Sí los recordaremos

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Ser fiel a ti mismo hasta el final te convierte en reconocible en los momentos de mayor aflicción, cuando no existe remedio para taponar la herida abierta y el desconsuelo se apodera de ti sin remedio. Así cayó el Celta en Old Trafford, carente de maquillaje, mostrándose como lo que es: un equipo cargado de personalidad cuya valiente propuesta cautiva allá donde se presenta y al que su ambición por rebasar los límites de la lógica ha permitido conectar con todo aquel dispuesto a dejarse seducir. Por eso a aquellos que lo sienten como propio les duele tanto, porque existen muchas formar de perder y la de los hombres de Berizzo en Manchester sin duda ha sido la más dolorosa.

Las agujas del reloj giran, pasan las horas y resulta imposible canalizar tanta frustración, nadie está preparado para asumir un revés cuando logra superarse a sí mismo e incluso consigue adherir a su causa a los neutrales. No hay parche que cure ese sentimiento porque todavía no se ha inventado el modo de cicatrizar las brechas que solo provocan nuestras pasiones más profundas. Las lágrimas de quienes tocaron la gran final de la Europa League con las yemas de los dedos tardarán en secarse y no lo harán antes por el mero hecho de contar con el reconocimiento de terceros ni de sentirse respaldados por las palmadas en la espalda de quienes lo viven desde la distancia. Tampoco el presupuesto del Manchester United o su palmarés servirán de bálsamo para todos aquellos a los que la falta de acierto de Beauvue y Guidetti en el último suspiro encogió el corazón. Solo con tiempo y perspectiva uno logrará valorar lo que este grupo humano ha conseguido: ilusionar, emocionar y rozar con sus uñas lo imposible. La victoria pertenece a una minoría exclusiva y a menudo elitista, ponderar cómo uno se ha colado en esa fiesta es el primer paso para ganarse el derecho a disfrutar de una segunda oportunidad.

Manchester United 1 (Fellaini 17′)
Celta 1 (Roncaglia 85′)

Celta vs Manchester United - Football tactics and formations

El partido resultó un vaivén de emociones entre la versión más incisiva del Celta y la más conservadora de un Manchester United timorato en el arranque. Más contemplativo que en la ida, al centro del campo de Mourinho le costó domesticar el balón hasta el punto de ceder por completo la iniciativa: las cuatro primeras ocasiones del choque se las repartieron Aspas, Guidetti, Sisto y Roncaglia mientras Berizzo tocaba a zafarrancho desde la banda. Los locales tardaron un cuarto de hora en gestionar su primera posesión larga y apenas dos minutos más en transformar ese necesario respiro en gol. De las botas del exuberante Rashford, impecable en la toma de decisiones y la ejecución técnica de las mismas una noche más, nacería un centro medio para la irrupción del belga Fellaini en el segundo palo que el pivote del United enviaría a la red tras despistar a Hernández. El tanto exigía una adecuada digestión por parte del Celta, y lo cierto es que a los vigueses les costó encajar el revolcón: la sexta marcha de Pogba para salir victorioso de los duelos individuales ante ‘Tucu’ y Radoja y la finura de Mkhitaryan en el regate cobraron mayor protagonismo y Sergio se vio obligado a aumentar su presencia en pantalla más de la cuenta.

Los celestes saldrían del bache agarrados a Pione Sisto, un talento en construcción que se sabe poseedor de un desequilibrio en peligro de extinción. El danés encara, busca, amaga, zigzaguea y gira sobre sí mismo como una peonza, con la autoridad conferida por sus incuestionables habilidades. A las puertas del descanso el Celta insinuaba pero se quedaba a medias, incapaz de asentar sus ataques a la espalda de Herrera. La falta de pólvora al asomarse a las inmediaciones de la portería defendida por Romero invitó al cuerpo técnico a mover ficha tras el paso por los vestuarios. Saltó Jozabed al césped y las piezas de pronto encajaron: Aspas abandonó la banda para ganar presencia por dentro y la eliminatoria entró en una espiral de todo o nada en la que las manoplas de Sergio y la valentía de Berizzo dando entrada a Bongonda por Radoja resultaron cartas temporalmente ganadoras. Pese al desgaste y al inapelable paso de los minutos, el Celta encontró un merecido premio a su esfuerzo en un cabezazo de Roncaglia a solo cinco del final. El gol del empate hizo saltar las alarmas en los dos conjuntos y en ese estado de excitación Bailly y el ex de la Fiorentina acabarían en la caseta expulsados tras una sucesión de empujones en una riña multitudinaria entre ambos equipos que menguó las ansias de remontada visitantes.

Eduardo Berizzo quiere que su equipo sea fiel a su estilo. Foto: Richard Calver/Focus Images Ltd.
Eduardo Berizzo quería que su equipo fuese fiel a su estilo, y lo fue. Foto: Richard Calver/Focus Images Ltd.

El favorito y poderoso Manchester United pedía a gritos el pitido final del partido mientras Mourinho besaba su reloj como quien implora al tiempo una ayuda para contener el vendaval. Tiró de oficio el representante inglés dilatando un mundo cada acción para desesperación de la hinchada celeste pero no pudo evitar una última oportunidad a los pies de Romero: una acción fugaz en la que primero Beauvue se negaría a disparar en una posición favorable para el remate y en la que acto seguido Guidetti no lograría conectar con acierto y en boca de gol el envío del francés. La final de Solna se escapaba así de forma cruel de las manos de un Celta osado e irrespetuoso con las jerarquías que acogotó a todo un Manchester United en su feudo. Quien olvide lo conseguido por este equipo lo hará por propia voluntad, porque en el fútbol los legados y los títulos no siempre van de la mano.

Foto de portada: Focus Images Ltd.

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