Una experiencia Centenaria

la foto 3 (1)

El 15 de mayo de 2014 no fue sólo la noche en la que Defensor Sporting se clasificó, por primera vez en su historia, para las semifinales de la Copa Libertadores sino que también significó mi debut en el histórico estadio Centenario. La sede de la primera final de un Mundial. Un campo cuya historia puede verse, a través de las décadas, en cada una de sus piedras, y puede sentirse en el frío viento montevideano que te recorre el cuerpo. Paul McCartney dio un concierto allí hace unas semanas. Me lo perdí. “Ya sacaré las entradas, tengo tiempo”, me repetí, por lo menos, diecisiete veces en los días previos. Adiós al primer tren. ¿Próxima estación?

Visité su fachada en mis primeras horas en la ciudad pero, desde entonces, sólo había pasado por delante en un par de ocasiones. Nada serio. Eso sí, me había enamorado perdidamente del mágico Luis Franzini poco después y sentía curiosidad por conocer el interior de tan emblemático escenario. Con la entrada en la mano, en el coche, de camino, me pregunté cómo sería por dentro. Si la magia puede observarse con los ojos. Olerse.

la foto 1El Luis Franzini (Foto: Pedro Reparaz)

El día anterior al partido había leído que se habían vendido 5.000 entradas…en un estadio que cuenta con cerca de 60.000 asientos. “No habrá casi nadie”, me dije, visualizando a mi yo bohemio, en un campo semi-vacío, con un termo imaginario en una mano y un paraguas en la otra. Ni lo uno, ni lo otro.

Colas kilométricas me recibieron en la puerta. Ambiente propio de las grandes noches. Pasito a pasito, fui avanzando por una cola que no tenía fin. Un pasito. Mirada al cielo, a izquierda y derecha. Atrás. “¿Si lo necesito, cómo voy a salir de aquí? Hay demasiada gente”, pienso. Otro pasito. Meto mi mano en el bolsillo derecho y saco la entrada. La cartera y las llaves siguen ahí. Buena señal. Por fin, llego a la puerta, muestro mis credenciales, que en mi mochila sólo hay ropa de abrigo y comida y entro a una de las catedrales del fútbol mundial.

Me sorprende, de inmediato, su profundidad. Me sitúo en la Tribuna Olímpica, me paro un segundo y tomo una foto. Luego, otra, mientras la gente me adelanta buscando un asiento. Bajo las escaleras y me acomodo. Inspiro y expiro. Estoy en el Centenario, el campo que vio ganar a Uruguay la primera Copa del Mundo hace 84 años. Y ha venido media ciudad para compartir la experiencia conmigo. La gente se amontona en ambas tribunas, las escaleras están llenas de padres e hijos que no encontraron una plaza y decidieron hacerme compañía.

El césped está irregular, las gradas son antiguas y hay un foso detrás de una de las porterías que llama mi atención. A mi espalda, una torre se erige por encima del estadio, la Torre de los Homenajes. “Como una aguja se levanta una alta torre de hormigón visto, fina y bien trabajada, con la expresión nítida de un gran impulso hacia arriba, símbolo poderoso del triunfo. Una especie de gesto al deporte, al optimismo y a la juventud….”, escribió sobre ella el famoso arquitecto Leopoldo Artucio.

la foto 4El Franzini desde fuera (Foto: Pedro Reparaz)

El Franzini representaba la intimidad. La familia. Un lugar para ver, entre amigos y hermanos, cómo tus ídolos te representan. El Centenario es otra cosa. Majestuosa. Imponente. Una demostración de fuerza y poder. Lo más llamativo es que la mística puede sentirse por cada uno de sus poros. Estás en la casa del fútbol. Y se nota.

Defensor logra su pase a semifinales y da la impresión de que estaba escrito que lo lograra en el Centenario. Cuesta pensar que existe un escenario más idóneo para tan increíble gesta. El Franzini es mamá y papá. El Centenario es todo tu pueblo o ciudad, que ha venido a festejar tus triunfos o a darte una calurosa despedida en la plaza mayor. La que se merecen los héroes. La que se ganó la viola en el campo.

Related posts

5 comments

Hola Pedro

Como siempre genial tus artículos. Los he leído todos! 🙂 y me emocionan mucho.

Gracias

Escribí una cosita sobre ayer. ¿Te la puedo mandar al mail? No tengo aquí tu dirección, pero pensé que, como vos sí, podrías escribirme a mi mail que yo te contesto con esas pocas líneas.

Saludos y vamos la viola

Muchas gracias Guillermo. Voy a estar varios meses trabajando en Uruguay así que estaré seguro en las semifinales y, si Defensor clasifica para la final, no me la perderé. Un abrazo.

Pedro: Las fotos son del Centenario. La descripción del Franzini y el Centenario son perfectas. Evidentemente has captado la esencia de los dos estadios. El nuestro, el pequeño pero glorioso Estadio Luis Franzini,y el de todos, el majestuoso Stadium Centenario (así se llama realmente, la piedra tallada en granito en el exterior y debajo de la Torre de los Homenajes lo denomina así). En el Franzini se vive la hermandad Violeta y en el Centenario todavía corren los fantasmas Celestes. Muy buena nota.

Deja un comentario

*