Vaasa

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Es muy fácil perder la noción del tiempo cuando se está bien y es aún más fácil perderla del todo cuando vives con luz solar las 24 horas del día. Vaasa es una ciudad engañosa, una sede tramposa con el visitante ajeno a ella. Basta un paseo nocturno el primer día para darse cuenta. Parece un lugar desierto, vacío, donde la gente se recluye en casa pasadas las diez de la noche. Los comercios cierran a primera hora de la tarda, es difícil encontrar un lugar donde cenar a partir de las nueve -salvo en un céntrico Subway- y los días se hacen eternos porque se solapan unos con otros, sin apenas unos segundos de oscuridad. Simplemente, la noche no existe. A medianoche, el sol se esconde tímidamente en el horizonte, hace un amago y vuelve a asomar la cabeza unos minutos más tarde. Vaasa está cuatro horas en tren al norte de Helsinki, la capital de Finlandia, a la misma altura que Trondheim en Noruega o que la costa sur de Islandia.

El espectáculo de la noche es tan impresionante que los centenares de fotografías que se pueden intentar para captar el momento no hacen justicia a la puesta de sol -o salida del mismo- en el lago que preside la ciudad. Vaasa es un lugar que reserva sus noches a las intimidades e invita a la introspección, a salir del hotel o apartamento a dar un paseo a partir de las doce de la noche porque casi parece que son las seis de la tarde. Todo se vacía y, de golpe, la ciudad parece abandonada. Luce el sol, pero no hay nadie e incluso puedes sentarte en algunas de las terrazas que quedan a la orilla del lago. Podría parecer cualquier paseo de Leonardo Dicaprio y Marion Cotillard en Origen, en las profundidades de un sueño que nunca termina. Siempre el mismo paisaje, congelado pero vivo, sin ninguna alma humana para que se cruce.

De día todo es distinto. La ciudad tiene un punto de comercial y turística, con una calle principal repleta de locales donde comer y tomar algo. En la semana más calurosa de la ciudad desde 1960, el tiempo invita a salir al exterior, a menudo sin camiseta. Cuando uno hace el conato de escuchar las conversaciones colindantes, nunca tiene la certeza del idioma de los interlocutores: en Vaasa se habla tanto el finlandés como el sueco. El finlandés es el idioma predominante, pero existe una fuerte comunidad de finlandeses que tienen el sueco como primera lengua que se refleja en varios aspectos del día a día. A efectos prácticos, Vaasa es una ciudad bilingüe. Las calles están indicadas en ambos idiomas en una rotulación que se extrapola también a los carteles de los comercios o los menús de los restaurantes. Incluso en el nombre de la ciudad. En el mismo estadio de fútbol, como en la mayoría de referencias, aparece también la denominación sueca: Vasa.

Vaasa
Fachada del Elisa Stadion de Vaasa. O Vasa, según se mire.

Según los registros oficiales, cerca del 25% de la población tiene el sueco como primera lengua en Vaasa. El sueco está aún más extendido en otras localidades de la región de Ostrabotnia, con Larsmo como máximo exponente. Allí el 92% de la población habla sueco, solo unos 100 kilómetros al norte de Vaasa. La mayor parte de la población de habla sueca (un 5% del país) se encuentra repartida entre Ostrobotnia, la región sureña de Uusima (donde queda Helsinki) y las Islas Aland, un territorio que goza de mayor autonomía y del que ya hablamos en su momento. En las localidades consideradas bilingües existen escuelas y universidades -si son lo suficientemente grandes, claro- en las que se educa en sueco como primera lengua, idioma en el que también se puede acudir a los servicios públicos.

La doble identidad finlandssvenskar de Vaasa también se refleja en el fútbol. Ya hemos hablado del nombre del estadio, pero no existe mejor representación que la presencia de dos clubes de fútbol que representan a cada comunidad. El club más antiguo es el Vasa IFK, que actualmente milita en la tercera división del fútbol finlandés. Fundado en 1900, ya su nombre (con una A después de la V inicial) indica el origen sueco. Queda aún más reforzado por las siglas IFK (Idrottsföreningen Kamraterna), que remiten al concepto de club deportivo y que son habituales en varios clubes suecos. Para más inri, el escudo es idéntico al del Mariehamn (el equipo de las Islas Aland) o al del Nörrkoping sueco.

Por otra parte, el Vaasan Palloseura (conocido como VPS) milita actualmente en Primera y ha representado históricamente a los hinchas de habla finlandesa. Mientras el Vasa IFK ha ganado la liga en tres ocasiones, el VPS solo ha alzado el título dos veces. Todas las ligas en Vaasa se celebraron entre 1944 y 1953, en la década dorada del fútbol de la ciudad. Actualmente el VPS es el equipo de mayor entidad e incluso llegó a jugar en la Europa League en la temporada 2017-18, aunque cayó en la primera ronda previa a manos del Brondby danés. El VPS se fundó en 1924, veinte años después que el FC Kiisto, el club (bilingüe) de la clase obrera de Vaasa. Considerado en su momento el tercer club de la ciudad -incluso hay una referencia en el museo de Vaasa-, ahora deambula en la cuarta división del fútbol finlandés y juega a menudo contra el filial del VPS.

Camiseta del Vaasa.
El Vasa IFK representa a la población de habla sueca de la ciudad.

Ciudad relativamente viva en verano por el turismo interno finlandés, pues hay quien busca acercarse a la costa, es un lugar ignorado en las rutas de los viajeros que persiguen las auroras boreales o desean conocer Rovaniemi, la región natal de Santa Claus, cuando viajan al norte desde Helsinki. Vaasa no tiene una oferta de ocio inabarcable -sería inconcebible en una ciudad de 66.000 habitantes-, pero sí posee una historia de más de 400 años que incluye un incendio que calcinó la ciudad entera el 3 de agosto de 1852. Cuenta la leyenda que una pipa de un borracho quedó encendida donde no debía, cerca de una de las tiendas más inflamables del centro, y el resto es historia de Ostrobotnia. Es un reflejo de cómo Vaasa presume de su historia en varios ámbitos, del mismo modo que lo hace con el deporte. Fue una de las primeras localidades del país donde los ingleses desembarcaron con un balón y de ello se vanagloria el ya mencionado Vasa IFK. Fundado en el año 1900, luce la fecha de su fundación en su escudo para recordarnos que es más antiguo que cualquiera de los doce clubes que actualmente disputan la Veikkausliiga.

Vaasa es el típico lugar al que jamás habría ido de no haber sido por el Europeo de categorías inferiores de turno. Estoy convencido. El Europeo sub-19 se despidió a nivel competitivo de la ciudad el pasado jueves, con las dos semifinales, y se acabará de despedir en las próximas horas, con las ruedas de prensa de Italia y Portugal previas a la final del domingo en Seinäjoki y con los últimos paseos de los integrantes de ambos equipos, que siguen alojados en Vaasa para no romper las rutinas que les han dado suerte hasta ahora. Como imagino que los jugadores no tendrán permiso a esas horas -y menos a estas alturas del campeonato-, le recomendaría al cuerpo técnico dar una última vuelta por el lago si no logra conciliar el sueño. Es una forma fabulosa de despejarse y volver a la cama con nuevas ideas.

Fotografías: MarcadorInt/T. Martínez (Todos los derechos reservados).

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2 comments

¡Fabuloso artículo! Me he podido sentir por unos instantes allí. Por cierto, ¿cómo fue el reciente eclipse lunar en ese melancólico lago?

El eclipse me pilló ya en Seinäjoki, la sede de la final. Es un entorno algo más urano y reconozco que no estuve tan pendiente.

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