Se cumplió el guión

Antes del pitido inicial en Wembley se planteaba sobre el papel un guion de partido basado en las diferencias estilísticas y de nivel y categoría de los dos equipos. Ese guion presuponía que la posesión y la iniciativa sería del equipo mayor en la actualidad, el Swansea City, que buscaba en esta Final poner un trofeo en sus vitrinas que simbolizase su mayor éxito desde la renovación del equipo iniciada por Roberto Martínez en 2007. Su humilde rival, el Bradford City, intentaría obtener beneficios del juego directo, del balón parado y del buen repliegue defensivo. Todo esto no varió ni un ápice después del inicio del choque. Lo que no coincidió fue la predicción de los onces, principalmente por parte del Swansea. Conocida la baja de Chico Flores, Michael Laudrup sorprendió colocando en el eje de la zaga al mediocentro surcoreano Ki Sung-Yueng, quien no ha tenido buenas actuaciones esta temporada en los minutos que ha tenido que jugar en esa demarcación. Parkinson no varió el 4-4-2 con el que ha jugado el Bradford durante todo el torneo y sacó en él a sus mejores hombres, entre los que se encontraba Garry Thompson como extremo derecho, suplente en la vuelta de Semifinales ante el Aston Villa.

Sobre la pizarra Laudrup parecía haber dibujado un 4-4-1-1 en el que Pablo Hernández estaba colocado de segundo punta por detrás de Michu, el ‘9’. Sin embargo, durante todo el partido iba a ir alternando ese dibujo con un 4-2-3-1 cuya línea de mediapuntas estaría compuesta por el propio Pablo y Routledge caídos a las bandas y Nathan Dyer de enganche. Esta sorprendente distribución es la que se vio en los primeros compases de una Final en la cual el cuadro swan monopolizó la posesión desde el inicio. La pretensión de los de Laudrup de salir de campo propio con la pelota jugada no fue fácil de conseguir al comienzo por culpa de una ligera presión adelantada del Bradford City. Sin embargo, los paraders la llevaban a cabo de forma poco organizada, y Leon Britton solucionó ese problema bajando a recibir pese a alejarse unos metros de su compañero en el doble pivote, Jonathan de Guzmán.

Tan pronto como se resolvió este problema, o dicho de otra forma, tras los primeros minutos de partido, el Swansea City pasó a controlar todas las facetas del juego. Tenía opción de salir por el centro y por las bandas. Las primeras jugadas estuvieron orientadas hacia Wayne Routledge, ubicado en la banda derecha que controlaba el desafortunado lateral australiano Curtis Good. Forzaron mucho al extremo izquierdo del Bradford, Atkinson, quien no tenía tiempo para poder dar continuidad a los escasos contragolpes de su equipo por estar tan retrasado. Después se activaron todos los hombres de tres cuartos y el “delantero” Michu. La movilidad de estos cuatro hombres causó serios daños en la zaga bantam.

El Bradford City hacía llegar el balón a sus extremos para que colgasen centros o aplicaba directamente juego directo. Cuando intentaba lo primero, su doble pivote se adelantaba unos metros para intentar recibir. Esa circunstancia fue aprovechada por el Swansea City en la jugada de un 0-1 (’17), un contragolpe liderado por Routledge. Michu, desmarcado en la izquierda, participó en la jugada dándole el último pase antes del gol a Dyer. Tras poco más de un cuarto de hora, la Final estaba muy cuesta arriba para el Bradford.

Tras este gol llegó la calma a la escuadra que dirige Laudrup. Cambió de esquema al 4-4-1-1 con Pablo en el centro e intentó asociarse en el espacio entre el doble pivote Jones-Doyle y la defensa bantam. Gracias a otro gran desmarque de Michu en el costado izquierdo, Pablo Hernández encontró una línea de pase. A pesar de que dos zagueros del Bradford estaban pendientes del asturiano y algún efectivo más de tapar, esa conexión trajo el 0-2 al borde del descanso (’41).

El Bradford City no reaccionó. Estaba absolutamente colapsado. Tanto que en el comienzo del segundo tiempo (’47), Dyer, destacado en el partido por su precisión con balón y su velocidad con y sin él, puso un centro desde la derecha que dejó pasar inteligentemente Michu para que Routledge hiciese la pared con un Nathan Dyer que no se detuvo tras el pase y que estaba en posición ventajosa delante de Matt Duke. Era el 0-3, y la sensación generalizada es que se podía dar una goleada amplia en la Final.

Durante la segunda mitad, con el partido controlado por el Swansea y con demasiado tiempo por delante como para reducir la intensidad, De Guzmán empezó a aparecer en ataque llegando desde segunda línea y distribuyendo balones a los cuatro hombres más adelantados del equipo. Su presencia se notó por primera vez en la jugada del cuarto gol (’58), en la que se quedó solo delante de Duke y este le hace penalti. Matt Duke, que había sido fundamental en absolutamente todas las eliminatorias del Bradford City en su camino hacia Wembley –especialmente en la ida de Semifinales–, era expulsado en el día grande. Parkinson prescindió del delantero de Bermudas Nahki Wells para dar entrada al portero suplente, McLaughlan. Colocaba sobre el campo un 4-4-1 compuesto por jugadores dañados en el apartado anímico al ver cómo no habían tenido ninguna opción; siquiera a balón parado, mecanismo que les había permitido superar a Arsenal y Aston Villa.

El penalti fue lanzado por De Guzmán, el jugador que lo sufrió, tras pelearse con Nathan Dyer, quien quería lanzarlo para conseguir el hat-trick. Sus compañeros (Michu con especial efusividad) y el árbitro tuvieron que frenarlos para que no se convirtiese en un incidente serio. Llegaba el 0-4 y se acababa virtualmente el partido. Los hombres de Laudrup dominaron hasta el tramo final del segundo tiempo manteniéndose el guion inicial: llegadas mediante la asociación sin permitir que el Bradford robase y tuviese opciones. El exosasunista Lamah tuvo unos minutos al final para dar descanso a Nathan Dyer, pero tácticamente Laudrup no cambió nada con respecto a la alternancia 4-4-1-1/4-2-3-1 puesto que todo le funcionaba. En el último tramo del segundo tiempo, de forma inercial, el Swansea City se dejó ir y cedió el balón y la iniciativa a un Bradford City al que apenas le quedaba tiempo para recortar diferencias. Fue en ese tramo cuando los bantams tuvieron su única ocasión clara del partido: un disparo de Gary Jones desde fuera del área tras un córner, fácil para Tremmel.

Para decorar el tanteador y dejar constancia de que la banda más fuerte en ataque del Swansea en todo el partido fue la derecha, Rangel generó una última ocasión de peligro tras pase de Britton que acabó con su propia asistencia a Jonathan de Guzmán, quien marcaba el 0-5 a placer ante McLauglan. Quedaban no más de 100 segundos del descuento (‘90+1).

Con una Final muy plácida, el Swansea City de Michael Laudrup pero con esencia de Roberto Martínez, Paulo Sousa, Brendan Rodgers y los jugadores que dieron forma al equipo actual en el periodo 2007-2013, conseguía alzar al cielo de Londres una Capital One Cup que tiene como premio adicional una plaza para la próxima UEFA Europa League y que simboliza su evolución y progreso. Supone el cierre de un círculo que se empezó a dibujar hace seis años con la recomendación de Roberto Martínez a la directiva galesa por parte de John Benjamin Toshack y cuyo futuro ahora se encara con ambición después de haber subido el listón de esta forma. El Bradford City puede estar orgulloso de su temporada copera. Su pasado ha sido recordado y su presente ha sido conocido por el mundo por llegar hasta aquí tras grandes partidos basados en la optimización de sus escasos recursos. Puede sentirse orgulloso de haber llenado medio Wembley con sus aficionados, quienes seguían cantando y agitando sus banderas fuese cual fuese el marcador. Puede pensar que esto es un punto de inflexión y que a partir de ahora deben prevalecer las buenas actuaciones en la League Two para ascender peldaño a peldaño y regresar a una Premier League que hace no tanto que jugaron. Su futuro es una incógnita, pero siempre serán recordados, no solo por su FA Cup y su tragedia, sino también por haber llegado hasta aquí.

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