La transformación de Portugal

Fernando Santos Portugal Focus

A la Portugal campeona de Europa en 2016 se la recordará por la transformación que vivió a lo largo de la Eurocopa de Francia. El equipo que alzó la copa en Saint-Denis tras el histórico gol de Éder no se parece en nada al que empezó el torneo en Saint-Étienne contra Islandia. El punto de inflexión se produjo tras la Fase de Grupos. Fernando Santos hizo cambios en el once tipo de su selección, acometió cambios tácticos y, sobre todo, cambió su mentalidad. Desde los Octavos de Final hasta el minuto 120 de la prórroga de la Final, Portugal fue un equipo notablemente competitivo a la par que poco vistoso y poco espectacular. Fernando Santos creyó que esa era la mejor forma de ser campeón de Europa y su apuesta tuvo premio.

El técnico lisboeta aparcó la proposición con balón con la que se había clasificado para la Euro y con la que la había empezado. Y lo hizo por puro pragmatismo: la Portugal de la Fase de Grupos padeció de falta de pegada y se frustró. Era una Portugal posesiva, que dominaba con el esférico y que tenía variados mecanismos para atacar en posicional. Pero era también una Portugal con una ratio extrañamente baja de goles/ocasiones y que también falló un penalti. Esto ofuscó a sus atacantes, jugadores de personalidad y empeño que querían acabar con la sequía como fuese. Esa sensación de necesidad se extendió a toda la plantilla y Portugal se obsesionó con el gol. Los centrocampistas y los laterales se contagiaron del empeño de los de arriba y arriesgaron hasta hacer a Portugal un equipo endeble en defensa. Islandia no necesitó de su mejor versión para marcarle un gol y empatar (1-1). Una desdibujada Austria se animó en la segunda parte y casi rompe el 0-0 final. Y una Hungría matemáticamente clasificada y con rotaciones se puso 3 veces por delante en el último partido de la Fase de Grupos, cuando a Portugal le valía el empate para pasar a Octavos (3-3).

“Portugal hizo tres empates en la fase de grupos. Portugal fue mejor que Islandia y mucho mejor que Austria. Es verdad que no vencimos. No sabemos por qué, no finalizamos las ocasiones que creamos y no es normal en este equipo

 

Fernando Santos, antes de los Octavos. Fuente: EFE/Marca.

Nani William Carvalho Joao Mario Vieirinha Portugal Focus
Nani alienta a centrocampistas y laterales para evitar la eliminación en Fase de Grupos ante Hungría. Foto: Focus Images Ltd.

Ante los magiares, Fernando Santos vio el precipicio y tras ese partido dijo basta. Su Portugal proponía con balón y practicaba un fútbol asociativo. Era una Portugal lejana a las Portugal de Paulo Bento, Carlos Queiroz o Luiz Felipe Scolari. Pero por hache o por be, la pelota no entraba. Había que arriesgar demasiado para que entrara. Y dos selecciones debutantes en una Euro, como Islandia y Hungría, estuvieron a punto de provocar una eliminación más dolorosa que las provocadas por España (2010, 2012), Alemania (2008, 2014), Francia (2006) o Grecia (2004). Ganar es el objetivo en el fútbol, y más en un torneo corto y tan trascendente como una Eurocopa. Cuando pasan los años, habitualmente se recuerda primero al equipo que ganó y, después, al equipo que más bonito jugó. Por ende, Fernando Santos cambió el chip para ganar. Si la propuesta con balón no había surtido efecto y, por el contexto, le había generado ansiedad a su plantilla, bienvenido fue un cambio de plan. Y ese cambio de plan, en la Euro 2016, pasó por Adrien Silva, quien no había jugado un solo minuto en la Fase de Grupos.

La selección lusa encaró el partido de Octavos ante Croacia teniendo claro que le cedería la pelota a una de las selecciones más poderosas por juego hasta ese momento. Fernando Santos le transmitió a los suyos que el gol llegaría tarde o temprano. Que si trasladaban su ofuscación a un rival frustrado por no poder hacer nada con el balón, este se arriesgaría, hasta el punto de exponerse como Portugal había hecho hasta la fecha. Portugal fue, desde Octavos, la antítesis de la Portugal de la Fase de Grupos. Y la responsabilidad de frustrar al rival recayó en Adrien Silva. Santos le ordenó vigilar, marcar y apagar al creador de todos sus rivales desde Octavos.

Primero fue Luka Modrić, al que minimizó por completo con lo que eso supuso para Croacia (Rakitić y Mandžukić desaparecidos; Perišić y Brozović previsibles). Luego fue Grzegorz Krychowiak, el cerebro de Polonia. En ese choque de Cuartos fue Renato Sanches el que empezó el marcaje. No obstante, Santos vio que su fogosidad le dio un gol a favor… pero también varios espacios a Polonia, con lo que lo reubicó y mandó a Adrien Silva vigilar a Krychowiak. Y pasó lo que Portugal quiso que pasara. En Semifinales, Portugal jugó contra una Gales sin Ramsey por sanción. Los lusos le exigieron la inhumana ubicuidad a Bale… porque Adrien Silva tapó al galés más creativo de los disponibles, a Joe Allen. Y en la Final, Adrien Silva se echó encima de Paul Pogba. Lo vigiló aún más de cerca desde que Cristiano cayó lesionado y Santos metió a Quaresma para defender en 4-3-3. Y Pogba acabó haciendo una Final poco lúcida, dejando a la anfitriona dependiente de Moussa Sissoko.

Adrien Silva Modrić Allen
Adrien Silva trabajando sobre Modrić y sobre Allen. Fotos: Focus Images Ltd. Edición: MarcadorInt.

Adrien Silva ha sido la clave táctica que explica el cambio de mentalidad de la Portugal campeona de Europa. Pero hubo también otros factores más visibles, más épicos e igualmente merecedores de un reconocimiento. En primer lugar, el nivel mostrado por Pepe, Rui Patrício y Nani. Pepe fue el salvador de Portugal en la Fase de Grupos y en las eliminatorias, cuando los rivales cuestionaron los dogmas de Fernando Santos. Rui Patrício resultó providencial en la tanda de penaltis contra Polonia y en la Final. Y Nani completó una gran Eurocopa como delantero, con 3 goles y una asistencia. En segundo lugar, el liderazgo de Cristiano Ronaldo, quien pese a perderse casi toda la Final resultó clave por hacerse grande en los momentos decisivos (contra Hungría y contra Gales, en el único partido que Portugal ganó en 90 minutos en la Euro). En tercer lugar, la flexibilidad de Fernando Santos. Flexibilidad a la hora de variar el once para quitar a los jugadores que asumían más riesgos en la primera fase –Ricardo Carvalho en favor de Fonte, Vieirinha en favor de Cédric, Moutinho en favor de Adrien Silva–. Y flexibilidad también a la hora de afrontar las sustituciones en los partidos (la Final como paradigma). Santos consiguió escribir los guiones de sus eliminatorias sin necesidad de balón.

Y en cuarto y último lugar, de forma quizá más abstracta, la fe y la suerte. Portugal creyó en el conservador plan de Santos por fe. El mensaje previo al partido de Croacia caló hondo. Los jugadores se convencieron y retaron a Europa al escuchar a Santos ante la prensa diciendo que firmaba ganar la Euro empatando todos los partidos. También al verle reír cuando le preguntaban por una debatible fealdad de su fútbol. Esa fe ayudó a que los jugadores cambiaran la frustración por el convencimiento. Sacó lo mejor de ellos. Y, aunque eso no se pueda controlar, justificó indirectamente que la suerte fuera benévola con ellos. Tras el palo de Perišić llegó el gol de Quaresma en Octavos. Y tras el palo de Gignac llegó el histórico gol de Éder en la Final. Ese componente azaroso del fútbol, el que diluye meritocracias y discursos científico-matemáticos, es lo que le distingue y le hace especial. Es el que hace que no siempre ocurra lo que sobre el papel parece que va a ocurrir. Tener suerte no es ni malo ni bueno. Y no necesariamente resta importancia a otros factores del juego más racionales, como el componente táctico de Adrien Silva, o a otros más emocionales y épicos, como los protagonizados por Pepe, Rui Patrício, Nani y Cristiano. Todo se junta para explicar el histórico éxito de Portugal, una selección que se transformó en el momento justo para poder campeonar.

“¿Ganar la Eurocopa sólo con empates? Firmo ya

 

Fernando Santos, antes de los Octavos. Fuente: EFE/Marca.

“No me importa nada ser el patito feo o Calimero. Lo que me interesa es ganar e ir a la Final. ¿Que si me gusta jugar bonito? Claro. Pero entre jugar bonito y estar en casa, o jugar feo y seguir aquí… Prefiero ser feo

 

Fernando Santos, antes de las Semifinales. Fuente: EFE.

Fotos de portada: Focus Images Ltd. Edición: MarcadorInt.

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Dar en el clavo nivel: “Ese componente azaroso del fútbol, el que diluye meritocracias y discursos científico-matemáticos, es lo que le distingue y lo hace especial”

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