El dulce adiós de Malta

Malta Edu Ferrer público sub-17

El archipiélago maltés ha disfrutado estas semanas de una oportunidad irrepetible, por lo menos por ahora, de situarse en el panorama futbolístico de primer nivel internacional. Que los mejores jugadores jóvenes del país hayan participado en una fase final de un europeo, enfrentándose a selecciones tan potentes como Holanda o Inglaterra, se ve aquí como un auténtico regalo y no ha existido ningún tipo de presión sobre el combinado maltés para que intentaran estar al mismo nivel competitivo que sus rivales. Es cierto que se han esforzado por dar una buena imagen, pero nunca han dejado de ser conscientes de quiénes son y de que aquí lo que tocaba era recibir lecciones y aprender.

Malta sub-17 Edu Ferrer público

Este espíritu se compartía ayer en cada localidad del estadio nacional en el último partido del torneo ante la también caída Turquía. 4-0 ganaron los turcos y aunque los malteses consiguieron llegar a la media parte sin haber encajado aún ningún gol, puntuar o no era lo menos importante. El público estaba a otra cosa. Los niños, adolescentes y mayores que llenaron las gradas de Ta’ Qali sólo querían animar, canturrear temas pop, bailar a ritmo de bombo y trompeta y gritar como locos cada vez que su equipo tocaba el balón más allá de su propio campo. En definitiva, disfrutar como los grandes de una cita para la que casi nunca tienen entrada.

Al acabar el partido no hubo tiempo para decepciones. Todos los jugadores se acercaron al público para devolver el cariño recibido y la fiesta se alargó varios minutos más.

Malta Eduardo Ferrer

Ya en la zona mixta el seleccionador Sergio Soldano y el delantero Joseph Mbong valoraban así la participación de Malta en el torneo:

Faltaban todavía cuatro horas para el inicio del Portugal-Alemania de las 18h y me acordé de las palabras del taxista Michael: “Si vas a Ta’ Qali, no puedes perderte Mdina, ve a visitarla”. La recomendación de nuestro principal consejero en Malta parecía anunciar una gran visita. Sin embargo, acto seguido su criterio se vino abajo cuando me dijo: “Por cierto, ¿conoces un pueblo en Mallorca que se llama Magaluf? Buah, es lo mejor de la isla. ¡A mi mujer y a mí nos encanta!”…

Así que no habría ido finalmente a Mdina de no ser por Paul. Colega fotógrafo maltés que está cubriendo el campeonato para la UEFA y que se me presentó justo después del partido. “¿No tienes nada que hacer ahora? ¡Ve a Mdina! Está aquí mismo y es precioso. Sube al coche y te dejo en la entrada”.

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Me fié pues del desconocido Paul y la visita acabó valiendo mucho la pena. Para los amantes de los palacios, las iglesias, las ruinas romanas y los museos medievales, Mdina (y Malta en general) es un verdadero paraíso. Edificada entre murallas y en lo alto de una colina, esta vieja ciudad fortificada (también conocida como la ciudad silenciosa, ya que está prácticamente prohibida la entrada de vehículos) era en su día el lugar ideal desde el que defenderse, puesto que además de contar con una imponente fosa convertida hoy en zona ajardinada, su situación elevada y central permite obtener una panorámica de 360 grados sobre prácticamente toda la isla. Un atractivo que me impresionó mucho más que el resto de la ciudadela, demasiado poblada de turistas y guías, y muy poco de habitantes de verdad para mi gusto.

Malta Eduardo Ferrer Mdina

Mdina.

Pero aquellos que también prefieran el contacto con la gente en sus viajes, están de suerte. Porque salir de Mdina significa entrar en Rabat. Y Rabat es el verdadero reflejo de la Malta rural y profunda. Rabat son las calles estrechas de piedra clara, son las casas con las puertas abiertas a la calle y con imágenes de la Virgen María en su entrada, son los llantos de los bebés, las señoras cuchicheando desde las ventanas y los niños cuyas risas llegan a tus oídos antes de que aparezcan correteando detrás de una esquina. Rabat son los bares oscuros de barrio y sin cafetera, en los que te sirven Nescafé con leche y azúcar a 40 céntimos.

Malta Eduardo Ferrer Rabat

Como todavía me sobraba algo de tiempo, decidí volver a Ta’ Qali andando. Salvo el primer susto que supone caminar por una carretera en la que se circula por la izquierda, apenas me crucé coches durante el trayecto y el paseo se vistió de campos, chumberas, cipreses y viñedos. Ojalá ir a trabajar fuese algo así más a menudo.

Por la tarde, en el estadio nacional todo olía a más serio, más profesional y más trascendente; pero las gradas estaban prácticamente vacías. Ya sobre el césped, preparé la cámara y me puse la única sudadera que he traído a Malta. Parecía que la tarde iba a ser fresca y yo echaba de menos el calor, el ruido y el ánimo de los malteses.

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Fotos: Eduardo Ferrer Alcover (Todos los derechos reservados)

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1 comments

Mdina es todavía más precioso cuando es de noche. La panorámica desde el muro con el cielo despejado impresiona. Yo no pensé que Malta tuviera tantas cosas que visitar.

Y aunque parezca mentira son bastantes futboleros, fui a ver un par de partidos de liga y se reunieron miles de personas en el estadio nacional. La espinita del 12-1 la llevan clavada, por cierto xD.

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