Ir a Wembley

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El autobús arrancó a las 6:30am en punto y Sam, al que acabo de bautizar así porque no sé cómo se llama, abría su primera lata de cerveza a modo de desayuno. El trayecto entre Manchester y Londres dura entre cuatro y cinco horas y hay que salir en estos horarios de madrugada si quieres llegar al inicio del partido, en este caso la final de la Capital One Cup. Había planeado dormir, al menos, la mitad del viaje para compensar las horas de sueño. Pronto supe que iba a ser imposible. El momento que define tu suerte en un viaje de autobús, como tener la estrella de la inmunidad en el Mario Bros, es cuando compruebas quién se sienta a tu lado. Sam era la maldita concha roja: daba, daba y daba sin fallar pero te dejaba vivo para seguir dándote después. Mi nuevo enemigo era hincha del Manchester City como podía deducirse de su bufanda celeste y encima no había venido solo. Los dos asientos de detrás y los dos de delante estaban ocupados por sus amigos. Fenomenal.

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– “Oye, tío, ¿quieres una cerveza? Toma“, se me presentó. La decliné amablemente con mi bollo de chocolate todavía a medio camino del estómago.

A la hora y pico había una parada. “15 minutos de descanso“, dijo el conductor. Sam cogió su tercera lata para ese break en una gasolinera de la autopista y volvió revitalizado. Ya no había nada que hacer, la locura se había desatado. Sam iba feliz y comenzó el festival, al que poco a poco se empezaron a unir pasajeros del viaje. Sam llevaba la voz cantante, en el sentido literal de la expresión: “Sheikh Mansour went to Spain in a Lamborghini, brought us back our manager Manuel Pellegrini“. Sus amigos sacaron patatas para el aperitivo. “Os cambio una bolsa por un chupito”, se agachó al suelo y sacó de su mochila una botella de vodka. Abrió otra lata de cerveza. Tenía una caja de diez para no aburrirse en el autobús y explicó que trabajaba el lunes, que su autobús de vuelta salía a las 9pm de Londres y que bebería aún más después del partido. “You’re getting sacked in the morning!, le cantaron sus amigos. Y seguía la fiesta. “Ohhhh Pablo Zabaleta, he is the fucking man…“.

– “Eh, amigo, ¿quieres una cerveza?“, insistió, probablemente porque no recordaba que ya la había ofrecido. “Sólo me quedan tres“. Volví a rechazar. “¿Y de esto quieres?“, mostrándome una bolsita pequeña a la que también dije que no. Todo para él.

Sam se sabía todas las canciones. De Pellegrini y Zabaleta pasamos a Kompany, luego a Yaya, a Hart, a Fernandinho, a Jovetic y algunos clásicos como Robinho y Mancini. Le llamaron por teléfono: “¿Y quién cojones será ahora?“, gritó. “¡Hola! Llevo siete latas de cerveza y para ser sincero voy poco sobrio“, le explicó a quien quiera que estuviese al otro lado. Sam estaba bebiéndose la copa antes de ganarla, por si acaso. Sam, como dice una canción de Sam Riggs, no paraba de tragar porque tenía un sueño que beberse. Su gran aportación colectiva fue que, en un arrebato de liderazgo, bajó al piso inferior a preguntarle al conductor que si era tan amable de pasar por Wembley antes de ir a nuestro destino, Victoria Station, ya que más de la mitad de los viajeros iban al estadio. Sam subió las escaleras con los brazos en alto y gritando que nos íbamos a Wembley: lo había conseguido, nos ahorrábamos el metro y de regalo organizó una colecta voluntaria para premiar el detalle de nuestro conductor.

Bajamos del autobús cerca del campo y me puse el abrigo. Cuando quise decirle adiós a mi enemigo lo vi detrás de un coche sentado en la calle y echando el hígado por la boca, terrenal, segundos después de ir levitando, volviendo a ser persona. No le dije nada. Me fui. Supongo que el lunes irá a trabajar y seguro que lo gozó con el empalme de Nasri.

¿Quién soy yo para decirle cómo vivir la final de su equipo?

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9 comments

La última vez que estuve en Wembley fue para ver el amistoso Inglaterra – España de hace un par de años y me alojé en el Ibis Wembley. Habitación en la planta 12 y vista al estadio, no pude pedir más. Una gozada poder ir y volver andando al partido desde el hotel, porqué Wembley queda lejos del centro.

Bueno, supongo que hay formas y formas de vivir un partido de tu equipo y el fútbol en general. Buen artículo, Álvaro.

Qué grande Álvaro!!!

Consigue el teléfono de Sam para la final de la "FA CUP" y unete a la fiesta desde el principio.

El artículo no tendrá desperdicio.

El detalle de Sam de recaudar dinero para el chofer de 10. Algunos borrachos son muchos más lucidos que sobrios.

Muy bueno, imagino que reirías mucho cuando cantaban, hay que tener nivel para entender algo con lo sobrios que iban

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