La victoria más gris de Inglaterra

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Ould-Chikh agarraba el balón cerca de la banda derecha. Pedía la pelota, un compañero se la entregaba e intentaba regatear a todo el equipo rival para finalmente buscar el disparo o poner un centro en el área. Así empujó Holanda durante los 10 primeros minutos de una final que resultó decepcionante. Porque nadie más apareció. Nadie lo acompañó. Siempre se repetía la misma jugada: el extremo del Twente se enfrentaba al mundo y el mundo lo derrotaba una y otra vez. Hasta que se marchó sustituido.

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Ould-Chikh insistió e insistió, pero no pudo perforar la zaga inglesa. Foto: Eduardo Ferrer Alcover

Inglaterra despertó poco a poco. Aprovechó que los centrocampistas holandeses se lanzaban al ataque a la par, que nadie se quedaba atrás, para dañar a la Oranje a su espalda. Onomah y Izzy Brown empezaron a aparecer y a conducir el balón. Solanke apenas intervenía y Roberts, apagado, no desequilibraba. Sin avasallar al rival, Inglaterra se fue acercando al área de van Osch y provocó un córner. Un remate quedó muerto en el área pequeña y ahí brilló Solanke, que controló el balón y lo metió en la red en dos toques rapidísimos.

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La maniobra del delantero del Chelsea fue bellísima, casi tanto como la jugada del gol del empate, que llegó poco antes del descanso. Bergwijn asistió al primer toque a Schuurman, centrocampista llegador como pocos, que igualó el choque con una notable definición. Sin apenas amenazar, Holanda seguía viva y había empatado el encuentro. La circulación de balón, muy lenta, convertía a ambos rivales en conjuntos muy previsibles.

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Jari Schuurman empató el partido antes del descanso. Foto: Focus Images Ltd

Sin embargo, la segunda mitad no fue mejor. Bajó el rendimiento de Inglaterra, que se limitó a las conducciones de Patrick Roberts, y Holanda no acabó de sentirse cómoda. Se acercó un poco más, buscando a menudo balones largos a la espalda de la zaga inglesa, pero Gómez y Taylor Moore estuvieron bastante atentos. Agitó Stekelenburg el ataque de su equipo con varios cambios: Ould-Chikh pasó a la banda izquierda, Owobowale jugó en punta y entraron jugadores de perfil ofensivo como Paal o Slabbekoorn, pero siempre estuvieron controlados. La labor del lateral derecho Kenny, notable en la final, también es digna de elogio. Sube, baja, se deja la piel y es pegajoso en el marcaje. De inicio no llama demasiado la atención pero siempre juega bien.

Hasta que llegó la tanda de penaltis. Van Osch se acercó en 3 de los 4 lanzamientos, pero no paró ninguno. En cambio, Woodman tuvo suficiente con detener el tiro de van der Moot, pues Verdonk, que había marcado dos goles de penal a lo largo del torneo, disparó fuera. En Inglaterra no falló nadie. Por tercer año consecutivo, la final se definió en una tanda de penaltis y, paradójicamente, ganó Inglaterra, de irregular trayectoria reciente en este tipo de torneos y con peor fama en la definición desde los once metros. Fútbol, supongo.

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Foto de portada: Focus Images Ltd

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