La mujer del Renault Clio, el Garona y un gol de Nolito

Nolito se quedó en el banquillo. Foto: Focus Images Ltd.

Es tarde en Toulouse. La gente en Francia también dominguea y la operación retorno del fin de semana a la francesa es algo que la compañía de autobuses no ha tenido en cuenta al planificar el horario de una ruta más larga y pesada de lo esperado. Tampoco contaba la empresa autobusera con el extremo reparo de las autoridades galas en su control de documentación al pasaje. La laxitud vista en los incidentes callejeros de estas primeras jornadas contrasta con el interrogatorio al que nos hemos visto sometidos por parte de dos agentes, quienes por cierto fueron sorprendidos a su vez por un hombre de extrema corpulencia al que tanto ajetreo le había perturbado en su proceso de defecación dentro del minúsculo cubículo situado en las escaleras traseras.

Tras las respectivas paradas por la geografía gerundense y francesa, un control exhaustivo de pasaportes y un atasco monumental, nos recibe el Garona tan cuco, tan pintoresco y tan francés. Ajeno al tostón que nos hemos pegado, el recorrido paralelo al agua que va desde las afueras hasta el centro de la ciudad, con el último sol del anochecer, parece diseñado para la reconciliación de los visitantes con la población que les acoge.

Una vez bajado del autobús, la desesperación más absoluta. La marea roja que esperaba ya debe de haber encontrado algún plan mejor que hacer que andar por las calles y lo que queda del ambiente colorido que esperaba es un grupo de cuatro jóvenes con la rojigualda pintada en la cara. Se acaban de encontrar, están exultantes y tras los abrazos joviales empiezan a hablar sobre el partido frente a República Checa. Uno de ellos, el que lleva puesta la camiseta de Iker Casillas, dice haber apostado mucho dinero al primer gol de Nolito. Pierdo a los chavales en la esquina, donde enfilan en busca de algún bar mientras piden jocosamente con sus cánticos la excarcelación de Torbe; de lejos veo cómo les hace mucha gracia recibir las miradas de los pocos transeúntes que pasan por allí, ser los únicos que saben de qué va la historia tan graciosa que van cantando junto al Garona.

Un chico con la camiseta de Casillas ha apostado por el gol de Nolito. Foto: Focus Images Ltd.
Un chico con la camiseta de Casillas ha apostado mucho dinero al gol de Nolito. Foto: Focus Images Ltd.

Más desesperación. Me acaban de robar un taxi delante de mis narices, me queda un cinco por ciento de batería para encontrar el sitio donde duermo y no hay nadie en el parking de la estación. Bueno, nadie no. Unos metros más allá, una estampa fascinante. Un Renault Clio, bastante trillado ya, muy sucio, con el motor apagado. Dentro, un chico vestido de punto en blanco busca algo en un bolsillo de la americana que tiene colgada en la ventanilla trasera. En el otro lado del coche, una mujer exuberante sale del asiento del copiloto; también vestida con sus mejores galas, se toca un poco la larga melena rizada comprobando que todo esté en su sitio, cambia unas zapatillas cómodas por unos talones y se echa furtivamente un poco de desodorante en los sobacos. Momento incómodo cuando se gira y me ve. Ella acaba de ser pillada en un posición algo indecorosa en la vía pública y yo no quiero parecer un fisgón. ¿A dónde irá la pareja del Clio tan arreglada? ¿Por qué no arranca el coche? ¿Habrá apostado ella por un gol de Nolito? ¿Sabrá quién es Manuel Agudo?

Estoy viendo el Alemania-Ucrania en el sofá de Fabiane y descubro lo placentero que resulta el lamido de uno de sus gatos en mis piernas mientras veo cómo Shkodran Mustafi está a punto de marcarse un golazo un propia portería.

Foto de portada: Focus Images Ltd.

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