El motor de la Coupe de France

El Guingamp le ha ganado dos finales de Coupe al gran rival de la región, el Rennes. Foto: Marcadorint.

El Guingamp ha sido justo campeón de la Coupe de France de este año. Un equipo de Ligue 1 –de los 20 mejores del país- y con una Coupe ya en su palmarés podría ser candidato al título desde el inicio, sí. O al menos, pese a ser de una localidad de menos de 10.000 habitantes, más candidato que todos los clubes de categorías inferiores, que tienen el mismo derecho a participar en la copa nacional. Sin embargo no seré yo quien quite mérito alguno a un equipo que, lidiando con el descenso, consigue pasar todas las rondas, se deshace del multimillonario Mónaco en semis, se planta por segunda vez en una final contra el club más importante de su región y la vuelve a ganar. Pero sobre el Guingamp y su final bretona contra el Rennes ya hemos hablado en otro artículo.

Afición Rennes - Miki S. Gonzalo

Aficionados de Guingamp y Stade Rennais tomaron París el pasado sábado. Foto: Miki S. Gonzalo

Como aficionado a la Coupe, el sábado quise acercarme a Saint-Denis para vivir con los aficionados la esperanza y nerviosismo previos a la final y la tristeza –para unos- y alegría –para otros- después de la misma. Para llegar hasta allí, pero, ya viví durante la temporada muchas otras inolvidables experiencias con aficiones de toda Francia. Estuve en Croix y Lille en dieciseisavos, viendo cómo un pequeño pueblo de la aglomeración lilloise se medía al club de la capital regional sin poder superarlo. Allí hablé con el presidente de honor del Croix, con aficionados de ambos equipos, fui consciente de las repercusiones económicas que jugar contra un equipo de Ligue 1 implica para un club de categorías inferiores. El Croix bajó del tren hacia la final en aquella estación pero el LOSC siguió, un LOSC que fue apeado en cuartos por el Stade Rennais, finalista.

En octavos de final, billetes de avión en mano y hacia Córcega. El CA Bastia y el Île-Rousse, de Ligue 2 y CFA 2 respectivamente, seguían vivos en la competición. Ambos cayeron en la misma ronda, pero en Bastia vivimos toda una experiencia buscando las razones por las que casi no había aficionados del club, y en Ajaccio, donde jugaba el Île-Rousse, conocí a un montón de personas vinculadas a su club y las acompañé durante un día muy especial para ellos. Fue precisamente en Córcega donde vi al que al final sería campeón, al Guingamp, eliminar al pequeño Île-Rousse. En un partido con tanta diferencia de categorías no se puede apreciar realmente si el ganador aspira al título, pero aun así tuve el privilegio de ver un partido que la mayoría de sus aficionados tuvo que contentarse con ver por televisión.

Todos los artículos de Miki S. Gonzalo en su viaje a Córcega

En cuartos de final me enfrenté a la falta de transporte público hasta Gueugnon, un municipio de la Borgoña donde el Moulins del cuarto escalafón del fútbol francés se jugaba contra el Angers de Ligue 2 el pase a semis. Y de nuevo viví un gran partido y una gran dosis de ilusiones y esperanzas cruzadas, admiré a una afición capaz de desplazarse en masa para animar a su equipo y viví el drama para unos y alegría para otros del final. Como imagen de aquella eliminatoria me quedo con las lágrimas de la mascota del Moulins, con la cabeza del disfraz en las manos, después de una tanda de penaltis perdida que casi no había querido ver. Las semifinales las tuve que ver por internet, donde ya como un aficionado confeso de la Coupe me alegré por el pase de dos clubes bretones a la final.

Mascota MOulins

La decepción de la mascota del Moulins fue una de las imágenes de la Coupe. Foto: Miki S. Gonzalo

Con todas esas vivencias desde enero a la espalda tenía que ir a vivir el ambiente de la final. Me encontré casi tantas banderas bretonas como de ambos equipos. Los aledaños del estadio eran una fiesta, con stands, con gritos y bufandas y con una zona muy acostumbrada a vivir ese tipo de eventos. Al Stade de France la final bretona no le sorprendió. La capital y ciudad más grande del país no se llenó anormalmente de aficionados de Guingamp y Rennes, porque su dimensión engulle la magnitud de cualquier número de seguidores. La infraestructura ya está pensada para acoger final tras final sin sobresaltos, afición tras afición. Pero para los aficionados, pese a la final idéntica de 2009 entre los mismos clubes, llegar a Saint-Denis supone un año de lucha y de ilusiones para conseguirlo. Para el evento los equipos no suponían un reto; para los equipos estar a la altura del evento sí lo era. Sólo un dato: el sábado había viviendo la final en directo más aficionados del Guingamp que habitantes tiene el municipio.

Stade Rennais Rennes Guingamp - Miki S. Gonzalo

El Guingamp acabó con las ilusiones de los aficionados del Rennes. Foto: Miki S. Gonzalo

Al final del partido, vuelta a casa cabizbajos para unos y fuegos artificiales dentro del estadio para los otros. Y fuera de aquello, en la ‘vida real’, el peligro del descenso aún vigente para ambos en liga. Viendo a los aficionados de ambos clubes y hablando con ellos de sus estados de ánimo antes y después, la palabra clave para definir la Coupe de France me vino a la cabeza, aunque en realidad siempre había estado ahí. Las ilusiones truncadas del Rennes y las ilusiones cumplidas del Guingamp, sumadas a todas las demás que he vivido durante el transcurso del torneo, me dejaron claro que el motor de la Coupe es, más que cualquier otra cosa, ilusión.

Foto de portada: Miki S. Gonzalo

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