Se lo creen todo

FIL WALES BELGIUM 0163

La confianza es el arma más devastadora que existe en el fútbol. Crece y disminuye de forma inapelable, perfila el carácter de los jugadores y marca tantas diferencias como lo hacen el talento o el físico. Eden Hazard sabe cómo duele perderla y cuánto cuesta recuperarla. Conoce a la perfección lo complicado que es mantenerse en el frente de batalla sin ella. Durante un año entero, el belga se quedó sin nada, vacío: pasó de ser uno de los hombres más desequilibrantes del panorama europeo a un extremo cuya intimidación era nula. No existía. Apareció por allí en los octavos de final de la Eurocopa, y de qué manera, sólo para recordarnos que lo que pasó hace tantos meses no era mentira. Hazard es el ejemplo más exacto del poder anímico en el fútbol si se mira desde el lado negativo.

En el otro extremo está Gales.

No se explica de otro modo, si no es por la plenitud de confianza, lo que la selección de Chris Coleman está consiguiendo en Francia. Tienen un once que repiten casi en cada partido, ocupan bien las bandas y el centro con carrileros e interiores y su atacante es, quizás, el mejor futbolista del torneo, Gareth Bale, pero incluso con todo eso, incluso si mantuvieran todo lo que ya poseen pero sin el punto extra que les garantiza el grado de motivación que han alcanzado, no habrían llegado a semifinales. Porque lo han hecho de forma coral, con un orden táctico fabuloso y con una personalidad emocionante cuando Bélgica les cedió el balón, pero había en cada jugada de los galeses una chispa que salía de los toques que no aparecía con el rival. Así nació el gol de Robson-Kanu, un gol rodado en sueños en el que tumba a tres defensas con un recorte de espaldas dentro del área. Sin equipo desde por la mañana tras haber acabado contrato con el Reading, el atacante galés explotó su fe.

Joe Allen: “Este equipo nunca se rinde. Va a hacer falta algo muy especial para detenernos”.

Un gol mágico (Foto: Focus Images Ltd)
Un gol mágico (Foto: Focus Images Ltd)

Porque al final los belgas tuvieron sus oportunidades, no sólo el hecho de empezar ganando gracias al misil de Nainggolan, sino por las claras ocasiones que fallan Lukaku o Fellaini en el segundo tiempo. El combinado de Wilmots, con una defensa improvisada debido a las bajas de Vertonghen y Vermaelen (además de Kompany, fuera de la Eurocopa), no encontró el modo de superar a un equipo cuya seguridad y aliento eran inquebrantables.

En Gales hay dos futbolistas por encima de la media, siendo uno de ellos tan bueno como cualquiera en la competición. El primero es Aaron Ramsey, al que una amarilla le impedirá jugar en semifinales contra Portugal, que ha crecido en el torneo desde el centro del campo gracias a un dinamismo que le permite apoderarse del partido. Entra en su propia defensa para sacar un balón y acude al espacio en tres cuartos de campo rival para recibir un pase mortal. El segundo es Gareth Bale. Punto. Ha llegado un momento en el que parece jugar para llevarle la contraria al mundo. Dicen que no sé jugar sin espacios, pues bajo a recibir un balón. Dicen que no tengo calidad, pues me cuelo entre dos rivales con un quiebro. Dicen que tendría que jugar por la banda, pues en el centro me hago dueño del destino. Y si veo que el rival grita y llora en una zona del campo, en este caso la banda izquierda de Bélgica con Jordan Lukaku como novato, abuso de su presencia.

La madurez futbolística de Joe Allen, la inteligencia defensiva de Chester o la fortaleza de Ashley Williams en el centro de la defensa. Todo ello ya lo tenía Gales en la fase de clasificación. Todo estaba de su lado, pero el fútbol exhibido en este mes, sobre todo en el duelo contra Bélgica (3-1) en los cuartos de final, es fruto de una inigualable confianza.

El Top-5 de futbolistas del Gales 3-1 Bélgica

La estrella de Gales (Foto: Focus Images Ltd)
La estrella de Gales (Foto: Focus Images Ltd)
Foto de portada: Focus Images ltd

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1 comments

Sin negarle para nada el mérito a los galeses, claro está, pero el bajón de intensidad de los belgas roza lo inexplicable. Evidentemente que el ritmo que le impusieron al partido durante los primeros 15 o 20 minutos era insostenible a lo largo del partido entero, pero su administración del resultado dio una impresión de mezquindad, aún después del empate, que podía haberlos sacudido y no lo hizo. Y después del descanso, Wilmots decide absurdamente sacar a Carrasco quien venía siendo uno de los más incisivos de Bégica: creo que allí es donde inconscientemente renunció a ganar la eliminatoria.

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