Morata, como en Rumanía

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En verano de 2011 viajé a Rumanía. Es el clásico país que quieres conocer alguna vez pero que nunca sitúas en el top-3 de tus probables destinos de verano. Hasta que lo eligen para organizar una Eurocopa sub-19 y, claro, entonces ya cambia la cosa.

Aquel Europeo sub-19 fue el que me enamoró de Rubén Pardo. Pero debo decir que llegué a Rumanía ya enamorado. El centrocampista de la Real Sociedad me había ganado en los dos partidos de la primera fase que vi aún desde casa, por la televisión, a muchos kilómetros de distancia. El que me fascinó en Chiajna -porque España jugó los tres partidos en los que yo estuve en el coqueto estadio del Concordia Chiajna- fue Álvaro Morata.

Morata era famoso. Morata era famoso porque jugaba en el Castilla y había debutado ya con el primer equipo y la gente le pedía a Mourinho que le diera bola. A mí, antes de Chiajna, el nombre de Álvaro Morata me suscitaba más ruido que interés. Era como algo de lo que convenía alejarse. “Morata”. “Uff, otro pesado debate entre pro-canteranos y pro-mourinhistas”. Alguien me había dicho, además, que Morata era un chico presumido, más tímido que agresivo, más pijo que callejero. Viajé a Chiajna sin esperar demasiado de Morata. Pensando que Morata sería un producto mediático, un pobre muchacho al que elevaban a los altares para ganar disputas.

Pero qué bueno era Álvaro Morata. ¡Qué bueno era Álvaro Morata!

Aquella España llevaba a Rumanía a varios delanteros de nivel. Deulofeu y Sarabia acostumbraban a generar en tres cuartos y las otras dos posiciones se las repartían Morata -que normalmente era el titularísimo- y uno entre Juanmi del Málaga, Borja del Atlético y Paco Alcácer del Valencia. Juanmi era el más habitual, pero a los otros también pudimos verlos. En un momento dado, no me acuerdo en qué partido, le dije a mi acompañante: “Joer, es que Morata es el diferente. Es el que puede inventar cosas. Es el que sabe asociarse, es el que tiene mucho más que remate y ya”. Mi opinión sobre Morata cambió por completo en aquel Europeo -que, por cierto, España ganó con un gol de Alcácer-.

Esta temporada, cuando Mourinho le dio algunas oportunidades, lo colocó a menudo en la banda. Desde allí jugó un gran partido frente al Barcelona en la segunda vuelta de la última Liga BBVA. A Mourinho le gusta que los puntas sean muy agresivos, y quizá Morata no lo sea suficientemente para satisfacer ese deseo del portugués. Pero el técnico de Setúbal apreció virtudes en él más allá de sus números goleadores con el Castilla. Observó que era un jugador capaz de generar mucho en tres cuartos. Y por eso lo colocó en la izquierda.

Hoy Morata ha resuelto con un cabezazo el partido de debut de España en el Europeo sub-21 de Israel ante Rusia. Ha sido un gol de rematador, peinando con la cabeza un centro de Thiago. Un gol de nueve. Pero su ingreso en la segunda parte ya había mejorado al equipo de Lopetegui antes del gol. Su ingreso y el tremendo crecimiento en el partido de Isco, anulado en el primer tiempo por la estructura defensiva de unos rusos que, sin Dzagoev, lo fiaron todo al contragolpe. Se preocuparon de tapar a Thiago y a Isco y por momentos España tuvo mucho balón pero creó poco peligro. El fenómeno del Málaga, sin embargo, supo salir de la telaraña. Fue a buscar más atrás, cayó a los costados, entró más en contacto con la pelota y mejoró a España. Le dio algún buen pase a Rodrigo, pero el punta del Benfica falló dos oportunidades claras y todos nos acordamos de los Juegos Olímpicos. Morata era el cambio obvio. Lopetegui lo hizo. Morata marcó. Y entonces me acordé de Rumanía.

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2 comments

Lo que hizo Mourinho con Morata, ponerlo en banda no es nuevo ya que la temporada en 2ªB con el Castilla era habitual que Toril pusiera a Joselu, el hoy delantero del Hoffenheim de 9 y Morata de 11 en banda izquierda

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