La “Dad’s Army”, la apuesta Rodney Marsh y el gol de Wetherall

Para los aficionados al fútbol nacidos en la década de los noventa, probablemente el Bradford City sea solo uno más de los equipos modestos ingleses que, de vez en cuando, desafían la lógica y acaban escribiendo hazañas en las competiciones coperas. Para los más veteranos, su nombre se asociará siempre a la tragedia: al incendio que destrozó la tribuna principal de Valley Parade en 1985 y costó la vida a más de cincuenta espectadores. No creo que quede nadie que recuerde haber visto la final de la FA Cup de 1911, la que el Bradford ganó ante el Newcastle. Para mí, el Bradford es aquel equipo que se rebeló contra las burlas y los desprecios y consiguió una agónica permanencia en la Premier en el año 2000.

Era verano de 1999, yo tenía dieciséis años y la Premier representaba el mayor entretenimiento de mi adolescencia. Me hacía sus clasificaciones manualmente, en documentos de Excel. Un momento muy especial, cada temporada, era aquel que llegaba cuando se confirmaba la identidad de los veinte participantes de la siguiente edición. Justo la misma noche en la que se había disputado la final del play-off, rellenaba la clasificación de la jornada 0. Todos empatados a puntos, ordenados por su posición en la liga que acababa de finalizar. Aquel año habían ascendido dos equipos de los que no había oído hablar jamás. El Watford y el Bradford. Me costó algún tiempo distinguirlos: los nombres se parecían mucho y encima sus combinaciones de colores también. Luego supe que Watford quedaba al norte de Londres y que Elton John era su presidente honorífico: ese Elton John al que había escuchado de niño porque uno de sus álbumes fue uno de los primeros CD’s que entraron en mi casa. Del Bradford nadie decía nada. Bueno, sí: que bajaría.

Paul Jewell, el técnico del milagroso ascenso a la Premier 77 años después de la última experiencia en la máxima categoría, gastó el poco dinero del que el club disponía contratando a futbolistas muy veteranos. Eso hizo que en la prensa se empezara a hablar del Bradford como de la “Dad’s army” (ejército de los papás). El término, muy despectivo, hacía referencia a una serie humorística que tuvo éxito en Inglaterra en los años sesenta y setenta y que mostraba a señores mayores que se habían alistado voluntariamente en el ejército. Tras un inicio de temporada muy flojo, el comentarista de Sky Sports Rodney Marsh -ex jugador del Queens Park Rangers- afirmó con rotundidad que el Bradford no tenía ninguna opción de salvarse. Para demostrar que estaba convencido de ello, prometió afeitarse la cabeza al completo si los bantams lograban la salvación.

Gracias a una segunda vuelta muy positiva, el Bradford llegó a la última jornada con opciones de lograr la permanencia. Debía ganar al Liverpool, que se estaba jugando entrar en la Champions League con el Leeds United -aquel Leeds United que la temporada siguiente llegaría a semifinales de la máxima competición europea-, y esperar un tropiezo del Wimbledon ante el Southampton. The Valley Parade se llenó y el ambiente de fútbol que se generó allí esa soleada tarde de mayo sigue siendo uno de los más recordados en las dos décadas de vida de la Premier League. El rival estaba repleto de nombres ilustres -o que lo acabarían siendo-: Carragher, Gerrard, Owen… El Bradford se adelantó pronto con un gol de cabeza de David Wetherall, un central que jugó todos los minutos de los 38 partidos de liga aquella temporada. El conjunto de Jewell resistió luego el resto del partido mientras la hinchada cantaba los goles del Southampton y mandaba mensajes de despedida al Wimbledon, que jamás regresaría a la élite. Unos días después, Rodney Marsh se afeitó la cabeza en el círculo central de Valley Parade ante las cámaras de televisión y un público eufórico en las gradas.

De aquel partido del 2000 se siguen escribiendo artículos, aunque lo mejor esrescatar los de la prensa local de la época para poder leer cómo reaccionaron los hinchas ante esa permanencia inesperada. David Wetherall declaró antes de la semifinal de la Capital One Cup de este año contra el Aston Villa -la que supuso el billete a Wembley- que una victoria en esa eliminatoria superaría la hazaña del triunfo ante el Liverpool y le arrebataría el título honorífico de éxito más recordado del Bradford City en la era moderna.

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