Leyendas y despedidas

Mi último día en Swansea ha sido de largo el más especial de todos. He tenido una extraña sensación de soledad, como si hubiera perdido un tren que llevaba a toda la prensa a la siguiente estación y yo me hubiera quedado anclado en Swansea.

Ayer fue el día de la prensa y es cierto que había muchos medios de bastantes países en los alrededores y en las salas del Liberty Stadium.  Hoy el equipo entrenaba, así que decidí ir justo a la parte final de la sesión. Estuve esperando un rato en la sala de trabajo, bonita y práctica para los periodistas y que ayer estaba a reventar de gente. Hoy estaba solamente yo.

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Así que emprendí el camino contrario al que seguían los jugadores y mientras ellos volvían del campo de entrenamiento yo iba hacia él con dos misiones en la cabeza: hablar con Leon Britton y con la leyenda swan y miembro del staff de Laudrup, Alan Curtis. Saludé por el camino a todos los jugadores españoles y el cuarto en aparecer fue Britton. Y allí, prácticamente solos en un parking gigantesco que separa la ciudad deportiva del estadio y sufriendo un frío que paralizaba las palabras, entrevisté al medio centro inglés.

No sabría decir cuántas veces he escuchado hablar a Axel Torres de Leon Britton, pero sí sé que cada vez que lo hace le cuesta contener la emoción. Supuse que si existiera la justicia poética habría sido el mayor de los Torres Xirau el que compartiera esos minutos de frío y soledad con Britton. Al acabar la entrevista volví hacia las oficinas, pero de camino me fijé en un zona abierta del estadio desde donde se ven las gradas. Lo imaginé lleno.

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Gracias a la colaboración de Oscar García (le debo ya unas cuantas cenas) conseguí que bajara a verme Alan Curtis, leyenda de un club en el que jugó en tres etapas diferentes. Al igual que Michael Laudrup, el ex futbolista galés también cambió su equipo por el máximo rival en su época de jugador: dejó el Swansea para jugar en el Cardiff City. La leyenda swan reconoce que algún aficionado hoy en día aún lo ve como un traidor.

Después de hablar largo y tendido con Curtis, nos levantamos, me dio la mano y yo le deseé suerte. Y por si tenía dudas de que era un absoluto caballero británico, se ofreció personalmente para hacerme un café. Alucinante.

Escucha aquí la entrevista a Alan Curtis

Entrevista Alan Curtis

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