La Italia de Pugliese y Rusia, a la Final

Las Semifinales de la Eurocopa sub 17 de Eslovaquia prometían ser bastante diferentes entre sí. Y sí que lo han sido. Por lo que habíamos atisbado en la Fase de Grupos, esperábamos dos choques opuestos. Por una parte, el choque entre la anfitriona Eslovaquia e Italia, en el que el registro del juego predominante iba a ser el asociativo. Dos equipos que tienen mecanismos visuales para combinar y hacer daño con ello. Por otra parte, una pelea entre Rusia, un equipo lento pero vertical, y Suecia, un conjunto que renuncia a la pelota y que se siente cómodo contragolpeando y transitando. A posteriori ya se puede decir que no nos equivocábamos con la predicción. Ninguno de estas jóvenes escuadras ha renunciado a su naturaleza a pesar de llegar a estas alturas del torneo, ni por tener una u otra entidad; uno u otro nombre. Es de agradecer tal variedad.

ESLOVAQUIA 0-2 ITALIA

En el turno vespertino, la Eslovaquia de Lukáš Haraslín tenía que verse las caras con Italia, en gran parte la culpable de la temprana eliminación de Croacia en la Fase de Grupos. El carismático Ladislav Pecko mantuvo el once clásico del equipo en el torneo, con la única variación del central acompañante de Atila Varga (Juventus), pues Denis Vavro (MŠK Žilina) estaba sancionado y tuvo que jugar Otrísal en su lugar. Mantuvo el 4-2-3-1 con la fundamental conexión del carril central Haraslín (Slovan Bratislava)–Filip Lesniak (Tottenham). Daniele Zoratto, por su parte, decidió premiar a Luca Vido (AC Milan) colocándolo tras el espigado Alberto Cerri (Parma) que regresaba tras sanción, en detrimento de Federico Bonazzoli. En los costados, el interista Demetrio Steffè se hizo con la titularidad de forma sorprendente en la izquierda mientras que Gennaro Tutino permaneció en la banda donde mejor ha respondido: la derecha. A pesar de que el choque comenzó con un centro peligroso que se quedó cerca de ser gol para los eslovacos, bastaron unos pocos segundos más para percibir una sensación de miedo y nerviosismo. En el tercer minuto, un fallo del sistema de repliegue dejó a Vido suelto. Este centró y asistió a Mario Pugliese (Atalanta) para que marcara el 0-1 incorporándose desde atrás. Bastaron tres minutos para que los italianos empezasen a pinchar la burbuja eslovaca.

Daniele Zoratto, seleccionador italiano sub 17, en zona mixta tras alcanzar la Final del viernes. Foto: Albert Fernández

El sueño se empezaba a diluir y el nerviosismo se maximizó. Algo especialmente sorprendente si tenemos en cuenta la fe y la personalidad que Pecko le ha ido otorgando con gestos dentro y fuera del campo a su equipo. El escenario pudo con sus chavales. Y es que no todo joven futbolista en formación está preparado para encajar golpes así. Eslovaquia sabía que era inferior a Italia, pero había salido con fe a intentarlo, como en todos los partidos del torneo. Nadie contaba con ellos al inicio; no tenían nada que perder a estas alturas. Pero sobre el césped se ve todo distinto. A Italia le funcionaron a la perfección los mecanismos de juego que hemos detectado a lo largo del torneo. Mario Pugliese dirigió y controló el centro del campo a su antojo, y cuando tenía confianza se animaba a irse al ataque, aunque esa labor quedaba reservada inicialmente para Andrea Palazzi (Internazionale). Por fuera Tutino –Steffè no respondió como él– metió centros y se adentró con frecuencia en el área. Y arriba, Vido y Cerri buscaron recepciones en tres cuartos para girarse y buscar portería. A eso hay que sumarle el juego directo, puesto que cualquier balón colgado era peligroso ante una atípica y horrible coordinación entre los intranquilos centrales eslovacos. Varga no era capaz de salir, anticipar, cubrir o ir al suelo bien. Y Varga es buen central, ya lo ha demostrado en los anteriores encuentros. Entró en juego el factor del nerviosismo. A los laterales en el cierre les ocurría lo mismo. Y a Otrísal. Era una situación idílica para Vido y Cerri, que demostraron formar una buena asociación (a pesar de los dos mano a mano errados del milanista). Este recurso extra descuidó ligeramente la salida de balón de Italia, pero eso no impide detallar y elogiar la actuación de Mario Pugliese. En fase defensiva estaba presente siempre antes que el rival en el lugar por donde este pretendía hacer daño en según qué jugada. Palazzi le acompañaba para apoyar pero el mérito era del canterano del Atalanta. En la salida central él distribuía y gobernaba el centro del campo. Y aprovechando su confianza, se incorporaba al ataque, como en la jugada del 0-1. Soberbia actuación de la que no se pueden rescatar fallos.

En tal estado de desasosiego, Eslovaquia solo lograba generar ocasiones por las bandas, y más concretamente, a través de Nikolas Špalek (FC Nitra) en la izquierda, el aparentemente más entero. No vimos nada más que un tiro tímido de Haraslín sin peligro y un lanzamiento a balón parado del spur Lesniak (que acabó en gol anulado por fuera de juego). Nada más. Prácticamente ausentes. En el segundo tiempo Pecko hizo cambios ofensivos. Metió a Lukáš Čmelík (MŠK Žilina) en la banda derecha a costa de Otrísal para forzar al equipo a irse arriba. Toda una declaración de intenciones ese nuevo dibujo de 4-1-3-2 que llevaba a Miroslav Káčer (MŠK Žilina) a la punta del ataque. De nuevo, el mensaje de fe y de ánimo inherente al cambio de Pecko caló hondo en sus futbolistas, que se vinieron arriba. No obstante, y pese a que generasen ocasiones sueltas, Italia tuvo en todo momento el partido bajo control. Los laterales, tanto Federico Dimarco (Internazionale) como Davide Calabria (AC Milan), aguantaban las jugadas de Eslovaquia por fuera, algo sorprendentemente positivo en el caso del segundo. Los centrales demostraron solvencia, y Pugliese y Palazzi ayudaban retrocediendo. No hay que imaginarse un repliegue excesivo de la azzurra. Para nada. Rápidamente se estiraba el equipo tras recuperar para seguir dañando. En un córner mediada la segunda parte un despiste de Čmelík en la marca permitió que el mejor central hasta el momento del torneo, Elio Capradossi (AS Roma), marcase asistido por Palazzi. La dirección de campo italiana apenas fue trascendente: Parigini entró pero no agitó la banda izquierda como otros días y Bonazzoli sustituyó a Vido cuando el partido ya estaba resuelto. Solamente hay un detalle táctico que se puede señalar: Alberto Tibolla (AC ChievoVerona), volante derecho, volvió a jugar por dentro junto a Pugliese, como ya hiciera ante Ucrania.

AUDIO: Albert Fernández entrevista al seleccionador italiano Daniele Zoratto.

AUDIO: Entrevista en zona mixta al mejor jugador del partido, el mediocentro Mario Pugliese.

AUDIO: Entrevista en zona mixta al central y autor de un tanto Elio Capradossi.

RUSIA 0-0 SUECIA (Penaltis: 10-9)

Por la noche, Rusia y Suecia protagonizaron la Semifinal opuesta. Dmitri Khomukha repetía con su 4-3-3 habitual pero cambiando de nuevo al delantero. En esta ocasión era el canterano del Zenit Ramil Sheydaev quien estaba junto a Aleksandr Zuev (Akademia Chertanovo) y Aleksandr Makarov (CSKA Moskva) arriba. Dmitri Barinov (Lokomotiv Moskva) y Aleksandr Golovin (CSKA Moskva) eran los interiores de un equipo al que le iba a costar mucho profundizar por el carril central. La pragmática y directa Suecia de Roland Larsson volvía a cambiar una vez más tanto el esquema como los roles de los jugadores más reconocibles del equipo. Pese a que no salió relativamente bien ante Austria, se volvió al 4-4-2 con el capitán Elias Andersson (Helsingborgs IF) y el jugador del Chelsea Isak Ssewankambo en un doble pivote formado por dos jugadores similares, interiores, de los cuales uno se tenía que sacrificar quedándose atrás –aunque hubo jugadas en las que ignoraron esta premisa–. Anton Jönsson Salétros (AIK Solna) volvía a la banda izquierda, el trabajador Erdal Rakip (Malmö FF) a la derecha, y Mirza Halvadzić (Malmö FF) partía como delantero en detrimento del enmascarado Berisha. Tras tantos partidos queda más que comprobada la máxima de que a estos jugadores les da igual todo esto. El estilo es el mismo, sea cual sea la disposición o los titulares: prescindir del balón, ceder el mando, mantener un buen orden defensivo, dejar que proponga el rival y ahogarlo con 2 líneas de presión. Esto produce robos a buena altura y propicia contragolpes. Y si el rival finaliza jugada, sea quien sea o como sea, se comienza la jugada propia con una salida en largo. El equipo está tremendamente adaptado para jugar así, y viven cómodos así –salvo quizá en algunas fases ante Eslovaquia el sábado–. Ante Rusia no fue una excepción. Lo que ocurre es que los rusos no forman un equipo excesivamente preparado para llevar de forma constante la iniciativa. La salida es lenta y previsible, en el sentido de que es fácil de presionar: Sergei Makarov (Lokomotiv Moskva), mediocentro, recibe de los centrales y orienta por qué rama de la “V” que se dibuja en la medular debe seguir la jugada. Y como los laterales no son capaces de salir por los costados, si esto no funciona, no hay juego interior sino balones largos para los hombres de banda, los mencionados Zuev y Aleksandr Makarov.

Rusia intentaba en todo momento salir por dentro para que Golovin pudiese asomar la cabeza e hilar alguna jugada, además de ganar posición de remate, pero la presión sueca provocaba que rápidamente el balón tuviese que salir hacia la banda. Bien presionando arriba para forzar balones en largo que acababan en pérdidas con la primera línea (la de los dos puntas) o bien presionando al propio Sergei Makarov y lateralizando su posición con la segunda línea (la de los 4 centrocampistas). Una vez más, Suecia había desnaturalizado a su rival y se sentía cómoda para ser pragmática, conservadora y vertical cuanto quisiese. Tuvo buenas ocasiones en balones largos y centros puestos desde la banda (aprovechando en izquierda que Halvadzić es un volante reubicado), e incluso un remate al palo del delantero Gustav Engvall (IFK Göteborg), pero el 0-0 se mantuvo. Suecia había desnaturalizado a su rival porque Rusia no podía jugar por dentro y los interiores desaparecieron del mapa salvo por alguna ayuda defensiva concreta. Pero los suecos no contaron con la posibilidad de que Zuev y Aleksandr Makarov se adaptasen a este escenario en el que ellos tenían que ser actores principales. El que mejor entendió su nuevo rol fue Zuev, pero ambos forzaron a que los volantes suecos (Salétros y Rakip) retrocediesen casi siempre para ayudar a sus laterales (el derecho Ali Suljić, del Chelsea, que volvió al costado pese a ser central). Erdal Rakip destaca por saber ayudar muy bien a su lateral cuando retrocede, pero Zuev le provocó el error grave. Le hizo falta cuando ya estaba amonestado, muy cerca del borde del área. Segunda amarilla y expulsión. Suecia readaptó el dibujo mandando a la derecha a Halvadzić, pero Rusia se vino arriba y tuvo grandes ocasiones que no supo rematar. Coincidió con los momentos en los que Sheydaev, el delantero, intervino en la elaboración.

Contra diez, Rusia ofreció la imagen que ha dado en el torneo cuando domina y controla claramente el partido: la lentitud en la salida de balón se acababa en la misma salida de balón, pues a partir de ahí comenzaba una cadena de pases verticales y acelerados pero precisos que desembocan en ocasiones de gol. La mayoría por el carril central. Estuvo cerca Rusia de llevarse la victoria, incluso con alguna ocasión a balón parado –Zuev provocó la parada del torneo solo ante Sixten Mohlin (Malmö FF)–, pero los 80 minutos acabaron con el 0-0 inicial y con el capitán sueco Andersson lesionado. En la tanda de penaltis hizo falta ver a todos los lanzadores e incluso que dos repitiesen. Cada portero paró uno, y se vieron transformaciones bonitas y elegantes, pasando por el lanzamiento a lo Panenka de Linus Wahlqvist (Norrköping) o la ejecución del también central Dzhamaldin Khodzhaniyazov (Zenit). Fue necesario que Ssewankambo mandase su segundo lanzamiento excesivamente fuerte por encima del travesaño y que Sheydaev marcase el 10-9 para que acabase el partido.

Lanzamiento del penalti decisivo de Rusia en la tanda. Sheydaev se la cuela a Mohlin y pone el 10-9. Foto: Albert Fernández

La Final del viernes (18:00 CEST) será de nuevo (e inevitablemente por cómo era el cuadro) entre dos equipos de estilos diferenciados, actitudes diferentes y funcionamientos colectivos distintos. La madurez de la azzurra será puesta a prueba por la sibilina pero dañina Rusia. A pesar de que quedan un par de días, se puede asegurar ya, sin ser una predicción sino una afirmación, que será un gran cierre para un gran torneo.

1 comments

me gustaron mucho Dimarco un año menor , Capradossi, el portero italiano porterazo y Pugliese todo un todo terreno Italia es un bloque sin ningún jugador mágico. Eslovaquia muchas ganas y coraje pero poco talento.

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