Croacia y Austria eliminadas en un desenlace previsible

Lukáš Haraslín, el jugador de la jornada. El mediapunta que lidera a Eslovaquia. Foto: Slovak Football Association / Roman Ferstl

El desenlace de esta Fase de Grupos de la Eurocopa sub 17 ha sido el previsible. El transcurso de las dos primeras jornadas había provocado que en esta última los dos primeros clasificados de cada grupo se enfrentasen entre sí en duelos en los que un empate valdría a ambos. Y así ha sido. La selección croata, favorita a priori para hacerse con la copa, cumplió sufriendo ante Ucrania, pero un empate con goles entre Rusia e Italia era condición suficiente para bloquear la clasificación a Semifinales de los balcánicos. Se tendrán que conformar con el billete al Mundial de Emiratos Árabes Unidos, al igual que Austria, cuya clasificación para Semifinales era mucho más difícil –valía cualquier empate entre Suecia y Eslovaquia para que ambas avanzasen ronda– y que se jugaba de igual a igual con Suiza el billete mundialista. Así pues, los Halilović, Roguljić, Zinchenko, Trachsel y Lazaro abandonan ya Eslovaquia.

El interés principal de la última jornada estaba en el grupo B, el más potente desde el inicio. Rusia e Italia se enfrentaban entre sí en Nitra empatadas a puntos y sin intención inicial de buscar el empate. Por otro lado, Ucrania debía ganarle a Croacia en Zlaté Moravce para conseguir ir al Mundial dejando a los ajedrezados con las manos vacías, y los exyugoslavos debían ganar y esperar que alguien ganase el otro duelo o hubiese un 0-0 para meterse en Semifinales. Daniele Zaratto no tenía disponible al alto delantero Cerri por sanción, y su solución fue mantener el 4-4-1-1 y adelantar al talentoso interista Federico Bonazzoli a la punta, con su suplente Luca Vido (AC Milan) justo por detrás. Pugliese y Palazzi seguían en el doble pivote y Tutino, tras desbordar ante Ucrania, repetía como extremo derecho. Rusia mantuvo, un partido más, el que involuntariamente parece ser ya su estilo, un juego de ataque posicional lento que se acelera de forma llamativa cuando la pelota está cerca del área rival. Los hombres de Dmitri Khomukha mantuvieron su dibujo, un 4-3-3, con el kazajo nacionalizado Zuev y Aleksandr Makarov en los volantes, Aleksei Gasilin (Zenit) en la punta ante la lesión de Mayrovich y el prometedor Aleksandr Golovin (CSKA Moskva) como uno de los dos interiores. A pesar de la ocasión inicial de Gasilin, Italia pretendió dominar en todo momento. El hecho de que dos segundos puntas ocupasen los puestos más adelantados le permitió a Italia asegurarse recepciones en prácticamente todas las zonas del campo contrario. Bonazzoli se descolgaba y siempre quedaba disponible en zonas cercanas pero distintas junto a Vido para recibir. Esta circunstancia fue un aliciente para Palazzi y los hombres de banda, que estuvieron activos en todo momento. Especialmente Tutino, que tras decepcionar el primer día en izquierda está cumpliendo con las expectativas iniciales en derecha.

Rusia no tiene mecanismos de salida de balón excesivamente llamativos. El mediocentro se acerca a los centrales y recibe. Por banda los laterales tampoco suben en exceso. Esto provoca que Rusia no sea un equipo especialmente brillante ni asociativo en los primeros instantes de la jugada, algo que a veces se contagia a toda ella. Pero cuando no ocurre esto, Rusia se acelera con el balón en transiciones de pocos pases (y todos verticales). Especialmente en campo rival y gracias a Golovin. Aprovecharon un error grave del central diestro Sciacca para adelantarse: el mencionado Golovin presionó, robó y asistió para que Gasilin marcase un gol cantado. 0-1 y, simultáneamente, Ucrania, que repitió la distribución atípica del día de Italia, se adelantó con gol del interior (pero con esta organización, delantero centro) Viktor Tsygankov. En Nitra se sintió una importante disminución de presión. Italia perdió el agarrotamiento que había adquirido poco después del gol ruso porque, perdiendo Croacia, estaban clasificados pese a perder. La liberalización les vino bien. Tutino empezó a agitar su banda y Vido y Bonazzoli empezaron a tener ocasiones claras con balones de Palazzi. Las tentativas rusas, escasas, eran defendidos con facilidad por, principalmente, Mario Pugliese (que volvió a parecerse al gran mediocentro del domingo) y Elio Capradossi (hasta el momento, el central de la copa).

Sobre la bocina, la Croacia de Gudelj, que había incluido a Robert Murić en un ultraofensivo once inicial sin doble pivote, empataba su partido con un gol de Alen Halilović de penalti. Croacia había generado muchas ocasiones, como prácticamente en todo el torneo, pero lo que le ha faltado siempre ha sido definirlas. En el segundo tiempo el panorama cambió radicalmente. Rusia dejó claro de forma descarada que no le interesaba seguir jugando. Hasta en 4 ocasiones su portero, Mitryushkin, y el central izquierdo, Khodzhaniyazov, se estuvieron pasando durante casi 2 minutos la pelota de forma continuada en “salida de balón”. Es cierto que Italia no presionaba, pero tampoco es que lo estuviese haciendo en el primer tiempo. La actitud de los rusos, que se ganaron la pitada de los aficionados eslovacos, fue especialmente decepcionante por lo claro y poco disimulado. Con esta deserción, Italia se hizo con la iniciativa casi sin quererlo, e intentó seguir generando peligro. Vittorio Parigini (Torino), que ya revolucionó el ataque exterior ante Ucrania, subió el ritmo del equipo entrando por Tibolla al descanso y desbordando mucho por la izquierda, y hubo alguna ocasión más en las botas de Vido. Pero el partido se acabó a diez minutos del final. Fue entonces cuando Croacia logró transformar alguna ocasión. Murić puso el 1-2 y a Italia le empezó a interesar la política de gestión del partido de Rusia. Tanto que no ocurrió absolutamente nada tras recibir esa noticia. El previsible empate se certificó, y Croacia, que venía con una generación de nivel dispuesta a ganar la copa, se tiene que conformar con el Mundial Sub 17 y gracias, puesto que tuvo que remontar su partido.

Lukáš Haraslín, el jugador de la jornada. El mediapunta que lidera a Eslovaquia. Foto: Slovak Football Association / Roman Ferstl

En el grupo A, por la tarde, la situación era previsible. Cualquier empate entre Suecia y Eslovaquia en Žilina les daba el pase a ambas a Semifinales, dos escuadras que debutaban en un Europeo de la categoría este año. El Austria-Suiza de Dubnica nad Váhom iba a ser una final por el billete a Emiratos Árabes Unidos entre dos equipos que no han disgustado y que han demostrado tener propuestas sólidas e incluso divertidas. La pragmática y vertical Suecia cambió de nuevo el esquema. Erdal Rakip, al que venimos mentando como volante derecho de  mucho sacrificio, pasó a jugar de ‘5’, esa demarcación tan poco definida para el míster Roland Larsson. El cambio, aparentemente, se debe a la máxima virtud de Rakip, el mencionado sacrificio. Andersson y Ssewankambo se colocaron de interiores (algo que echó de menos el canterano del Chelsea el miércoles) y tuvieron más llegada. Halvadzić volvía a la izquierda con la pretensión de desbordar como ante Suiza y Berisha, con una máscara tras su lesión en el tabique nasal, era el ‘9’ del nuevo 4-3-3. Ali Suljić, fichado recientemente por el Chelsea, al que veníamos mencionando como lateral derecho, pasó a la que teóricamente es su demarcación, la de central, ante la titularidad de los hermanos Ramhorn, uno en cada lateral. La Eslovaquia de Ladislav Pecko es un equipo organizado en 4-2-3-1 y que transmite mucha fe en su juego, algo que aparentemente ha sido inculcado por su técnico. Como en todo partido de esta Suecia, la iniciativa fue de su rival. Los anfitriones hicieron daño de forma constante con fases de ataque posicional bastante rápidas y bien llevadas por fuera gracias a Nikolas Špalek (FC Nitra) y, sobre todo, por dentro, con el mediapunta Lukáš Haraslín (Slovan Bratislava) –ayudado por el interior Filip Lesniak (Tottenham)–. Haraslín fue el encargado de transformar en fútbol esa fe. El capitán se desplazaba constantemente en vertical y horizontal con balón y sin él para la mejor recepción posible, girando al rival al hacerse con el cuero, buscando posiciones de remate donde no las hay por culpa del sistema defensivo sueco… Haraslín es un líder. Se siente como tal. Tira faltas y saca córneres, mete centros y busca el gol, sin perder de vista al punta referencia, el móvil Tomáš Vestenický (FC Nitra). Es uno de los descubrimientos de la copa, y es especialmente ilusionante que sea de la anfitriona, con la que no se contaba, que ha avanzado ronda no por tener buenos jugadores, sino por fe, ilusión y buen juego.

Halvadzić tuvo dos ocasiones claras, pero Suecia prefirió mantenerse atrás, conservadora, como a Larsson le gusta. Si había recuperaciones a buena altura, Andersson y Ssewankambo conducían y transitaban, y si no, balón largo y contragolpe. Han estado cómodos así todo el torneo, salvo en esta primera parte, donde dejaron de controlar las llegadas del rival. Durante el transcurso de los primeros 40 minutos, Austria se ponía 2-0 arriba ante una Suiza desesperada. El central Dominik Baumgartner remató un córner puesto por el talentoso interior Valentino Lazaro (Red Bull Salzburg) para el primer gol, y el cuestionado delantero Daniel Ripić (Red Bull Salzburg) aprovechó un resbalón de Eric Briner para el segundo. En la segunda mitad, Austria, Suecia y Eslovaquia se relajaron. Lukáš Haraslín bajó un peldaño el ritmo de partido y Eslovaquia lo acusó. Suecia, encima sabedora de que el resultado le era favorable, no se molestó en cambiar su directriz de juego y siguió con su particular estilo. Y Austria, con la ventaja de 2-0, llegó a pecar de exceso de confianza. Los centroeuropeos se vieron demasiado pronto en Emiratos Árabes Unidos y Suiza se vino arriba. Sin el sobresaliente Marco Trachsel (Grasshoppers) por sanción, Heinz Moser hizo cambios ofensivos que provocaron la acumulación de muchos hombres en cancha rival. El interior Robin Kamber marcó el 2-1 y tras ello, Austria se despertó y volvió a controlar el partido y a generar, pues colectivamente funciona a pesar de su ligera asimetría. Al final, como era de esperar, el empate entre eslovacos y suecos impidió que el ganador del duelo centroeuropeo accediese a Semifinales, pero al menos Austria, imponiéndose, va a jugar el Mundial.

Las Semifinales que se vienen aparentemente son opuestas. Equipos más asociativos en su ataque posicional y que se basan en su elaboración como Eslovaquia e Italia se van a enfrentar en el turno vespertino del martes. Mientras que Rusia, un equipo algo lento pero que funciona gracias a sus acelerones y su pegada, y Suecia, caracterizada por el juego directo, contragolpeador y pragmático, se enfrentarán por la noche del mismo día. Esta oposición demuestra que el éxito de un equipo, a cualquier edad y en cualquier circunstancia, no está asociado a un único estilo de juego. Se agradece el menú sea variado.

Grafismo: elaboración propia. Banderas: Radosław Rokita
Eslovaquia y Suecia, debutantes en Europeos, también debutarán en octubre en el Mundial de la categoría. Grafismo: elaboración propia. Banderas: Radosław Rokita

Related posts

Deja un comentario

*