Calgary 88

Iceland fans celebrate with their team during the UEFA Euro 2016 match at Stade Velodrome, Marseille, France.
Picture by EXPA Pictures/Focus Images Ltd 07814482222
22/06/2016
*** UK & IRELAND ONLY ***
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Cantan los baleares Antònia Font en su álbum Lamparetes a una prodigiosa pareja española de patinaje artístico que, tras obtener una puntuación de 10, decidió casarse justo en el momento en el que recibían la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de invierno de 1988, en Calgary (Canadá). La historia resultó ser falsa, no hubo tal pareja española y los ganadores de la medalla dorada fueron los rusos Natalia Bestemianova y Andrei Bukin, quienes no se casaron y tampoco sabemos si eran pareja.

La canción, eso sí, tiene una parte basada en hechos reales. No fue en Calgary 88, fue en Sarajevo 84. En tierras balcánicas la pareja británica formada por Jayne Torvill y Cristopher Dean se convirtió en una leyenda del patinaje artístico, pues fueron los primeros en alcanzar la perfección, un veredicto unánime de 10 por parte de todo el jurado. Se escribió mucho sobre esta pareja; porque no era nada común que unos británicos triunfaran entre soviéticos y escandinavos, porque hicieron historia y porque su relación siempre fue motivo de especulación; pese a que a Torvill y Dean siempre negaron un romance, la gente se empeñó en pensar y desear una compenetración más de las pistas de patinaje, un amor que años más tarde admitieron ambos que llegaron a sentir, pero que aparcaron en pos de una carrera profesional brillante.

Iceland fans before the UEFA Euro 2016 match at Stade Geoffroy-Guichard, Saint-Étienne, France. Picture by Paul Chesterton/Focus Images Ltd +44 7904 640267 14/06/2016
Como las sagas fundacionales, la gesta de los hombres de Lagerbäck y Heimir Hallgrímsson se contará de generación en generación.

Mucho amor y, sobre todo pasión, hay en la increíble gesta que consiguió la selección islandesa en Saint Denis. Como aquella pareja de la que todo el mundo hablaba en los 80, estos chicos han hecho historia en directo, ante la admiración y el respeto de todo el mundo. Pasarán los años, se escribirán muchas batallitas y los que estuvieron en el campo explicarán a sus nietos en el regazo que ellos vieron una clasificación agónica, sufrida y salvajemente celebrada de Islandia. Para siempre quedará el gol de Arnor Ingvi Traustason, para siempre permanecerá el enfado de todo un Balón de Oro, las voces estridentes de un locutor enloquecido, las carreras de Heimir por la banda…

Parece increíble cómo un país tan peculiar, tan alejado del día a día de la gente corriente, puede haber cautivado el cariño de tanta gente. Y es que el esfuerzo no entiende de fronteras, y lo que está claro vistos los tres partidos es que esta gesta se ha basado en una tenacidad casi sobrehumana. Con el mismo once tras tres partidos, con la cara descompuesta por el cansancio y las piernas tiesas ante una Austria infinitamente superior, este humilde grupo resistió, creyó y corrió para encumbrarse como mito en un escenario magnánimo, acorde con la cita.

Iceland fans before the UEFA Euro 2016 match at Stade Geoffroy-Guichard, Saint-Étienne, France. Picture by Paul Chesterton/Focus Images Ltd +44 7904 640267 14/06/2016
La masiva llegada de islandeses a Francia ha sido otro de los factores clave para entender el fenómeno de esta selección. Foto: Focus Images Ltd.

“El día nacional de Islandia es el 17 de junio, pero visto lo visto igual lo tendríamos que cambiar por hoy”, bromeaba un Hallgrímsson tan capaz de mostrar esa pose desconcertante entre el pasotismo, la simpatía y la máxima clarividencia tanto en un empate con sabor a derrota como en un momento de máxima euforia. Conforme pasan las jornadas y uno escucha hablar al –en teoría– segundo entrenador islandés, parece muy claro que lo conseguido por esta selección no se entiende sin la magnética personalidad del dentista de las Islas Vestmann.

Él y Lagerbäck han confeccionado un equipo duro como una tormenta de febrero, inmutable como un glaciar y vigoroso como un cráter volcánico. Como en toda gran historia, también fue necesaria una pizca de azar, un guiño del destino: donde no llegaron los pulmones vikingos apareció la providencia en forma de penalti fallado de Dragovic o en un mal control del genial Arnautovic… Los ganadores necesitan pequeños empujoncitos de la suerte y a Islandia la fortuna la encontró corriendo.

Una historia por cantar

Ya habrá tiempo de hablar de táctica y pizarras, pero lo que se respiraba al finalizar el Islandia-Austria en Saint Denis salía del alma. Hay que ser muy valiente para desafiar con tan poco a las matemáticas, imaginar que se puede maravillar al mundo con un tanto por ciento tan minúsculo, tan ridículo de seres respecto al total de la población. Hay que ser muy osado para intentar destacar en algo en lo que nunca se tuvo traza, un deporte cuyo diseño parece algo exótico y difícil de practicar en la tierra que los vio nacer. Estos locos creyeron en su majadería y lo más importante de todo, buscaron un método para alcanzarlo. A base de pasión, esfuerzo y una hoja de ruta seguida con empecinamiento ya lo han conseguido: Islandia es leyenda.

PD: Quién sabe si algún día su historia inspirará cancioncitas de pop-folk en ínsulas remotas.

Islandia celebra el gol de Traustason en el descuento. Foto: Focus Images Ltd.
Islandia celebra el gol de Traustason en el descuento. Foto: Focus Images Ltd.
Foto portada: Focus Images Ltd.

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