Lituania, con la bandera siempre presente

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Lo primero que me llamó la atención en Lituania fue el color de sus campos y praderas. Fue cruzar la frontera y empezar a ver grandes extensiones de tierras. De campos verdes y amarillos, sobre todo. Pero también algunos de tonos marrones y rojizos. De golpe, me di cuenta de que la bandera nacional lituana estaba ahí, en los campos, donde vive muchísima gente. Aunque poco a poco vi que Lituania es eso, pero también muchas otras cosas.

Verde, amarillo y rojo se mezclan en los campos lituanos
Verde, amarillo y un color rojizo se mezclan en los campos lituanos

Porque en un inicio Lituania es una carretera que cruza las zonas más rurales del país. A su alrededor van apareciendo casitas abandonadas entre las praderas y pequeños carteles que te desvían hacia pueblos de nombres impronunciables. Hasta que uno para en Panevezys, la ciudad del Ekranas, el equipo campeón en Lituania en las últimas cinco temporadas. Aunque sea difícil enterarse de eso si no tienes la curiosidad suficiente para ver dónde has realizado esa parada. O si tu memoria no retiene el nombre de la ciudad.

Lituania es Kaunas y es Vilnius. Pero también Alytus, Marijampole y Panavezys. Y todas ellas se parecen poco, por lo cual es complicado componer un mismo retrato que las una. En cualquier caso, Lituania es Europa del Este. Y como país del este tiene algo que te atrapa. Es muy difícil de explicar, pero una vez la pisas sabes por qué hay tanta gente enamorada de estos países, tan distintos al nuestro. Por la enorme diferencia con lo occidental, pero también por los contrastes internos, siempre presentes. Es posible que nos fascine aquello que es muy distinto a lo que tenemos cerca, aquello cuyo recuerdo idealizamos a medida que se va alejando en el tiempo o incluso admiramos a aquellas personas que hacen como naturales cosas que nos parecen extraordinarias.

Kaunas es señorial. No es Riga, no está hecha para los turistas, pero es una ciudad señorial. Se percibe en el ambiente, sobre todo en su rambla principal. Una calle peatonal muy ancha, con árboles en el centro entre los cuales se puede pasear. Con una fuente donde uno puede sentarse o hasta remojarse por el camino y con montones de restaurantes a ambos lados de la rambla. La gente de Kaunas come fuera a menudo, por lo que parece. Y la propia ciudad está construida para llevarte a través de esa rambla hasta la plaza del ayuntamiento, que marca el final del recorrido. Kaunas es su rambla principal, la calle que lleva al ayuntamiento y lo que hay allí cerca. Con su modesto castillo y varias calles cercanas al río, entre las que se incluye el moderno pabellón baloncestístico del Zalgiris Kaunas y el centro comercial Akrópolis.

Vista de Kaunas
Vista de Kaunas

Cualquiera puede vivir entre esas pocas calles. Al menos durante los meses de verano en los que la temperatura es agradable. Pero, en realidad, no es necesario mucho más para hacer vida en la segunda ciudad más grande de Lituania. Es sobria, pero también tiene sus pequeños monumentos. Pero existe una constante sensación de conservadurismo, de miedo a alejarse del centro conocido y adentrarse más allá de los ríos Neris y el Nemunas o en los bosques que rodean el estadio de los aviadores. Pese a la enorme cantidad de gente joven que pasea durante el fin de semana, a pie o en bicicleta. Kaunas es joven, pero es prudente. Apenas hay nadie más allá de los límites que marca el propio núcleo de la ciudad. Son cuatro o cinco calles, muy bonitas, pero poco más.

En cambio, Vilnius es distinta. Es la capital, por lo que sus dimensiones son mucho mayores. Y la inmensidad le da una dimensión distinta a la capital lituana, que no está encorsetada en unas pocas calles como sucede con Kaunas. Hay más vida en la calle e incluso más jóvenes. Vilnius es pasear sin rumbo y toparte con un patio semiescondido donde hay un concierto de rap. O encontrarte un bar donde en lugar de televisar un partido lo dan por stream. Estas cosas no existen en Kaunas, porque en Kaunas lo imprevisible no tiene cabida. Vilnius es espontaneidad. A los de Vilnius no les gusta Kaunas y a los de Kaunas no les gusta Vilnius. Son caracteres distintos. Aunque a mí, que no soy tan radical, me gustan ambas.

Vilnius
Vilnius

Pero, al mismo tiempo, Lituania es mucho más que Kaunas y Vilnius, que representan cerca de un tercio de la población del país. Los otros dos tercios son bastante más similares a lo que vimos en la carretera. Menos urbanos y mucho más rurales. Ciudades y pueblos de dimensiones bastante menores. Y que no están preparados para recibir turistas, por lo que son muy distintos. Su ambiente recuerda mucho más a cómo debían vivir los habitantes de dichas localidades durante la etapa soviética, ya que parecen haber cambiado muy pocas cosas. Quizás las personas serán distintas, pero las casas, las tiendas y las carreteras parecen las mismas que hace varios años, pese a que se vean varios carteles con la bandera de la Unión Europea, que habrá financiado bastantes reformas.

Gran parte de Lituania se parece a lo que ya describimos cuando hablamos de Alytus. Entre pradera y pradera, entre bosque y bosque, se levantan ciudades con parques llenos de abuelos, jóvenes con bicicletas, casas con las puertas abiertas donde se percibe la miseria y unas pequeñas áreas que parecen ser el inicio de una ligera renovación. Pese a ser ciudades, la ruralidad es evidente en muchas de ellas. También en Marijampole, que ya empieza a tener un núcleo mucho más cuidado, con parques llenos de fuentes y bancos modernos, casi de diseño, que podrían encontrarse en Barcelona o en Londres. O con una plaza llena de restaurantes, algún hotel y Wi-fi gratuita para todos.

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Pero, como en Letonia, una vez uno se aleja del centro, en dirección al estadio de fútbol o a la parada de autobús, es fácil encontrarse con casas que también podrían estar en medio de las praderas o mercados abandonados, como el de la foto superior. De hecho, las tres fotos anteriores fueron tomadas en Marijampole y son un buen ejemplo de este contraste.

Otra de las cosas que más me llamó la atención es la ingente cantidad de paradas de autobús que están plantadas en la nada, sin ninguna casa, pueblo ni gasolinera cerca. Como si tuviera que haber una cada dos o tres kilómetros de recorrido. Un recorrido en el que las distintas carreteras están señalizadas con tres colores distintos. Las autopistas están indicadas en rojo; las rutas europeas, en verde; y las carreteras nacionales, en amarillo. Los tres colores de la bandera nacional lituana.

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3 comments

Me gustaron mucho tus artículos sobre vuestra escursión por los bálticos, pero eché de menos más referencias futbolísticas.

Gran trabajo en todo caso y espero que lo pasarais muy bien.

¡Gracias!

Sobre las referencias futbolísticas, me planteé meter alguna más, pero creía que en algunos casos podría haber sido algo reiterativo.

Me explico. Entendí que con Letonia y sobre todo con Lituania ya habíamos escrito bastantes cosas relacionando el entorno del país y el futbolístico. Los posts sobre Marijampole el primer día del Europeo, el estadio de los aviadores, Axel sobre Alytus, el viaje en bus entre Riga y Kaunas con la parada en Panavezys… eran bastantes cosas y tampoco quería "repetirme".

En cambio, con Estonia, de la que escribí menos porque me enganchó antes de la final del Europeo, sí que profundicé más y expliqué cómo interpreté su manera de ver el fútbol. Así que opté por intentar diferenciar a las tres repúblicas. ¡Un saludo!

A mi me han parecido muy interesante, de hecho lo que hace distinta a esta web son artículos como este. Ojalá se publiquen muchos más.

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