El Siberiano

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Tiene toda la lógica del mundo que los colores del MSK Zilina sean el verde y el amarillo. Es el color de la bandera de la ciudad. Una urbe que desprende exactamente esos dos cromas por todas partes: mucho verde en forma de bosque y plantas, y bastante amarillo en paredes y edificios. Resulta que hasta los autobuses llevan los colores de la ciudad más importante de Eslovaquia en términos futbolísticos.

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Ya conocemos los finalistas del torneo. Italia y Rusia jugarán el viernes por el campeonato, y todo se decidió en una jornada de semifinales que dejó bastantes detalles y alguna que otra interioridad que os paso a relatar.

No se puede decir que el Pod Dubnom sea un estadio bonito por fuera. En realidad es horrendo. Al menos es la primera sensación que tuve cuando aparqué el coche justo enfrente. De color marrón claro, si no sabes lo que es en realidad dudo que aciertes que eso es un campo de fútbol, más bien parecen una serie de mini fábricas adosadas. Mientras lo observaba embobado, escuché gritos detrás mio. Un organizador hacía aspavientos con los brazos mientras me reclamaba que fuera a por mi acreditación o saliera con mi coche de allí. “Ok sir, take it easy”.

Estadio

Mi primer encuentro con los protagonistas del torneo fue más pronto de lo que imaginaba. Mientras recogía mi pase en el hotel donde se albergan los equipos, la “Azurra” sub -17 empezó a desfilar justo por delante de mí, camino del Pob Dubnom, que está a unos cien metros de distancia. “Para tener 17 años, son muy grandes “, pensé. Conocí a su jefe de prensa y salí justo detrás de ellos en la misma dirección: el de momento feo estadio.

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Pero al entrar todo cambió. Estamos hablando de un terreno de juego en el que hace un par de años se disputaba la Champions League, no podía ser tan decepcionante. Y no lo fue. Más que coqueto, es bonito. Bonito por los colores, por los arcos que forman las coberturas, por las aperturas en la zona del córner, por tener un marcador de los años setenta en un lado y una pantalla de última generación en el otro. Y sobre todo por la sensación de que estás en el escenario habitual de un fútbol totalmente diferente al que -al menos yo- vives en tu día a día.

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Lo único que me quedaba por conocer eran sus “entrañas”. Así que inspeccioné un poco por dentro. Antes de llegar a la sala de prensa me fijé en ese “megatermo” de agua caliente que suele haber en todos los países que sufren temperaturas extremadamente bajas durante el invierno. Luego, cuando cayó la noche, acabó siendo mi gran aliado para soportar la bajada de la temperatura. El termo y el Nescafé, obviamente.

La sala de prensa del club es un homenaje total a esa temporada 2010/2011 en la que el MSK Zilina jugó por primera vez la Champions League. Fotos de todos los partidos decoran la sala para recordar un hito que confirmó el crecimiento del fútbol eslovaco, cuya selección nacional había llegado a octavos de final del Mundial de Sudáfrica ese mismo verano. Un pequeño milagro futbolístico que no tienen pensado olvidar por aquí.

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Antes de arrancar la semis, tuve un pequeño ataque de hambre y sed y decidí salir a la calle a buscar algo, sin ninguna idea preconcebida. Al salir me crucé con unos dibujos que algunos niños habían pintado en homenaje al Club. Tal vez fueran producto de algún tipo de concurso infantil. Esos concursos que cuando éramos pequeños siempre ganaban los mismos, los dos o tres que dibujaban bien. Qué rabia.

Creo recordar que jamás he estado en un LIDL en España, pues bien, ya no puedo decir lo mismo de Zilina. Recorrí los infinitos pasillos del baratísimo centro comercial en busca de un poco de agua y algo de picar. Ya bien equipado, estaba preparado para el espectáculo.

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Sobre las semifinales tenéis disponible el fenomenal análisis de David Fernández en esta misma web. Con audios y entrevistas que le hice a algunos protagonistas. Pero uno me lo quedo para mí.

Aleksandr Golovin juega en el Spartak de Moscú. Lo interesante es que llegó hace sólo seis meses procedente de Siberia. ¡¡¡De Siberia!!! Me preguntaba cómo se juega al fútbol en un punto tan extremo de la geografía mundial y en qué condiciones, y cómo es posible que el Spartack detectara a este jugador para que en medio año ya lleve el 10 de la selección sub-17. Hablé con él, menos de lo que quería porque a la tercera pregunta se lo llevaron. Detecté una protección especial para el chico. Permitidme que rescate una pequeña frase: “Bueno, en Siberia también tenemos verano”.

Me pareció genial, el chico quiso romper clichés sobre su tierra, es decir, que probablemente no aprendió a jugar a fútbol sorteando estalactitas ni chutando contra icebergs.

Escucha la entrevista con Aleksandr Golovin. (Doblada al castellano)

 

 

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