Diablo

Eden Hazard, capitán de Bélgica (Foto: Focus Images Ltd)

Toulouse disfrutó de una de esas noches mágicas que se cuentan con los dedos de una mano en las que un futbolista descomunal pone al servicio de los demás y al suyo propio todo el abanico de condiciones que atesora. Talento a lo bruto, a lo bestia. Una noche de diabluras belgas, de fintas, recortes, desbordes y desgaste húngaro. Una noche para confirmar que Eden Hazard nunca se fue, simplemente se escondía detrás de la columna. Una noche para rendirse al brillo, a la genialidad de un chico que ha conseguido subirle el listón a la Eurocopa. Una noche de la que se escribirán páginas en los periódicos y a la que recurriremos con fascinación cuando el paso del tiempo borre los recuerdos para saber cómo se despidió Hungría del país galo. La respuesta no tiene demasiado misterio: los hombres de Bernd Storck pusieron todo de su parte para quedarse, pero una actuación individual colosal los obligó a ondear la bandera blanca.

“Un capitán no puede hablar siempre con la boca, a veces debe hacerlo con los pies. Y eso es lo que hizo hoy Eden Hazard”, expresó con rotundidad el seleccionador Marc Wilmots al finalizar el choque. Anoche el brazalete no se convirtió en una carga.

Marc Wilmots (3rd Right) of Belgium during the UEFA Euro 2016 Qualifying match at the Cardiff City Stadium, Cardiff Picture by Mike Griffiths/Focus Images Ltd +44 7766 223933 12/06/2015
Marc Wilmots. Foto: Mike Griffiths/Focus Images Ltd.

Bélgica disputó el partido soñado ante un rival que jamás le perdió la cara al encuentro: los Diablos Rojos se adelantaron en el marcador en el 10′ merced a un testarazo inapelable de Toby Alderweireld y a partir de entonces se dieron un festín a la contra. Comandados por el extremo del Chelsea, secundado a la perfección por Kevin De Bruyne y Dries Mertens, la gran aspirante a romper las jerarquía del continente transitó como un rayo entre las líneas húngaras. Tan solo el buen hacer de Gábor Király bajo palos cortó la hemorragia.

La ausencia de László Kleinheisler, lesionado en el calentamiento, lastró las aspiraciones de un combinado realmente sobrio a la hora de manejar la pelota. Hungría no palidece cuando le toca proponer, pero carece de automatismos e individualidades de primerísimo nivel para minimizar daños cuando se le viene encima uno de los contragolpes más potentes de Europa. Ni Ádám Nagy ni Zoltán Gera lograron poner obstáculos al trío de mediapuntas belgas. Y la endeblez del cuarteto defensivo no ayudó en semejantes circunstancias. Sea como fuere, no parece legítimo ponerle pegas a una selección que ha superado las expectativas manteniéndose siempre firme a un estilo muy definido: el de mimar la pelota y desplegarse con orden por todo el frente de ataque.

Romelu Lukaku of Belgium in action during the UEFA Euro 2016 match at Stade de Lyons, Lyons Picture by Paul Chesterton/Focus Images Ltd +44 7904 640267 13/06/2016
Romelu Lukaku. Foto: Paul Chesterton/Focus Images Ltd.

En la recta final Hazard disfrutó tanto que Bélgica estuvo a punto de empacharse a base de goles. Cayeron tres de forma sucesiva (Batshuayi, Hazard y Carrasco), todos ellos adornados por la sonrisa de su capitán. Si Eden sonríe, el camino para Wilmots se ilumina; si los dejan correr, contenerlos será casi una misión imposible. Siguiente parada: Gales.

Foto de portada: Focus Images Ltd.

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