Un conservador Brujas repliega ante el Dnipro

Jan Breydel Brujas Club Brugge V&A Dudush

Club Brugge jugaba unos Cuartos de Final europeos por primera vez en 20 años. Dnipro Dnipropetrovsk jugaba unos Cuartos de Final europeos por primera vez en 25 años. El duelo de ida del cruce que les medía a ambos tenía, consecuentemente, una relevancia histórica máxima para los dos clubes. Y a nadie le gusta aparecer en los libros de Historia como el malo, el perdedor o el que se quedó a las puertas de llegar a lo más alto. A nadie le gusta salir mal en la foto. Probablemente por esto –y por el impacto económico que supone llegar a una u otra ronda– se entiende que ambos equipos se tratasen con un respeto excesivo y que la asunción de riesgos fuese dejada al margen. Futbolísticamente ya se preveía que el duelo entre belgas y ucranianos iba a ser igualado, y el 0-0 final del primer episodio de esta llave tiene explicación deportiva. No sorprende. Lo que sí lo hace es el exceso de conservadurismo del Club Brugge. Michel Preud’homme tiró del freno de mano de su equipo, el cual empleó muchos más minutos en contemplar replegado los rostros frustrados de los atacantes del Dnipro que en ahondar en su defensa. Los visitantes tuvieron el dominio del encuentro, vías de generación de ocasiones y contragolpes en los que no bastó con Yevhen Konoplyanka. Eso sí, a los del río Dniéper no se les esperaba tan lejos en la competición y han demostrado saber llegar hasta aquí. Tampoco se les esperaba tan aguerridos con las bajas que tenían anoche y batallaron en el Jan Breydel. Puede que el Club Brugge haya sido conservador, haya mantenido su imbatibilidad europea y que haya evitado encajar como local. Pero tras los primeros 90 minutos de eliminatoria, el Dnipro ha dado más argumentos para ser semifinalista que el Club Brugge.

Planteamientos iniciales

El Club Brugge salió al césped del Jan Breydel con un 4-3-3 en el que Víctor Vázquez jugaba como interior izquierdo y no de mediapunta. Ruud Vormer era el homólogo en la derecha del barcelonés, mientras que Francisco ‘el Gato’ Silva ejercía de ancla por delante de un Timmy Simons relegado al puesto de central por las lesiones de Duarte y Engels y la no inscripción de Denswil. Lior Refaelov y José Heriberto Izquierdo eran los volantes que acompañaban en bandas al joven (19) Obbi Oularé, delantero preferido por Preud’homme en el día de hoy para que, con su físico y sus 196cm, bajase balones largos, atacase espacios y chocase con el espigado Douglas Silva (190cm), el central más fuerte físicamente del Dnipro. Para marcarle goles a Mathew Ryan, Myron Markevych salió con un 4-2-3-1 que tenía a a Ruslan Rotan como mediapunta, a Jaba Kankava como mediocentro puro y ladrón, al envalentonado Valeriy Fedorchuk de interior, al croata Nikola Kalinić (187cm) de ariete para el juego directo y al joven (19) Valeriy Luchkevych como homólogo del estelar Konoplyanka.

La iniciativa se presuponía local cuando, en los primeros instantes, el equipo de Brujas mostró su plan conservador para la noche de ayer. Con Víctor Vázquez retrasado, el equipo azul y negro se agrupó en campo propio formando una línea de 5 centrocampistas por delante de la defensa y optó por atacar únicamente sirviéndole balones largos a Oularé. El joven belga de ascendencia guineana tenía que bajar esos balones o bien atacar el espacio al que iban dirigidos en una batalla con Douglas y Yevhen Cheberyachko en la que solamente se mostró algo interesado Izquierdo. El colombiano, no obstante, se mostraba precavido a la hora de participar en ataque, pues una de las misiones fundamentales del repliegue “4+5” parecía ser apagar a los ofensivos laterales del Dnipro, que tanto le han dado a los ucranianos esta temporada. De un lado, Artem Fedetskiy, titular con Ucrania por su calidad en el ida y vuelta. Del otro, Léo Matos, extremo adaptado por circunstancias del que Refaelov rara vez se separaba. Oularé apareció alguna vez en la primera media hora, pero la única ocasión de los suyos en ese tiempo (también en juego directo) fue de Izquierdo.

brudni2Infografía: Share My Tactics.

Konoplyanka ante Vormer

El Dnipro, ante esta propuesta conservadora de su rival, no optó por asumir la posesión que le cedían. Hubiese sido más natural y, de hecho, era lo que parecían sentir algunos jugadores blanquiazules como Kankava o Konoplyanka, que retrocedían para ofrecerse al primer pasador. Sin embargo, el Dnipro optó por imitar al Brugge y colgarle balones a Kalinić para que este generase segundas jugadas con Luchkevych, Rotan o el propio Konoplyanka. Teóricamente, que dos equipos apliquen juego directo de una forma tan similar suele derivar en partidos en los que no pasan cosas. Y eso, considerando que era el Dnipro el que tenía opción de elegir qué hacer porque Preud’homme fue quien mostró primero sus cartas, parecía una opción poco acertada para los de Dnipropetrovsk. No obstante, el conjunto ucraniano era sabedor de que el juego directo no era su única vía de ataque. Tenía dos más.

Una la descubrió pronto, cuando el Club Brugge intentaba proyectar a sus laterales Davy De Fauw y Laurens De Bock en ataque en el inicio de sus jugadas. Alguno de los dos o Vázquez acababan sirviendo malos balones largos desde sus escoradas posiciones. Y si no pasaba eso, acababan mandando cambios de orientación que suponían innecesarias rifas del esférico. El Dnipro recuperaba esos balones y, aunque tuviese a un Rotan poco dado a correr como mediapunta, transitaba camino del área belga con Konoplyanka y, en menor medida, con Luchkevych. El hecho de que los laterales locales estuviesen en altura fomentaba las llegadas de Léo Matos y de Fedetskiy a esas transiciones. El Dnipro tenía el filón de las contras como posibilidad de ataque. Y a mayores, tenía otra vía más: cuando no se podía correr y había que encontrar huecos en el muro, Konoplyanka descubrió pronto que Vormer no estaba ofreciendo su ayuda a De Fauw, que la cultura defensiva de Refaelov es mejorable y que ‘el Gato’ Silva no ofrecía apoyos a la derecha. Por ello, el volante de Kirovogrado empezó a moverse con el balón hacia la zona de Rotan cuando recibía en la izquierda. Ahí, normalmente había espacio como para encontrar un punto débil del mermado Brugge: Simons de central. Por ese espacio, Konoplyanka generó varias ocasiones. Recorriéndolo, dando pases e incluso disparando desde lejos. Pero ninguna sirvió para abrir el marcador.

Konoplyanka Dnipro FocusKonoplyanka fue el jugador del Dnipro que más sensación de peligro creó. Foto: Focus Images Ltd.

Final bloqueado

Entre el minuto 30 y el 60 de partido, el Club Brugge tuvo solo 3 ocasiones claras de gol: un disparo lejano de Refaelov, un remate de córner de De Fauw y una falta del mencionado futbolista israelí. En ese periodo de tiempo, el Dnipro llegó a la frontal del área local no solo con Konoplyanka en transición o en ataque posicional ante Vormer sino que también con Rotan, con Luchkevych, con un Kalinić interesado en mezclar con sus compañeros con el paso del tiempo, con Fedetskiy, con Matos e incluso con Fedorchuk. Oularé desapareció en ese tramo de partido e Izquierdo no fue capaz de generar peligro en el costado del crecido Fedetskiy. El Club Brugge temió por su imbatibilidad y por salir mal en los libros de Historia. Y Preud’homme actuó en consecuencia. Después de la última ocasión de su equipo, generada a balón parado antes de la hora de juego, ordenó a sus hombres que retrasasen más las líneas. Sin necesidad de mover el banquillo, el partido cambió. La altura media del Club Brugge pasó a ser tan baja que al Dnipro no le quedó más remedio que asumir la posesión e intentar buscar huecos. Konoplyanka perdió su ventaja con Vormer, porque la reducción de espacios hizo más efectivo a Refaelov sin pelota y porque, literalmente, dejó de haber hueco entre líneas. Rotan pasó a ser un interior demasiado poco mediapunta como para deshacerse de Silva y solo el atrevido Luchkevych se asomó algo en el área de Ryan con ataque posicional. El Brugge consiguió, ya sí, que no pasaran cosas.

El Dnipro, sin temor a contragolpes por la desaparición de Oularé, por lo rocoso de Kankava y por lo retrasado de los hombres capaces de replicar del Brugge, se instaló en la frontal del área. Los de Markevych pasaron a vivir en tres cuartos de cancha, en el campo de un conjunto local lo suficientemente ordenado como para anular ya a Kalinić y, sobre todo, a Konoplyanka. Léo Matos generó miedo con algún centro, pero el sistema defensivo belga se recuperaba. Yevhen Seleznyov, un delantero más capacitado para moverse entre líneas, entró por Kalinić, pero nada. El joven Luchkevych, desgastado, le dejó su puesto a Bruno Gama, pero nada. Rotan fue sustituido por un mediapunta especializado que incluso sabe ser delantero como Roman Bezus, pero nada. El Club Brugge consiguió que no pasase nada en la última media hora de partido. No quería salir mal en la foto, así que se llevó la cámara y la guardó bajo llave. No quería arriesgarse a aparecer como el perdedor en los libros de Historia, así que jugó un partido que no pasará a esta. Mantiene su imbatibilidad pero empeora su imagen con respecto a la de un Dnipro que ha exhibido ganas de encontrar soluciones a los problemas de los partidos y, sobre todo, de pasar a Semifinales. Si es la actitud pasiva o la activa la que encuentra el premio se sabrá en el Olímpico de Kiev la semana que viene, en un partido en el que Fedorchuk no podrá comparecer por sanción.

Foto de portada: V&A Dudush.

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