El engaño de Fernando Santos

The players of Portugal celebrate the goal of Eder during the UEFA Euro 2016 Final at Stade de France, Paris
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10/07/2016

El país que vio nacer a Eusebio, aquel que produjo a Luis Figo y Rui Costa, la porción de tierra sobre la que vino al mundo Cristiano Ronaldo le tenía reservado el papel como protagonista de la postal más importante de su historia, aquella que debe recordar imperecederamente a las venideras generaciones de portugueses el día en el que Portugal por fin sintió que para ella también estaba reservada la gloria, a Éderzito António Macedo Lopes, un héroe anónimo que servirá para representar que lo que les hizo ganar por primera vez, más que a una individualidad a la que rendir pleitesía, fue un solemne espíritu del que aprender. El espíritu de Fernando Santos. 

Reía el exseleccionador griego destilando seguridad en sí mismo cuando le cuestionaban en la previa de la final sobre los merecimientos de su selección. Ya se sabe: Portugal sólo había ganado un sólo encuentro en los seis partidos de Eurocopa y se había plantado en la final de la competición aburriendo a toda la audiencia del globo, desapasionando un torneo previsto para las emociones. Reía, porque se lo preguntaban como si eso hubiera sido una consecuencia fortuita, un milagro del destino, una alineación de los planetas y no una decisión premeditada, buscada, trabajada a consciencia. “Espero que a partir de mañana lo sigan diciendo, que Portugal ganó sin merecer. Me iría contento a casa”, respondía con esa gallardía tan portuguesa.

Eder of Portugal celebrates after scoring their first goal during the UEFA Euro 2016 Final at Stade de France, Paris Picture by Paul Chesterton/Focus Images Ltd +44 7904 640267 10/07/2016
Éder es el héroe nacional. Foto: Focus Images Ltd

Efectivamente, así fue. Los debates sobre moralidad, búsqueda de la estética y responsabilidad de los técnicos de entretener emergen tras unos meses guardados en el trastero e inundan redes sociales y tertulias, mientras 11 millones de portugueses celebran, mientras 23 futbolistas no pueden dormir ante el peso de ver su nombre escrito con letras doradas en la historia de su país, mientras Fernando Santos sonríe para sí mismo viendo como el tiempo le ha dado la razón. Esta fue su historia.

En la Eurocopa menos preciosista que se recuerda, la del cerocerismo, la del letargo, la del ritmo bajo y las actitudes marcadamente conservadoras, nadie bordó ese contexto como la Portugal de Fernando Santos. Hubo quien jugaba a eso porque intentaba jugar a otra cosa y no podía, hubo quien jugaba a eso porque se veía contagiado por el fútbol del contrario y hubo quien jugó a eso porque apostó por ello y pensó que era la mejor forma de optimizar sus posibilidades. Este último fue Portugal y casualmente fue quien ganó.

Esperemos que algún día alguien pregunte a Fernando Santos a qué se debió el radical cambio que sufrió su selección después de la fase de grupos, cuando un lúdico e imperfecto equipo ofensivo se transformó en un pesado y guerrero cerrojo que priorizaba casi exclusivamente no recibir goles. Si desde un principio pensaba que durante la fase inicial precisaría ese juego para sumar victorias ante escuadras pequeñas y después, en la etapa de eliminatorias, iba a cambiar estratégicamente hacia esa escuadra que desespera por su pasividad o si fue un volantazo espontáneo tras observar el sufrimiento vivido en los primeros encuentros. Sea lo que fuere, el tiempo lo ha destapado como una decisión correcta.

Portugal Manager Fernando Santos during the UEFA Euro 2016 semi-final match at Stade de Lyons, Lyons Picture by Paul Chesterton/Focus Images Ltd +44 7904 640267 06/07/2016
Fernando Santos es el primer seleccionador portugués que cuenta en su haber con un título. Foto. Focus Images Ltd

Desde luego que hubo suerte en su triunfo, como la hubo en todos y cada uno de los campeones a lo largo de la historia, pero que los detalles siempre se resolvieran a favor de los lusos no fue responsabilidad de la casualidad. La generación de los Rui Patrício, Pepe, Fonte, Bruno Alves, Moutinho, Carvalho, William Carvalho, Nani, Quaresma o Éder no podía competir contra el resto de selecciones en frescura, en talento puro, en creatividad, pero sí podía hacerlo, incluso superarles, en experiencia, en hambre, en garra, en deseo por la victoria, en sentimiento colectivo. Futbolistas, la mayoría de ellos, en la etapa final de su carrera, sin demasiada perspectiva de gloria en su futuro más inmediato, sin otro tipo de ilusiones que pudieran distraerles la concentración del presente. Fernando Santos aprovechó sus particulares condiciones para convertir los encuentros en batallas, en concursos de resistencia, en fabricar escenarios donde precisamente los atributos de sus hombres pudieran pesar. Les prometió que si seguían su convencida ruta de cuatro eliminatorias épicas, en las que no podían ahorrarse un solo esfuerzo, confiando en la puntualidad de uno de los mejores goleadores de la historia iban a pasar a ser inmortales. Así llegaron a la final y así intentaron ser campeones.

Sin embargo, en el día D, una parte importante de la receta de la victoria se truncó. Un fatal suceso alteró los ingredientes iniciales. El líder espiritual y futbolístico del equipo, sobre el que pesa toda la responsabilidad goleadora, aquel que representa la confianza colectiva de que el gol acabará llegando, se lesionó ante una patada de Payet, dejando huérfana de determinación a Portugal. Minuto 25 y el colectivo entraba en shock. Quien había protagonizado las tres acciones de gol ante Hungría, el autor de la jugada que desequilibró el encuentro ante Croacia, el responsable de los dos tantos ante Gales dejó a sus compañeros entre lágrimas, nublando así las posibilidades de que en su marcador hubiera otra cosa que no fuera un cero. El plan de Fernando Santos se quedaba cojo.

Cristiano Ronaldo of Portugal sits on the pitch injured as a stretcher is brought on during the UEFA Euro 2016 Final at Stade de France, Paris Picture by Paul Chesterton/Focus Images Ltd +44 7904 640267 10/07/2016
Cristiano Ronaldo abandonó el campo en el minuto 25. Foto: Focus Images Ltd

Durante los minutos posteriores al paralizante acontecimiento, pareció que Portugal se conformaba con la voluntad de mantener la primera parte de su plan. Que Fernando Santos no iba a intervenir ante la inmediata reducción de sus posibilidades de gol, que no iba a variar el colectivo con la intención de buscar otros mecanismos ofensivos que paliaran la pérdida de nivel resolutivo. Que le valía dejar la portería a cero, entrar en una dinámica de ritmo bajo y respeto mutuo y llegar a la lotería de los penaltis. Francia, aupada por su favoritismo y condición de anfitriona, sí mostró pasión por atacar, iniciativa, ímpetu por llegar a la meta de Rui Patrício. Es verdad que no fue nada demasiado elaborado ni espectacular, pero a través de la imponente exuberancia física de su colectivo, llevó la voz cantante durante la amplia mayoría del encuentro. Liderados por un primoroso Sissoko, que mezcló una superioridad física descomunal, con técnica y determinación para desequilibrar y empujar a Francia contra la meta rival, los locales fueron con decisión a por el título. Mas los lusos resistían, custodiados por dos imperiales figuras que dotaban a su colectivo de la sensación de que, pese a que los galos dominaran, Portugal no llegaría a sentir sufrimiento real. Ellos eran Rui Patrício y Pepe.

El guardameta portugués dominaba su área, salía a blocar los centros laterales y aparecía con sobriedad cuando le ponían a prueba. Por su parte, el zaguero madridista se bregaba por alto y por bajo, frenaba el ímpetu físico galo con sus equivalentes condiciones corporales y a través de su carácter guerrero liberaba de peligro real lo que ocurría en su parcela del campo. Ellos cimentaron la seguridad defensiva de los de Fernando Santos y lideraron la resistencia lusa ante los minutos de más intenso sometimiento galo.

Pepe of Portugal defends against Andre Pierre Gignac of France during the UEFA Euro 2016 Final at Stade de France, Paris Picture by Paul Chesterton/Focus Images Ltd +44 7904 640267 10/07/2016
Pepe y Rui Patrício lideraron a Portugal. Foto: Focus Images Ltd

A medida que el encuentro evolucionaba, poco a poco comenzaba a adquirir las características que han definido todos los partidos de Portugal en fase de eliminatorias. El ritmo empezaba a bajar, las ocasiones comenzaban a brillar por su ausencia y ambos equipos se aletargaban. Es verdad que la entrada de Coman agitó un poco el tarro, pero la sensación era que la dinámica lusa estaba absorbiendo al combinado galo y este la aceptaba. Visto lo complejo que era derribar la muralla portuguesa, Francia comenzaba a asumir que la final se resolvería por la lotería de los penaltis. Deschamps dijo sí al trato sin saber que era un engaño. Santos guardaba un particular as en la manga.

A punto de alcanzar la prórroga, en un periodo del encuentro en el que no estaba ocurriendo básicamente nada y al técnico galo no parecía preocuparle en demasía pues no alteraba su disposición pese a disponer de jugoso material en el banquillo, Fernando Santos vio que era su momento de dar la estocada e intervino fugazmente, sin que al resto del mundo le diera tiempo a apreciar la naturaleza de su movimiento. Ante una perezosa Francia, que ya había asumido el pegajoso transcurrir del encuentro, Portugal subió repentinamente las revoluciones para asestar un golpe mortal a su presa cuando esta menos lo esperaba. De pronto, Santos introdujo al enérgico Éder por un centrocampista (Renato Sanches), cambió su formación al ofensivo 4-3-3 y transmitió a su colectivo que había llegado el momento de dejar de esperar e ir decididamente a por la victoria. En el instante de más trascendencia, cuando más cosas había que perder, Fernando Santos fue más valiente que nunca. Había olido sangre.

Manager Fenando Santos of Portugal during the UEFA Euro 2016 Final at Stade de France, Paris Picture by Paul Chesterton/Focus Images Ltd +44 7904 640267 10/07/2016
Fernando Santos pidiendo cabeza. Foto: Focus Images Ltd 10/07/2016

El delantero del Lille comenzó a ganar visualmente el juego directo sobre Koscielny – Umtiti, asentando a Portugal en campo contrario y dotándole de una inédita confianza que cambió la inercia vivida durante todo el periodo anterior. No era nada espectacular, pero, por primera vez, los lusos empezaban a intimidar, a sentirse superiores. Entonces, tras varios contactos exitosos, Éder se nutrió del momentum generado por la confianza de sus acciones y se sirvió con la autoridad como para convertirse en el héroe de un país. Ganó un apoyo a Koscielny y se aprovechó de que Umtiti no salió a por él para escorar un ya inolvidable disparo a la esquina derecha de Lloris, vengando la reciente mano de Abel Xavier, el cabezazo de Charisteas y la fallida tanda de penaltis ante España para simbolizar que el infortunio nunca es eterno, que ninguna selección está destinada al fracaso, que siempre hay que creer que la siguiente puede ser la vencida.

Nadie esperaba el zarpazo de Éder y menos en ese instante. Cuando Deschamps quiso darse cuenta, no había tiempo ni energía para reaccionar. Llegó cuando no había vuelta atrás, cuando el guión de la película ya estaba escrito y no quedaban minutos físicos para alterarlo. La maniobra de Santos dejaba a sus rivales con cara de tontos y sin prácticamente oportunidad de replicar. Había llevado al rival a camaleonizarse, a disfrazarse de Portugal para competir contra ellos y, en el momento menos esperado, alteró su fisionomía para vencerse a sí mismo. Efectivamente, como él mismo había profetizado, se fue contento a casa. Como un héroe.

Foto de portada: Focus Images Ltd.

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6 comments

¿Os acordáis cuando William Carvalho sonaba para reforzar equipos como Real Madrid o Manchester United? Nunca lo entendí ni lo entenderé. Ahora parece que interesa al Everton.

El mejor jugador de Portugal en la Eurocopa ha sido Pepe. Y sus actucaciones han sido tan espectaculares porque ha sabido resolver desajustes defensivos de su equipo. La táctica defensiva de Portugal no ha sido buena pero ha funcionado por las enormes actuaciones individuales de Pepe, y en menor medida, Rui Patricio.
Me parece que os estais pegando mucha flipada con Fernando Santos. Tanta flipada como la que se pegan los ultradefensores del juego ofensivo como única forma estética y moral de jugar a este deporte.

Yo creo que Fernando Santos tiene muchísima incidencia en el título de Portugal -y no solo por el cambio de Éder por Renato Sanches-. En la Fase de Grupos vimos a un equipo propositivo, dinámico, ofensivo… y no logró ganar a tres rivales teóricamente inferiores. A partir de ahí da un vuelco y los lusos retornan a su fútbol de antaño: ser un bloque compacto que concede muy poco, bajar el ritmo de los encuentros y confiar en la capacidad resolutiva de Cristiano Ronaldo. El sello del entrenador se percibe en la entrada en el once titular de Adrien Silva, un futbolista que se encargó de anular a Luka Modric y cuya presencia ha aportado la pieza que faltaba al combinado portugués. Por supuesto, Pepe merece todos los reconocimientos. Uno de los centrales más dominantes que yo recuerde.

Si en vez de Ronaldo es otro jugador el que hace la Eurocopa que ha hecho CR7, se le estaría ensalzando mucho más. 1: Hungría: (partido decisivo fase de grupos) dos goles y una asistencia. 2) Croacia: (octavos) Quaresma marca a placer tras un tiro de CR7. 3) Polonia: (cuartos) Es uno de los cinco que marcan en la tanda de penaltis. 4) Gales: (semifinal) marca el primer gol y gracias a un tiro suyo marcan el segundo. 5: Francia: (Final) Le lesionan y no puede hacer nada. No digo que haya sido una super Eurocopa de CR7 porque no ha estado del todo acertado. Pero creo que CR7 ha sido el jugador más importante de Portugal.

Para mí ha sido Pepe el más importante de Portugal, pero coincido en que, sin ser uno de los tres mejores hombres de la competición (Griezmann, Bale y Pepe para mí), ha sido decisivo y ha firmado una buena Eurocopa.

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