La lotería de los penaltis privó a Moulins de su semifinal

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En el imaginario galo, sobre todo en el de la capital, Francia se divide en dos: París y provincia. Mientras que en la “Ciudad de la Luz” hay dinamismo, cultura, y desde no hace mucho tiempo, hasta fútbol europeo de primera clase, el estereotipo de la provincia son vastas praderas aderezadas con pequeños pueblos y mucha tranquilidad. Cuando visitas Gueugnon, un municipio de menos de 8.000 habitantes en la región de Borgoña, tienes la impresión de que la mayoría de los clichés son justificados. No es un desierto, pero no hay ninguna estación de tren a menos de veinte kilómetros; no está vacío, pero no esperes encontrar nada abierto a partir de las nueve de la noche. Sin embargo, lo que sí tiene el pueblo es un estadio, un gran estadio, el Jean Laville, que con una capacidad de unos 14.000 espectadores contrasta y mucho con el resto del paisaje campestre.

La Association Sportive Moulins, de CFA -la 4ª División francesa-, eligió el Jean Laville para recibir al Angers en su partido de cuartos de final de Coupe de France. En efecto, se trataba de otro de esos partidos de David contra Goliat, solo que en esta ocasión el grande era un equipo no acostumbrado a serlo, militando en Ligue 2, la segunda división. Profesionales, sí, pero los jugadores del Angers tampoco están acostumbrados al éxito a escala nacional a pesar de las semifinales de Coupe que también alcanzaron en 2011. El partido era una oportunidad irrenunciable para ambos: un Angers que veía que para alcanzar las semifinales sólo tendría que deshacerse de un club amateur voluntarioso y un Moulins al que el hecho de no jugar contra un conjunto de Ligue 1 le ayudaba a creer que su sueño tampoco era descabellado. De cualquier forma iba a haber un equipo de la cuarta o de la segunda categoría en semis de Copa, después de disputar una eliminatoria en la que todos sabían que difícilmente volverían a tener la ocasión de llegar hasta allí en los años próximos.

El partido era atractivo. Sé que lo era, en parte, porque Nassim quiso venir conmigo. Trabajo para Marcador Internacional desde París, donde estoy estudiando, y la noche antes del partido fui a cenar a casa de unos amigos. Mientras reservaba hotel y me preocupaba por el transporte, porque hasta Gueugnon no es fácil llegar, conté lo que haría al día siguiente a mis compañeros. Nassim fue rápido: “Tío, si tienes que ir en coche al final porque no hay tren, voy contigo”. Tunecino de nacimiento y siendo un auténtico enfermo del balón, Nassim vive en Francia desde hace años, así que conoce bien el fútbol galo. Esa misma noche constaté que no podría ir en transporte público y que tendría que alquilar un vehículo, así que lo llamé. No puedo asegurarlo porque no le vi hacerlo, pero creo que saltó en su casa cuando le dije que iba en coche y que podía venir conmigo a Gueugnon. Su interés me sorprendió gratamente, así que le pregunté el porqué de su alegría: “Quería ir porque son cuartos de Coupe, y que fuera un cuarta contra un segunda me atrajo aún más. No llegas hasta ahí por suerte o por casualidad, algo tienen que tener ambos equipos”, me dijo. Nassim ha jugado en varios equipos regionales de las afueras de París, y me contó que “de alguna manera te ves reflejado, cuando un equipo pequeño llega hasta ahí. Hace creer que tu también podrías llegar con tu equipo”.

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Nassim y Jaime, que me acompañaron al viaje. El primero es un enfermo del fútbol francés que se quiso apuntar para ver el partido y el segundo me hizo el favorazo de venir y alquilar él el coche porque a mi no me dejaban. Foto: marcadorint

Con todo preparado para partir el martes por la mañana, problema grave: sólo alquilan vehículos a mayores de 21 años. El que escribe aún no los tiene, así que llamé a toda prisa a Jaime, el amigo con el que habíamos cenado la noche anterior, que tiene 21 años justos. Vino, nos hizo el gran favor de saltarse las clases de ese día y nos salvó. Así que sobre la hora de comer partimos los tres rumbo a la Borgoña, con sólo una habitación individual reservada en el hotel pero con la confianza de que el suelo sería muy cómodo. El fútbol justifica cualquier locura.

Nuestro hotel estaba a diez kilómetros del campo. El dato en sí puede ser insignificante, pero en este contexto quería decir mucho. Quería decir, exactamente, que todas las habitaciones de hotel en Gueugnon y en diez kilómetros alrededor estaban reservadas esa noche. Y recorriendo en coche esa distancia, más de una hora antes del partido, había una larga caravana intentando acceder al estadio. Esperamos pacientemente para sorprendernos al llegar y ver la cantidad de gente que se acumulaba a las puertas del Jean Laville. No eran cien mil personas, pero según los datos oficiales del club, el partido fue presenciado por casi 12.000 espectadores. La crifra deja un poco frío hasta que averiguas dos datos básicos. El primero, que el total de población de Moulins es de 20.000 personas, y el segundo, que el partido lo juegan como locales a unos 60 kilómetros de su ciudad. Mi amigo Jaime es más de números, así que fue él quien reparó en que era una barbaridad y me lo hizo saber. Nassim y él entraron conmigo al estadio y se tomaron en serio el cometido de ayudar. Boli, papel, cámara de fotos y atentos al partido.

Empezó el encuentro. A mi lado tenía un periodista de Eurosport y por el móvil me decían que estaban siguiendo el partido desde España gracias a un streaming comentado en mexicano. Sobre el terreno de juego, una plaza de semifinales de Coupe en disputa. El Moulins, que en dieciseisavos ya eliminó a un equipo de Ligue 1 como el Toulouse, no salió con miedo por más profesional que fuera el Angers, y sin embargo, los visitantes intentaron hacerse con el control de la pelota. Así se desarrolló el partido durante la primera media hora, con buen posicionamiento y posesión para unos y contras rápidas para los locales. Poco después de los treinta minutos, el angevino Yattara se revolvió después de un empujón y el árbitro lo interpretó como una agresión que dejaba al bando de los teóricos favoritos con un jugador menos. Si antes tampoco estaba demasiado desnivelado, a partir de la expulsión todo se equilibró aún más. Lo raro es que no se viera ningún gol en el primer tiempo, porque pese a acabar 0-0 fue de todo menos aburrido, y de hecho Lobo tuvo una oportunidad bastante clara para avanzar al Moulins antes del descanso.

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El estadio con uno de los fondos lleno y la expectación de otros medios. Foto: marcadorint

Durante la segunda mitad disfruté incluso más. Al buen juego -no sólo juego intenso o igualado, sino buen juego en términos de calidad- se le sumó el público, que abarrotando el estadio, coreaba a su equipo y hacía la ola. En líneas generales, el Angers dispuso de más oportunidades pero fue el Moulins quien tuvo las más claras, ahora sí, sacando partido a su hombre de más y a su estrategia de contraataque. Era tarde y martes laborable, pero no creo que a nadie le molestase quedarse media hora más a disfrutar de la prórroga forzada por el sorprendente empate sin goles en el tiempo reglamentario. Durante los treinta minutos adicionales sí hubo un gol, de Konaté para el Angers, pero en fuera de juego y por lo tanto no validado, y también una gran parada de Malicki que evitaba el tanto de Saline para los locales en un balón cruzado dentro del área.

En los penaltis, evidentemente, puede pasar cualquier cosa, pero en el Jean Laville se las prometían felices cuando el angevino Eudeline mandó el primer tiro a las nubes. Justo el siguiente también fue fallado, pero el Angers, a diferencia de la ASM, no fallaría ninguno más. Del final del partido me quedo con el abrazo de consuelo a la mascota del equipo, disfrazada pero sin la cabeza colocada, que ya estaba preparada por si había que bajar al campo a celebrar el pase y que sin embargo se tuvo que rehacer de la decepción y quitarse el disfraz. Con el Cannes también eliminado a manos del Guingamp al día siguiente, ya sólo quedan equipos del fútbol profesional en la Coupe de France 2013/2014. El Moulins no logró clasificarse para el paso previo a la final por la falta de acierto en los penaltis, pero además de llevar a 12.000 personas a un estadio a 60 kilómetros de su ciudad, es junto con el Cannes el club amateur que más lejos ha llegado de toda Francia en esta temporada. Y si sigue ofreciendo ese juego no tendrá problemas para salir victorioso, esta vez sí, de la pugna liguera en la que está inmerso por el ascenso a National, la tercera división gala.

Foto de portada: marcadorint

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