Italia-Rusia: previa de una Final con muchos alicientes

El equipo italiano celebra el tanto de Pugliese en la Semifinal contra Eslovaquia. Foto: Albert Fernández

Italia-Rusia. Esa es la Final de esta Eurocopa sub 17 de Eslovaquia. Son dos equipos de muy diferente naturaleza, con muchas peculiaridades y variados detalles. Ya se enfrentaron en la última jornada de la Fase de Grupos con un 1-1 final condicionado por la tabla clasificatoria (apenas hubo tensión competitiva porque el resultado les valía a ambos equipos). Superaron el grupo de la muerte dejando fuera a la Croacia de Alen Halilović y compañía, y en la tarde de hoy (18:00 CEST) van a pelear por ganar. Esta vez sin miramientos. La jovencísima azzurra ha llegado a la primera Final de la categoría desde que el torneo es sub 17, mientras que Rusia quiere ganar su segunda copa tras Luxemburgo 2006. El Italia-Rusia es un partido que tiene alicientes por todas partes, se mire desde la perspectiva que se mire.

El equipo italiano celebra el tanto de Pugliese en la Semifinal contra Eslovaquia. Foto: Albert Fernández

Dos estilos de juego diferentes, aunque no completamente opuestos

Lo más valioso del equipo italiano es su funcionamiento como colectivo. Los chavales de Daniele Zoratto han exhibido un juego asociativo en el que se aprecia la compenetración. Sus mecanismos fundamentales son clásicos: los fuera-dentro de los volantes, la subida al ataque del interior desde la medular y las recepciones del segundo punta y el punta, que se giran para descolocar a la defensa rival y buscar el gol. No obstante, que sean clásicos no implica que sean previsibles. Acostumbran a llevar la iniciativa en los partidos, y es difícil hacerles correr detrás del esférico. El único rival hasta ahora que los ha logrado anular de forma parcial ha sido Ucrania, renunciando prácticamente a sus argumentos ofensivos para presionar mejor. Esto implica ceder de inicio ante el rival para limitarte a estropearlo.

Los rusos tienen un problema: son muy lentos empezando su jugada. En un escenario en el que les ceden la posesión logran llegar a la medular y demostrar sus herramientas en ataque, especialmente por las bandas, donde tienen jugadores de calidad que no se limitan a centrar. Su idiosincrasia es la del pase vertical en campo contrario, y acaban haciendo daño porque son lo suficientemente precisos y rápidos. Tienen chispa, se aceleran de golpe pero con control, sabiendo qué hacer y decidiendo bien con frecuencia. Pero si Italia se queda con el balón e incomoda a Rusia en salida puede llegar a anularla. Incluso si la presión es al único mediocentro, los italianos pueden conseguir robos a buena altura para empezar una transición, una jugada o una contra. En esto y en la pobre capacidad de definición rusa se fundamenta la teórica superioridad italiana. Superioridad en el papel, algo que en las Finales vale poco.

Jugadores que han pasado de ser anónimos a estimular

Que el mayor tesoro de Italia sea que todos sus engranajes coinciden a la perfección no impide que no se pueda hablar de jugadores de forma individual. Básicamente porque ellos son esos engranajes, y hay algunos talentos que no se deben perder de vista cuando la Final acabe. El más estimulante y llamativo en el torneo es Mario Pugliese (Atalanta). Mediocentro organizador talentoso, preciso, con anticipación al rival cuando toca defender y con llegada desde segunda línea cuando se encuentra a gusto y con confianza. Juega en el doble pivote protegiendo a una defensa cuyo líder indiscutible es Elio Capradossi (AS Roma), un central que no solo sobresale por el físico, que le permite imponerse a los atacantes y ser peligroso en el balón parado, sino porque está pendiente siempre del repliegue del lateral de su perfil (izquierdo) para cubrirle, ofrece ayuda siempre valiosa a su compañero del eje de la zaga y sabe salir con el balón jugado y dar el primer pase con acierto. El portero Scuffet (Udinese), el extremo derecho Tutino (Napoli), el segundo punta Vido (AC Milan) y el alto delantero Cerri (Parma) son otros jugadores a tener en cuenta, como los interistas Federico Bonazzoli (segundo punta) y Federico Dimarco (lateral izquierdo), que ya sobresalen pese a tener solo 15 años.

La escuadra exsoviética que comanda Dmitri Khomukha tiene a dos jugadores especialmente llamativos. El primero y el que más es de origen kazajo y juega en el extremo izquierdo: Aleksandr Zuev (Akademia Chertanovo). Cada recepción suya en el torneo ha supuesto un apuro para el lateral del rival. Tiene buena capacidad para centrar y también desequilibra introduciéndose con el balón en el área desde su costado. Incluso es capaz de posicionarse cerca del pico del área para recibir ya por dentro y girarse, eliminando de forma más rápida al zaguero oponente. El otro nombre que hay que subrayar es el de Aleksandr Golovin, el siberiano. Es interior y juega en las categorías inferiores del CSKA Moskva. A lo largo de la competición ha demostrado saber incorporarse al ataque cuando la cadena de pases verticales de su equipo abarca también el carril central y apoyar al mediocentro en la salida lenta o al lateral de su perfil (derecho) en fase defensiva. No conviene perder de vista tampoco al portero Mitryushkin (Spartak Moskva), al central Khodzhaniyazov (Zenit), al homólogo de Zuev en la derecha, Aleksandr Makarov (CSKA Moskva) o a Ramil Sheydaev (Zenit), el delantero que transformó el penalti decisivo en la Semifinal ante Eslovaquia y que llegó a última hora para cubrir una baja por lesión.

Madurez y orígenes atípicos

Italia es un equipo que ha funcionado bien pese a las dudas que se tenían al comienzo del torneo. Detrás de ello se esconde una sorprendente madurez de los miembros de su equipo. Es sorprendente porque 4 de los 9 futbolistas inscritos en el torneo que han nacido antes de 1996 (concretamente, en 1997) son italianos, y salvo Emil Audero –portero suplente– son titulares o tienen peso en el equipo (Dimarco, Bonazzoli y Vido). Los otros cinco son de cinco nacionalidades distintas. La azzurra es la escuadra más joven del torneo y a la vez, hasta ahora, la más madura. No solo por la personalidad sobre el campo y por el control de los partidos, sino porque no se ponen nerviosos ante ningún escenario (algo que sí le pasó a su oponente en Semifinales). No sienten presión, juegan como han aprendido, como saben y como quieren. Todos los italianos proceden de las categorías inferiores de clubes importantes en su país. Esto no ocurre en Rusia. Es su particular anomalía. La tercera parte de la plantilla en el torneo (6 futbolistas) no pertenece a ningún club sino que son jugadores que se han formado en la llamada Akademia Chertanovo, una de las más importantes academias de fútbol de Rusia. Está situada al sur de Moscú y de ella han salido futbolistas y jóvenes entrenadores con reputación en Rusia e incluso fuera de sus fronteras, caso de Diniyar Bilyaletdinov. El mencionado Zuev y el delantero Maksim Mayrovich son los dos jugadores de la academia más destacados.

Camino hasta la Final

Camino de Italia y Rusia hasta la Final. Grafismo: elaboración propia. Banderas: Radosław Rokita

Posibles onces

De derecha a izquierda y por líneas:

Italia (4-4-1-1): 1. Scuffet / 2. Calabria, 6. Sciacca, 5. Capradossi, 3. Dimarco / 7. Tutino, 8. Palazzi, 4. Pugliese, 14. Tibolla / 11. Bonazzoli o 18. Vido / 9. Cerri.

Rusia (4-3-3): 1. Mitryushkin / 2. Parshikov, 3. Likhachev, 4. Khodzhaniyazov, 5. Yakuba / 10. Golovin, 6. Sergei Makarov, 15. Barinov / 7. Aleksandr Makarov, 19. Sheydaev, 11. Zuev.

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