Así se construyó el Swansea City actual

Todo empezó el 24 de febrero de 2007. Aunque quizá deberíamos irnos un poco más atrás. Sí, al 30 de mayo de 2006. Ese día, el capitán del Swansea City, Roberto Martínez, recibió una comunicación: el entrenador Kenny Jackett no contaba con él para la nueva temporada y no iba a renovarle el contrato. Bob tenía 32 años, pero quería seguir jugando a fútbol. Era un hombre muy popular entre la afición de losswans, ya que había participado activamente en la agónica salvación de 2003, cuando el equipo consiguió en la última jornada permanecer en la cuarta categoría del fútbol inglés. La debacle hubiera supuesto dejar la estructura profesional. Dos años después, en 2005, el club celebraba el ascenso a la League One. En la nueva división, Roberto siguió siendo titular, pero Jackett decidió a final de temporada apostar por un perfil de medio centro “más físico”. Así que el capitán se marchó al Chester City, que estaba en League Two.

Y sin embargo, a los pocos meses, el Swansea le llamó de nuevo. Era, ahora sí, febrero de 2007. Kenny Jackett había dimitido la semana anterior porque no podía soportar las críticas de la afición y de los medios. Huw Jenkins tuvo una idea algo estrambótica: ofrecerle a Roberto el cargo de entrenador-jugador. El club había recibido más de cincuenta ofrecimientos, pero el presidente lo quería a él -se lo había recomendado Toshack-, pese a que nunca había dirigido y aún estaba en activo. Incluso le pagó una compensación económica al Chester para romper su contrato. El centrocampista español, que tenía 33 años y había apostado con su padre a que colgaría las botas más tarde que él, llamó a Balaguer y aceptó su derrota. Quería seguir jugando, pero el mercado de fichajes estaba ya cerrado y debía ser solo entrenador hasta final de temporada. Luego, cuando podría haberse inscrito de nuevo, lo rechazó. En sus primeros meses en el cargo había comprobado que el rol de manager le absorbía demasiado como para compaginarlo con el terreno de juego.

Roberto cogió al equipo séptimo, a solo dos puntos del play-off de ascenso. Debutó como entrenador en Rotherham (curiosamente, ante el mismo club contra el que Cesc Fàbregas jugó su primer partido como profesional). Su primer once fue el siguiente: Gueret, Amankwaah, Tate, Lawrence, Painter, O’Leary, Britton, Robinson (Butler 76), Craney, Trundle (Williams 88), Abbott. Atención, ya estaba Leon Britton, que había sido el compañero de habitación de Roberto cuando él era jugador. Hoy Britton es uno de los medios centros mejor valorados de la Premier League. Aquel partido en Rotherham lo ganó el Swansea por 1-2 ante 3.697 espectadores. Marcaron Abbott y Trundle. Fue la primera de las siete victorias que el cuadro galés conseguiría en ese tramo final de temporada. El balance de Roberto Martínez fue de siete triunfos, tres empates y dos derrotas. Pero no fue suficiente: un 3-6 en casa ante el Blackpool en la última jornada dejó al equipo sin play-off. Acabó séptimo, la misma posición en la que se encontraba cuando el catalán asumió el banquillo.

La temporada siguiente, con tiempo para planificarlo todo, Roberto asumió que le iban a pedir el ascenso. Y quiso modificar la mentalidad del vestuario introduciendo jugadores continentales, educados en otras culturas futbolísticas. Especialmente, la holandesa y la española. De la primera firmó a Dorus De Vries, un portero que estaba jugando en el Dunfermline en la Scottish Premier League, y a Ferrie Bodde, un medio centro del ADO La Haya. De la segunda, a Àngel Rangel, Guillem Bauzà “Bussy” y Andrea Orlandi. Se trataba de reproducir una situación parecida a la que el mismo Roberto había vivido en 1995, cuando llegó a Inglaterra para jugar en el Wigan Athletic junto a Isidro Díaz y a Jesús Seba. Bussy, que había sido campeón de Europa con la selección española sub-16 junto a Fernando Torres, quería probar suerte fuera tras no llegar al primer equipo ni en el Mallorca ni en el Espanyol, en cuyos filiales jugó. “Era un club de League One, pero cuando me llaman ya me hablan de ascender a la Premier a medio plazo. El estadio lo habían construido pensando en la Premier League”, recuerda el mallorquín. Orlandi, que tras haber debutado en el primer equipo del Barça no encontraba un hueco satisfactorio en el fútbol español, lo confirma, aunque reconoce que fue bastante escéptico al principio: “Cuando llegamos a Swansea, Roberto nos vendió esa idea, pero era difícil de creer. Entrenábamos en un trozo de campo de 20×20 porque solo había un foco que nos iluminara, y ahora se está construyendo una ciudad deportiva fantástica y el equipo jugará en Europa si no pasa nada raro. Parece mentira. Se ha profesionalizado todo muchísimo, desde los entrenamientos a los viajes. Antes parábamos en las áreas de servicio y teníamos que comprarnos nuestra propia comida, un bocata o lo que fuera. Ahora el club tiene su chef en el autocar y la comida es fenomenal. Son detalles que muestran los cambios que está viviendo el Swansea, y yo estoy orgulloso de haber formado parte de esta transformación y de ver a mi amigo Rangel y a gente con la que empezamos juntos en la League One triunfar en la Premier”.

En efecto, Àngel Rangel es, de los three amigos que llegaron en 2007, el único que sigue en el club. Y curiosamente es el que presentaba un currículum más discreto cuando aterrizó en Gales. Era un clásico del grupo III de Segunda B: Reus, Girona, Sant Andreu, Terrassa… Su impacto fue inmediato. Fue elegido mejor lateral derecho de la League One en su primera campaña, en la que el Swansea ascendió ganando una liga en la que competían históricos como el Nottingham Forest o el Leeds United. El fútbol asociativo que proponía el técnico español marcó diferencias en una categoría en la que imperaba el kick and rush. En opinión de Bussy, la clave estuvo en las contrataciones veraniegas, que no solo le permitieron a Bob llevar a la práctica el fútbol que tenía en mente, sino que definieron el estilo que aún hoy en día practica el equipo: “Con los jugadores que trajo Roberto se marcó el estilo. Luego llegó un técnico de una escuela diferente, como Paulo Sousa, pero no pudo cambiarlo. Era inviable. Es como si el Barcelona fichara a Capello pero manteniendo a los mismos jugadores: no creo que pudiera cambiar el estilo. En mi opinión, han sido los jugadores los que, una vez se han afianzado, han marcado el estilo. Y para mí dos jugadores como Dorus De Vries y Àngel Rangel son claves en esta liberación, porque hay que empezarla siempre desde atrás”.

Bussy fue el autor de los dos goles del ascenso en Gillingham y la afición lo bautizó como promotion hero. Roberto, viendo que su apuesta por el estilo español había salido bien, la dobló: en el verano previo al regreso a la segunda división 24 años después llegaron Jordi Gómez, Albert Serrán, Fede Bessone (los tres del Espanyol) y Gorka Pintado (Granada). El que tuvo más impacto fue Jordi, que en uno de sus primeros partidos decidió un derbi contra el Cardiff en la Copa de la Liga con un gol de falta. Tanto él como Jason Scotland, el goleador de Trinidad y Tobago que ya había destacado en la League One (y que marcó 45 goles en sus 90 partidos de liga con el Swansea) fueron elegidos por el resto de compañeros profesionales del fútbol inglés para integrar el once ideal del año de la League Championship. El Swansea, que acababa de ascender, había impresionado a Inglaterra. Se quedó cerca del play-off de ascenso a la Premier (le condenaron sus veinte empates), eliminó al vigente campeón de la FA Cup -el Portsmouth- en su propio estadio de Fratton Park y maravilló al mundillo del fútbol británico con una exhibición ante el Fulham de Roy Hodgson en el choque de la ronda siguiente, que fue televisado en abierto para todo el Reino Unido. Tuvo mala fortuna y solo empató, pero pronto aparecieron artículos que llamaban a Roberto Martínez the new Arsène Wenger. Cuando el Wigan Athletic se quedó sin entrenador el verano siguiente por la marcha de Steve Bruce al Sunderland, Bob recibió una oferta para entrenar en la Premier League. Fue una decisión difícil, porque debía elegir entre dos clubes a los que amaba. Entre dos clubes en los que había sido jugador y símbolo. Se fue a Wigan porque lo llamó Dave Whelan, el mismo presidente que lo había fichado en 1995 cuando, tras no haber podido consolidarse en el primer equipo del Zaragoza, acababa de regresar a su Balaguer natal y parecía destinado a tener una larga carrera en el grupo V de Tercera División. En Swansea algunos aficionados no entendieron su decisión, pero había ocurrido lo único que podía alejarlo de un proyecto que él sabía que era ganador: que llamara el Wigan. Así que en verano de 2009, dos años y cuatro meses después de su debut como entrenador, Roberto Martínez dejaba Swansea tras haber puesto las bases del equipo que hoy está tan cerca de ganar su primer gran título y de clasificarse por primera vez por competiciones europeas.

Archivo de noticias en la web de la BBC (en inglés):

El Swansea no renueva a su capitán Roberto Martínez
Jackett dimite como entrenador del Swansea
Roberto Martínez es nombrado entrenador del Swansea
Ficha del partido del debut de Roberto Martínez como entrenador del Swansea
El Swansea ficha a Bussy
El Swansea ficha a Rangel
El doblete de Bussy asciende al Swansea en Gillingham
Roberto Martínez deja el Swansea y ficha por el Wigan

En Planeta Axel:

El primer gran partido de Jordi Gómez en el Swansea
Artículo tras el Swansea-Cardiff de League Championship en 2008

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