De Bradford al cielo

El Bradford City representa la tradición, la memoria y la magia de este deporte. Antes sólo había jugado dos finales, y una era de una competición que sólo existió entre 1931 y 1939 y no era oficial, la ‘Third Division North Challenge Cup’. La otra final fue aquella de Copa de 1911, cuando logró ganar el título al derrotar por 1-0 al Newcastle United (existen estas imágenes de vídeo de la final). Entonces el Bradford era un club importante: jugaba en Primera y podía aspirar a metas como aquella. Después de empatar la final sin goles en el estadio del Crystal Palace, el Bradford ganó el título en un segundo partido en Old Trafford. Entonces todavía no existía el estadio de Wembley (la primera final en este estadio fue la famosa del caballo blanco de 1923) y la final de la Copa se solía jugar en diferentes estadios, aunque el del Crystal Palace y Old Trafford eran algunos de los escenarios más repetidos.

Las historias sobre esa generación de jugadores que ganaron la Copa del 1911 se han transmitido de abuelos a nietos, de padres a hijos. La copa se conserva en el museo del club dentro del estadio y casi todos los hinchas del club se han sacado una foto delante en algún momento. Cuatro generaciones de aficionados han tocado ese trozo de metal, transmitiendo un legado basado en los relatos de un pasado glorioso que calentaba las frías noches de un presente gris. Sobre esa final, esos jugadores y ese Bradford de 1911 se han escrito más de diez libros, pero los hinchas que vieron jugar a esos chicos vestidos de rojo y amarillo fallecieron poco a poco, contando antes sus memorias mientras el Bradford se hundía en el lodo de las categorías inferiores, sufriendo todos los males que azotaron al fútbol británico y la ciudad, como las deudas o el hooliganismo. Bradford fue noticia por el terrible incendio del estadio Valley Parade en 1985, cuando 56 personas perdieron la vida después de que el fuego destrozara una tribuna el día que se celebraba el ascenso a Tercera. El equipo perdió peso durante los mismos años en que las fábricas de esta ciudad clave en la Revolución industrial cerraban, llenando las colas en las oficinas del paro. Sólo un empresario que no era de la ciudad levantó la moral de la afición. Geoggrey Richmond compró el club con un proyecto ambicioso llevando el equipo por primera vez a Wembley en 1996 para jugar una promoción de ascenso a segunda contra el Notts County. Con Paul Jewell de técnico, el Bradford logró subir a primera por primera vez en 77 años, con la famosa permanencia de la temporada 1999/2000 cuando el equipo evitó el descenso gracias a una victoria sobre el Liverpool en la última jornada. El Bradford incluso jugó la Copa Intertoto, competición donde sería eliminado por el Zenit ruso el día en el que Arshavin debutó con este equipo. Pero el Bradford bajó, Richmond se largó y las deudas ahogaron de nuevo al equipo mientras los periódicos miraban hacia Bradford por los terribles incidentes de tintes racistas de inicios de los 90. Bradford quedó dividida, con el islamismo ganando adeptos entre parte de sus habitantes, como los que quemaron libros de Salman Rushdie por los calles de la ciudad, y otros vecinos sumándose a movimientos de extrema derecha que consiguieron más del 20% de los votos en su momento. Y de repente, el equipo que en su momento era el gran rival regional del Leeds permite que se hable de nuevo de Bradford. Y por fin, por una noticia positiva, esta final de la Copa de la Liga.

El peregrinaje a Wembley de los hinchas del Bradford será la gasolina que moverá el motor del club las próximas temporadas. Los relatos en color que se unirán a esos en blanco y negro del 1911. De repente, la hinchada de este club tendrá sus recuerdos en primera persona. Un premio para unos aficionados que han cuidado el pasado con cariño, con actos de amor maravillosos. Cada año el Bradford ha organizado cenas en memoria de aquel éxito donde se invita a los descendientes de los jugadores. Y en 2011, cuando se cumplió el centenario de la final, los actos se multiplicaron y muchos aficionados organizaron viajes para llevar flores a las tumbas de todos los jugadores que ganaron la Copa. La historia de aquella generación de jóvenes, sin embargo, es trágica. La mayor parte de las tumbas no están en Bradford. Ni siquiera en el Reino Unido.

Los héroes de 1911 vestían de marrón tres años después. En 1914 empezó la Primera Guerra Mundial y la mayor parte de esos jugadores fueron reclutados o se alistaron. Más de la mitad de los futbolistas del Bradford terminaron en un regimiento formado por jóvenes de la zona, y muchos perdieron la vida cerca de la ciudad de Hébuterne, donde hay una placa para recordar sus nombres. Cerca de Hébuterne los generales británicos mandaron a sus soldados contra las trincheras alemanas una y otra vez. Los apellidos en las tumbas se repiten. Hermanos, primos y tíos fallecieron en el mismo campo de batalla. Al lado de jugadores que ganaron esa final de 1911, fueron enterrados hinchas que celebraron la victoria. En 2011 los aficionados del Bradford visitaron diferentes poblaciones de Bélgica y Francia para encontrar las tumbas de todos los jugadores del club que perdieron la vida en el frente. En Ypres, escenario de algunas de las batallas más crueles de la guerra, dejaron flores en la tumba de Jimmy Speirs, el autor del gol del triunfo en Old Trafford. Speirs, capitán del Bradford e internacional escocés, perdió la vida con 31 años durante la famosa batalla de Passchendaele del 20 de agosto de 1917. Speirs era uno de los mejores jugadores del mundo en esa época, y de él se han escrito libros. Incluso sus familiares mantienen activa una web en su memoria.

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En los campos de batalla del norte de Francia y sur de Bélgica fallecieron más de 100 futbolistas británicos. Algunos clubes perdieron a casi toda su plantilla, como el Hearts escocés o el Bradford. El rival de la final de 1911, el Newcastle, también sufrió muchas bajas. Pero el Newcastle se levantó y vivió grandes epopeyas deportivas después de la guerra. El Bradford ha esperado más de 100 años para volver a una final.

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