Øresund dictará sentencia

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Dicen que hay instantes que pueden cambiarle a uno la vida en un segundo, pequeños deslices azarosos que son capaces de modificar el destino de las personas. No parece Zlatan un tipo que crea en el destino más allá del que se labra él mismo y por eso fue al único en el Friends Arena de Solna al que no se le cortó la respiración cuando Nicola Rizzoli paró el juego para señalar la falta que había cometido. Ibrahimovic debió haber visto la tarjeta amarilla que le impidiera jugar el partido de vuelta en el Parken el próximo martes aunque el colegiado italiano no se la enseñó y, oh caprichoso el sino, Estocolmo pasó de temblar por el delantero sueco a celebrar dos goles que metían pie y medio a los de Erik Hamren en la próxima Eurocopa. Pero el arrogante destino, siempre empeñado en ser el protagonista de la fiesta, quiso dar otro giro de guión a la escena y nos brindó de la nada un gol del equipo de Morten Olsen que vuelve a abrir totalmente la eliminatoria para amargura de suecos, esperanza de los daneses y disfrute de aquellos aficionados neutrales que no tuvimos la suerte o la desgracia en su día de nacer más al norte de Schleswig-Holstein.

Empezó la vibrante velada del choque escandinavo con un ambiente espectacular en Solna, culminado con los contundentes silbidos de ambas aficiones a los respectivos himnos de los combinados rivales. Sí amigos y amigas, en las avanzadas, democráticas y cultas sociedades escandinavas también se pitan los himnos que no gustan. Ya centrados en el pasto, fue Dinamarca la que empezó dominando absolutamente el primer cuarto de hora. Los daneses gozaban de un control claro del esférico y llegaban con peligro por las bandas, especialmente por la derecha en la que estaba Martin Braithwaite, el jugador del Toulouse había dejado a Højbjerg, entre otros, en el banquillo, y los primeros compases parecían indicar el porqué.

No obstante, más a base de empeño que de fútbol, Suecia fue imponiendo poco a poco un guión de partido que le favorecía. Ibrahimovic y Markus Berg ganaban muchísimos balones por alto ante una pareja de centrales formada por Daniel Agger y Kjaer inusualmente torpe y lenta. En esta versión ultradirecta de Suecia hay que destacar la enorme inteligencia y el pragmatismo de Ibra que, lejos del papel de fino orfebre al que nos tiene acostumbrados en el PSG, se puso el mono de trabajo y se hartó de ganar balones para sus compañeros. Así, del imponente control danés se pasó a una fase de partido bastante más abierta con aproximaciones de los dos equipos y a su vez la equidistancia se fue decantando hasta llegar al último cuarto de hora de la primera parte con una Suecia comodísima, con ocasiones claras que solo la suerte impidió que se transformaran en gol.

Llegó la polémica acción ya comentada, en la que seguro que el codo de Rizzoli se quedó encallado al recordar a quién le iba enseñar la tarjeta y lo que esto podía suponer. Poco después, al borde del descanso, el combinado sueco trenzó la primera salida limpia de balón desde atrás que acabó con una buena internada por banda derecha de Lustig. El lateral, en vez de centrar al tuntún, tuvo la sangre fría para levantar la cabeza y ver la llegada de Forsberg en corto. El jugador del Leipzig, que por cierto hizo un partido enorme, cruzó de primeras el pase raso para poner el 1-0 en el marcador. Antes, Christian Eriksen había despertado de su letargo para inventarse un pase en cuatro dimensiones que Nicklas Bendtner no supo aprovechar y mandó demasiado cruzado; de lo poco que vimos en el partido a los jugadores de Tottenham y Wolfsburgo. A punto de llegar al descanso, Ibra tuvo el segundo en sus botas.

En el inicio de la segunda parte todo siguió el mismo guión: Suecia achuchando con balones largos e internadas por las bandas a un anémico conjunto danés que no lograba jugar cómodo con el balón. El histerismo se tradujo en un penalti torpón de Kahlenberg a un hiperactivo Forsberg que transformó Ibrahimovic. Con el 2-0 Suecia estaba en su salsa y todo parecía estar dispuesto para el festival en Solna. Pero Olsen jugó bien sus bazas y la entrada de Højbjerg, Jørgensen y especialmente Yussuf Poulsen le dio otro aire al equipo. En el saque de un corner, el propio Poulsen la prolongó al segundo palo para que llegara Jørgensen y empujara el balón del 2-1. El tanto del jugador del CPH le devolvió a su selección el alma que había perdido en el primer cuarto de hora de partido y los daneses acabaron apretando para marcar el tanto del empate.

Finalmente no llegó y la eliminatoria sigue totalmente abierta de cara al choque decisivo del martes en el Parken de Copenhague pese a los constantes giros de guión de la ida. Quien lo haya escrito es un cachondo, o simplemente quería disfrutar un poco más de la emoción de esta espectacular eliminatoria escandinava.

Foto de portada: Focus Images Ltd.

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