Sensaciones de 2012

Spain defender Gerard Piqué (right) celebrates scoring their first goal to make it Spain 1 Czech Republic 0 during the UEFA Euro 2016 match at Stadium de Toulouse, Toulouse
Picture by Kristian Kane/Focus Images Ltd 07814482222
13/06/2016

Pese al txirimiri que goteaba desde buena mañana, el ambiente en la ciudad de Toulouse era el que precede a las grandes fiestas, a las citas amables como la que esperaba tener la Selección cerca de casa. Mayoría absoluta de españoles por las calles, sonrisas cómplices entre los fans y algunos compatriotas emigrados al sur de Francia, griterío y una pregunta común planteada de distintas formas: “¿Il Palace de Justice is por ahí?”.

Allí, en el Palacio de la Justicia se concentraban los aficionados de ambos conjuntos para empezar a calentar un duelo con horario atípico. Ni rastro de lo ocurrido en los últimos días por otras sedes, checos y españoles compartían algunas cervezas matutinas dentro de la cordialidad habitual, sin más gamberrada que algunos atentados al buen gusto y al decoro en forma de disfraz. Entre la jarana una historia emocionante: la de Miguel, un chico de Granada, invidente, que vino junto a sus amigos para vivir el partido de cerca.

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Miguel siguió el partido gracias a los comentarios de sus acompañantes que, como tantos otros seguidores, se quedaron sin entrada para estar en el estadio.

La lluvia arreció y poquito a poco el Stade de Toulouse, situado en un islote dentro del río Garona, se fue acicalando para lo que tenía que ser la fiesta de España. Y así, una fiesta, una exhibición futbolística a la altura de las grandes actuaciones del conjunto de Vicente del Bosque.

Por nervios, por la presión lógica del primer partido o por el buen hacer de los de Pavel Vbra, los primeros quince minutos de España fueron acartonados, es cierto. Busquets, el termómetro para medir si la cosa fluye o no, se sentía bastante incómodo; Cesc y Nolito estaban extremadamente sobones con el balón en los pies y la sensación era que faltaban dosis urgentes de clarividencia. Hasta que apareció Iniesta.

El cambio de rol de Andrés Iniesta desde hace un par de años es incluso más evidente en directo. Sus gestos, su andar, la forma que tiene de pedir el balón ha cambiado. Sin ser arrogante, la pose de Andrés ha dejado de ser la del chaval escurridizo para convertirse en el trote de un señor que impone y reparte su juego cuando y donde se le antoja. De la mano de Iniesta, España vivió sus mejores momentos de fútbol desde, posiblemente, la final de la Eurocopa 2012 contra Italia. En este ir y venir de paredes, combinaciones y llegadas constantes, capítulo a parte merece Álvaro Morata. El delantero de la Juventus fue sustituido cuando aún faltaba media hora larga para que acabase el partido, tras no haber podido rematar opciones francas de gol. Sin embargo, la falta de puntería del canterano madridista no tendría que empañar una labor inteligentísima del joven delantero. La mejor cualidad de Morata es que pareció saber qué hacer en cualquier momento, sabía cuando tirar el desmarque a una banda, cuando acercarse a tocar e incluso cuando podía medirse con el central, jugando de espaldas como si de un pívot de fútbol sala se tratase. Uno de los males de cabeza de Vicente Del Bosque fue encontrar entre tanto talento atacante un perfil que hablara el mismo idioma que sus compañeros y parece que, vista su primera hora de juego en esta Eurocopa, el ‘7’ ha dado con la tecla.

Si decíamos que España se moldeó a imagen y semejanza de Andrés Iniesta, también lo hizo con su gran hándicap: la falta de gol. Lo de la Roja en Toulouse pareció ser casi paranormal, puesto que pocas veces una superioridad tan manifiesta había dado tan poco rendimiento. Y en gran parte fue debido a la actuación de otro mito de este deporte: Petr Cech. El cancerbero salvó a los suyos en multitud de ocasiones pero no lo hizo a base de grandes palomitas ni movimientos sumamente elásticos. El portero del Arsenal realizó un buen número de atajadas ‘silenciosas’. En otras palabras, pareció que Cech sabía en todo momento hacia donde iría el balón, dando medio pasito a un lado justo antes de entrar en acción, dando la sensación que el remate iba al muñeco. Vbra estará sumamente orgulloso de su guardameta, al igual que el entramado defensivo organizado por un Jaroslav Plasil que, lejos de su versión de puñal atacante de antaño, se vistió de croupier para repartir y gestionar el espacio y las migajas de balón de manera muy inteligente para darle el máximo rendimiento a las pocas acciones atacantes de la República Checa.

El excelente trabajo checo, sumado a la desesperante nulidad de España de cara a puerta, presagiaba una reedición del espíritu Gelson Fernandes en suelo francés. No obstante, el sueño húmedo de Albert Rivera cristalizó en forma de jugada: un balón meloso de Iniesta acabó en un catalán salvando a España de otro varapalo inicial. Desde que Gerard Piqué rematara ese balón a las mallas, estaba claro que todos los focos se centrarían en la acción del defensa central del FC Barcelona. Algo sumamente injusto, puesto que el partido de la selección española hubiera sido igualmente bueno con o sin el gol de la unidad. España se llevó tres puntos en su primer partido de la Euro 2016 y puede respirar mucho más tranquila de cara a la fase de grupos, pero lo cierto es que el espíritu y la clarividencia no lo perdió en ningún momento, ante una correosa y bien organizada República Checa. Si los chicos de Del Bosque atinan en sus ocasiones venideras y se acaban de ajustar los roles de Nolito y de Cesc–o del interior que juegue en su lugar– esta España está otra vez para cosas grandes.

Galería de Fotos: Imágenes de la FanZone de España y República Checa en Toulouse.
Foto Portada: Focus Images Ltd.

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