Mignolet, Allen y Flanagan

Goalkeeper Simon Mignolet of Liverpool  celebrates their win after the FA Cup match at Selhurst Park, London
Picture by Alan Stanford/Focus Images Ltd +44 7915 056117
14/02/2015

Mignolet

No lo tiene nada fácil Simon Mignolet para arreglar su relación con la hinchada de Anfield. Llevar al Liverpool a una final de la Capital One Cup, después de haber parado dos penaltis en la tanda decisiva, tampoco es una mala forma de hacerlo, pero el caso del belga nos conduce ligeramente al pasado. Mignolet es el profesor que te caía bien pero te suspendía, el que un día te regalaba un elogio y después ponía un examen sorpresa. La defensa del Liverpool, además, es la típica que tira sillas en los cambios de clase. La felicidad pasa rápido y con él de portero pasa poco, o de forma muy poco regular en los últimos meses, hasta que finalmente se olvida. A los aficionados, de tanto ver la felicidad en los porteros ajenos, se les ha puesto en la cara un color verde envidioso que ya no lo pueden ocultar. Mientras Cech, Butland, De Gea o Hart dan puntos, Mignolet los va restando. El club le obsequió con 5 años más de contrato, hasta 2021, en honor a las pulsaciones por minuto de la grada en cada córner. Suele decirse que un buen portero garantiza entre 10 y 15 puntos por temporada. Puntos no, pero Mignolet puede poner a su favor un billete para Wembley.

Abrazo de amor (Foto: Focus Images Ltd)
Abrazo de amor (Foto: Focus Images Ltd)

Allen

Antes Joe Allen no se parecía a Pirlo. Quiero decir que no se parecía físicamente, ni siquiera se entra en una comparación que tenga que ver con el fútbol. Tenía una cara de niño que sugería una falta voluntaria a clase como lo más malvado que había hecho en su vida. Llegó al Liverpool porque Brendan Rodgers lo había entrenado previamente y pensó que en Anfield podía construir un imperio que empezase por sus pies. Tres años y medio más tarde, Allen sigue en la plantilla con el mismo rol que por entonces: ni imprescindible, ni olvidado. Sale a veces, con cierta regularidad, y alterna partidos muy buenos que pasan desapercibidos con otros en los que ni se le ve. Todo cambió hace unos meses. Y ya no se le mira igual: se ha dejado barba y un intento de melena. Por su posición y por sus rasgos, Allen ha mutado en una versión de Pirlo de marca blanca. Welsh Pirlo, le llaman los hinchas emocionados, como si pronunciando el nombre del italiano se fuese a presentar con veinticinco años en Liverpool para jugar de mediocentro. El Swansea quiere volver a fichar a Allen y se ha publicado que en verano harán una oferta. La titularidad no la tiene garantizada nunca, pero es como si la barba le hubiese puesto una estrella en la cabeza, aún no en el pecho. Contra el Stoke salió al final del tiempo reglamentario y jugó la prórroga entera como pivote, su puesto ideal, abría a la banda con seguridad, corría con el balón imponiendo respeto ante los rivales, y marcó el último penalti de la tanda.

El Joe Allen del pasado (foto: Focus Images Ltd)
El Joe Allen del pasado (foto: Focus Images Ltd)

Flanagan

No lo recoge así su biografía, y se puede discutir editarlo en el futuro, pero Jon Flanagan es un milagro de Luis Suárez. Lo que el uruguayo hizo en la temporada 2013/14 fue para no olvidarlo nunca, como un álbum de fotos que se abre cada seis meses para recordar lo feliz que se fue en el pasado. Que Flanagan pareciese el mejor lateral casi de toda la competición era algo que no se podía explicar de forma tranquila, queriendo convencer, sino que todo radicaba en la impresionante racha del Liverpool a lomos de un jugador que se salió de la órbita de lo habitual. Flanagan, como todos sus compañeros, fueron imparables porque tenían al mejor. Los atributos físicos y técnicos de los reds estaban editados por Dios. Después llegó la eterna lesión: 18 meses sin jugar. Hace unos días, volvió a salir varios minutos con una ovación del público. Ante el Stoke le tocó ser titular, dio las patadas de rigor, porque igual una pelota en un reto de habilidad no, pero personas del suelo sí que levanta, y Klopp lo tuvo que sustituir cuando tenía amarilla y le encaraba Shaqiri. Flanagan, nacido en Liverpool y más rojo que el ketchup, termina contrato en verano. El club le amplió una temporada para que no se recuperase de su lesión sin unos recursos médicos que le ayudasen. Con 23 años, en estos cinco meses se juega su futuro.

Aquel empalme de Flanagan (marzo 2014): “El gol de Flanagan fue el que sentenció el resultado. Le vino un balón desde la banda derecha, él llegó al área para rematar y le dio tan bien a la pelota que el empalme se le reprodujo en su cuerpo”.

Celebrando su regreso (Foto: Focus Images Ltd)
Celebrando su regreso (Foto: Focus Images Ltd)
Foto de portada: Focus Images Ltd

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