Córcega

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A Córcega fuimos para coger un tren. Esta historia la he contado muchas veces, pero siempre hay que pensar que igual hay alguien nuevo leyendo. En mi post-adolescencia, los trenes eran mi mayor pasión no relacionada con el fútbol, y una vez leí en una web de aficionados a las redes ferroviarias que “ningún amante del viaje en tren puede dejar de hacer al menos una vez en su vida el recorrido entre Ajaccio y Bastia”.

– Pinti, coge la maleta, nos vamos a Córcega mañana.

– ¿Cómo? -me dijo mi amigo asombrado.

– No tengo plan para estas vacaciones y quiero coger una vez en mi vida al menos el tren Bastia-Ajaccio. ¿Me acompañas?

– Ufff…

– Te prometo que vas a ligar.

Obviamente no podía prometerle aquello, pero sabía que si se lo prometía vendría. Y también sabía que habría ligado en cualquier lugar del mundo.

En aquel verano me daban miedo los aviones, así que a Pinti le hice acompañarme en una odisea para nada cómoda: ir en autobús desde Barcelona hasta Toulon en un trayecto que nos llevó casi diez horas. Si buscáis en googlemaps os saldrá que ese recorrido se puede completar en menos tiempo, pero así son los viajes en líneas transnacionales de autobús: hacen largas paradas para descansar en áreas de servicio, se detienen en la frontera para inspecciones policiales (obligaron a bajar a un pasajero tras interrogarle durante veinte minutos en el interior del vehículo), llegan a Marsella y por alguna razón, aunque sean las doce de la noche, no reanudan el viaje hasta la una, quizá para que uno le pueda contar a sus nietos (?) que ha estado en la ciudad en la que nació Zizou (y Nasri, ojo).

A Toulon llegamos a eso de las 02:00 y la solución “establecerse en bares abiertos” (en bares normales) fue válida sólo durante unos minutos. Al menos, Pinti, con su encanto, logró que la propietaria del bar nos dejara guardar las maletas en el almacén. “Venid mañana a las siete a recogerlas. Estará la encargada del turno de mañana”.

La noche fue más o menos espantosa: entramos en una discoteca y nos fuimos porque hubo una pelea no sé por qué (“¡estás mirando a mi novia!”, “¡que no!”, algo así pero en francés) y acabamos matando el tiempo intentando observar por las rendijas el estadio del Toulon de rugby mientras amanecía. Así matamos el tiempo hasta que fueran las siete, horario teórico de apertura del bar en el que cenamos un bocadillo a las 02:00 la noche anterior. Nuestro barco a Ajaccio salía a las 08:00. Y claro, la señora no aparecía.

07:20. Ultranervioso.

Mecagoentodoqueporculpadetusganasdeiraladiscotecaaligarsinmochilavamosaperderelcondenadobarco.

Aparece la mujer, que no sabe nada del tema, y yo la abordo con precipitación, preso de la ansiedad. La mujer flipa, pero al final acaba comprobando que, en efecto, nuestras mochilas están en el almacén.

Carrera hacia el puerto. Llegamos a tiempo hasta para tomar café. Unas horas después, llegamos a Ajaccio y observé desde la cubierta del barco la ciudad tantas veces soñada. Fue una especie de porfinAmérica en versión mediterránea.

Entonces aún no sabíamos que en Córcega las comunicaciones eran tan difíciles. Que los trayectos que en el mapa parecen cortos se prolongan horas y horas porque el territorio está repleto de montañas y las carreteras hacen lo que pueden.

Carretera Córcega MI

 

Córcega Animal Carretera MI

O que a veces los animales tienen prioridad en ellas.

Córcega Animal MI

Pero al final acaba valiendo la pena.

Córcega playa MI

Lo problemático regresa cuando justo el día en tu vida en el que tienes planeado coger el tren entre Ajaccio y Bastia, la línea está averiada. “Bus sustitutorio”, anuncian. “A ver, señor, que me da igual, o sea, que yo no quiero ir de Ajaccio a Bastia. Entiéndame. Yo he venido PARA IR EN TREN DE AJACCIO A BASTIA”.

Cabreo. Malas caras. Pinti intentando consolarme. Claro, él ya había ligado. Él ya había logrado en Córcega su objetivo. Yo no.

De repente, una buena noticia. En mitad del trayecto, el servicio se restablece. Podremos hacer el último tramo. En la estación de Corte, subimos al tren que nos llevará a Bastia.

Estación Tren Córcega MI

Entonces me dispongo a disfrutar. Y sí, pasamos por tramos pintorescos, por puentes colgantes de otra época, sorteando montañas y valles. Y cuando llegamos a Bastia, aparece el estadio de Furiani.

Furiani Bastia MI

Bastia. Donde empezaron a destacar Michael Essien y Alexander Song. Bastia. Bastia y sus atardeceres.

Bastia Córcega

Un día desde Bastia decidimos coger el coche de alquiler y hacer una excursión. Y la carretera nos llevó a Ile Rousse.

La playa de Île-Rousse, con el pueblo al fondo (Foto: MarcadorInt).

Y me tomé un helado de plátano en el Café de los Plátanos en la plaza principal del pueblo.

Café de los Plátanos Ile Rousse

Entre hoy y mañana, dos equipos corsos, el CA Bastia y el Ile Rousse, disputan partidos de los octavos de final de la Coupe de France. La historia se acerca tanto a lo mitológico (tengamos en cuenta que los dos equipos corsos de Primera, el SC Bastia y el Ajaccio, están eliminados) que en MI hemos decidido cubrir un evento de esta magnitud como nos gusta cubrir las cosas. Mandando un reportero al lugar de los hechos.

A disfrutar.

¡Para no perderte ningún contenido de lo que vamos a hacer en Córcega, ya puedes descargarte la aplicación de MarcadorInt para iPhone y la versión premium de la App!

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7 comments

Enhorabuena por el artículo. No dice nada a la vez que dice suficiente para hacerlo bello e inspirador (más para el viaje que para el fútbol)

Un abrazo desde Köln

Jajajaja, me descojono tanto o más que en el día de la presentación de “11 ciudades” en Madrid, cuando Àxel contó la historia.

Habrá que estar atentos a estos partidos. La Copa de Francia mola.

Buena historia Axel, a modo de apunte por si no lo sabes, "platane" en francés no significa plátano, sino que es un tipo de árbol…

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