La noche de Marek Hamsik

Stade Pierre Mauroy, ‏@StadePM, a 26 feb. 2014.

Nadie situaba a Marek Hamsik entre los candidatos a dominar esta Eurocopa, pero el jugador del Nápoles se está haciendo sitio en el olimpo a codazos. Aterrizó en Francia sin hacer demasiado ruido, pero por pura individualidad, por su ascendencia sobre el resto, por neta resolución, su figura puede mirar a la cara a cualquier otro crack de esta competición. Lo más llamativo es que en su selección no representa el rol de la estrella sobre la que recae la responsabilidad de decidir y que puede liberarse de otras tareas, sino que está tan implicado como el que más en la rocosa estructura defensiva que ha construido Kozak y a ese trabajo le añade una calidad futbolística que lleva a su combinado a otra dimensión. Se está saliendo del mapa.

Se puede decir que si Eslovaquia es una selección con capacidad de competir ante cualquiera es responsabilidad exclusiva de Marek Hamsik. Lo que transforma a un equipo simplemente ordenado defensivamente pero sin ninguna creatividad ofensiva en un conjunto seguro de que puede replegarse porque va a tener oportunidades de llegar a meta contraria es el salto de calidad que pegan las jugadas cuando el balón le llega al interior izquierdo. Él activa a los demás, permite que la pelota llegue en condiciones muy favorables a los correctos Mak, Duda o Weiss, futbolistas con una autosuficiencia escasa y, si hace falta, se encarga de meterlas él mismo para dentro con acciones de supercrack. Ante Rusia, para regocijo de los miles de aficionados eslovacos que se desplazaron a Lille para cantar a su héroe, hizo todo aquello y más.

El balón fue ruso de principio a fin aunque eso no significó prácticamente nunca motivos para que Eslovaquia se preocupara. Los de Kozak vivían muy cómodos cuando el rival tenía la iniciativa. La selección de Slutsky todavía no se encuentra sobre el campo y la impresión que deja en estos dos partidos es que no es capaz de ordenar a sus futbolistas de forma que sean capaces de dañar a través de sus sinergias. Su ataque es absolutamente plano. Ni Smolov en izquierda, ni Kokorin en derecha parecen cómodos en su rol y Dzyuba se encuentra demasiado solo arriba, y no es precisamente un punta autosuficiente, por lo que su sistema ofensivo hace aguas por todos lados. Aunque la cosa cambia cuando el balón le llega a la pierna diestra de Oleg Shatov, ayer mediapunta, que firmó una actuación tan buena que puede competir con la del propio Hamsik. Cada aparición del futbolista del Zenit era un halo de luz entre la lúgubre realidad rusa. Con una calidad y voluntad de protagonismo fabulosa, se movía por todo el frente de ataque, no dejaba de ofrecerse, buscaba combinaciones con los puntas y dirigía las jugadas de Rusia. En definitiva, le cambiaba la cara a su selección cada vez que los ataques pasaban por sus piernas. Incluso firmó una acción espectacular en el 1-2 que permitió que Rusia soñara con el empate y, a través del juego directo sobre Dzyuba, hiciera sufrir a Eslovaquia en los minutos finales llevados en volandas por el calor de su numerosa afición, pero no fue suficiente. Shatov sólo no basta para vestir a Rusia de un buen equipo de fútbol, mientras que Hamsik eleva el nivel a un conjunto que aprovecha lo que tiene con la máxima eficiencia. Esa es la diferencia.

Foto de portada: @StadePB

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