y hasta en cinco etapas diferentes en Defensor Sporting. La vuelta a las raíces una y otra vez. La necesidad de estar en casa.

Nicolás Olivera (nidoazulcrema.com)Nicolás Olivera (Foto: nidoazulcrema.com)

Olivera es mucho más que un futbolista para la escuadra viola. Es un modelo para los más jóvenes y un ejemplo para los demás. Dentro y fuera del campo.

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La primera gran exhibición de fútbol que presencié en Uruguay fue suya, como no podía ser de otra manera. Ante The Strongest, en octavos de final de la Libertadores, Defensor necesitaba remontar dos tantos ante los bolivianos en el Luis Franzini. Al descanso, 0-0. Salió Nico y todo cambió. Esto escribí aquel día: “El ex del Sevilla, a sus casi 36 años, revolucionó el choque con su trote superior. Cuando juegas al fútbol con tus amigos, pequeños o mayores, siempre hay alguien de físico discreto que la toca como nadie. Ayer ése era Olivera. No corrió. Tampoco hizo falta. Asistió a De Arrascaeta en el 1-0 y marcó el segundo con un zurdazo espectacular desde fuera del área”.

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Olivera transformó poco después el último penalti en la tanda decisiva. Su figura se elevó. Con su talento mayúsculo, hermanó a un español, un uruguayo y un francés, que llorábamos emocionados por la gesta única que acabábamos de presenciar.

En la siguiente ronda, el rival era de mayor entidad. Y la actuación de Olivera no iba a ser menos. “El mito” esperó su oportunidad en el banco y entró al final por Giorgian de Arrascaeta. Cambio generacional. “La sensación de que el nuevo ídolo daba paso en el campo a la leyenda”.

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Otro ratito en el campo y una nueva demostración de que estaba por encima del resto. El atacante inició la jugada del 1-0 con un pase mágico entre líneas y definió, con la suerte de los campeones, al finalizar un gran contragolpe de Adrián Luna.

El 15 de mayo de 2014 dio un paso más allá. La cita lo exigía. El estadio Centenario pedía su ingreso en el campo en la segunda mitad del choque de vuelta ante el Atlético Nacional de Medellín y allí estaba él, en la banda, visualizando cada espacio. Escuchando el eco de los cánticos que sus aficionados estaban a punto de dedicarle.

En la primera pelota que pasó cerca de él, robo, control, regate y carrera que está a punto de significar el primer tanto del partido.

Con la hora prácticamente cumplida, De Arrascaeta lanza un balón con música medido al espacio para que Pais la deje atrás y aparezca…Nico. El público se ríe y festeja a partes iguales. Estaba escrito. Está bendecido. Nos miramos todos, nos encogemos de hombros de manera rítmica y exclamamos: “¡Nico! ¿Quién sino?”

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