Astérix en Ucrania

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Si lo hubiesen firmado Uderzo y Goscinny no les habría salido mejor. En el Arena Lviv, tras realizar La Gran Travesía y dejar por el camino a regañadientes al Athletic Club de Ernesto Valverde, el Sevilla se enfrentó a un rival valiente, orgulloso de sí mismo y reticente a dar su brazo a torcer a las primeras de cambio. Un oponente con la fuerza suficiente para levantarse, recuperar el color rosáceo en las mejillas y erguir la cabeza con la intención de mirar a los ojos al rey de la competición cuando la mayoría sestean o directamente se encomiendan al sometimiento fruto del temor a un castigo más doloroso.

Si transcurridos cinco minutos de juego el vigente campeón enlaza un ataque perfecto gracias a la inteligencia con el balón en los pies de Éver Banega, la astucia de Kevin Gameiro y la verticalidad de Vitolo, hundiendo a Yaroslav Rakitskiy en el césped y silenciando de paso a la grada, lo que te pide el cuerpo es mirar al cielo con preocupación preguntándote cuándo caerá el cielo sobre tu cabeza, como solía cavilar Abraracurcix¡El Cielo se nos cae encima! Sin pócimas mágicas más allá de la identidad conferida por el druida Mircea Lucescu a lo largo de los años, el Shakhtar Donetsk se soltó la correa tratando de someter al conjunto español por puro aplastamiento: los laterales avanzaron 20 metros su posición, el centro del campo incrementó su presencia en las inmediaciones de la portería defendida por David Soria y el agujero para deshilachar las costuras de Unai Emery lo acabó encontrando Marlos. El fino extremo de São José dos Pinhais cogió La hoz de oro, sesgó la zaga hispalense y sembró La Cizaña entre Sergio Escudero y Daniel Carriço, inconsistentes durante el grueso del choque. Dispuso de tanto tiempo para definir el ’11’ naranja que hubiera podido construir allí mismo La Residencia de los Dioses de haberlo meditado.

 

Los locales no se ciñeron al guión teórico, pues éste invitaba a bajar las pulsaciones en busca de una bocanada de aire fresco. Se debieron de quedar con hambre porque, sin mediar palabra, prefirieron sentarse a la mesa y pedir un segundo plato a optar por lo de siempre y amordazar a Asurancetúrix. Conscientes del shock inoculado en los jugadores sevillistas –quizá también anestesiados por la contundente respuesta encajada–, los ucranianos clavaron su lanza de nuevo con la intención de pinchar por segunda vez en carne española. Y no tardaron en plasmar su aventura en el marcador. Una acción de estrategia ejecutada con precisión desde el perfil izquierdo desembocó en el 2-1 merced a un testarazo franco de Taras Stepanenko, carente de cualquier tipo de vigilancia por parte de las torres de Unai. Marlos, que en su zurda atesora La Rosa y la Espada, sirvió otra copa de veneno: un trago suficiente para meter medio cuerpo del Sevilla en La Gran Zanja. Sin embargo, el otro medio está hecho de la pasta con la que nacen los elegidos para saborear la gloria o de la piedra con la que se esculpen los mejores menhires. Sin saber muy bien cómo, agarrados a la pierna derecha de Banega como quien se aferra al Escudo Arverno, los Grzegorz Krychowiak, Steven N’Zonzi y compañía acabaron trepando por las barbas del enemigo hasta guardar su premio en El Caldero. Leyendo entre líneas a El Arrebato, una aldea poblada por irreductibles galos resiste todavía y siempre al invasor…

 

Tras recomponerse a la pérdida de Michael Krohn-Dehli, amargo protagonista de una escalofriante lesión de rodilla, el Sevilla recurrió a lo infalible: Gameiro. El punta francés, ignorado por el seleccionador galo Didier Deschamps para desgracia de su propio combinado nacional, probó por enésima ocasión que de pequeño se cayó en la marmita del gol. Gozó de dos oportunidades y no perdonó en ninguna de ellas: la primera, anulada por el juez de línea al levantar la bandera marcando un dudosísimo fuera de juego, casi milimétrico; la segunda, completamente válida, desde el punto de penalti. Ni presión ni dudas, un golpeo seco de interior alejó la pelota del alcance de Andriy Pyatov, quien todavía parecía dibujar onomatopeyas sobre su cabeza mientras se lamentaba por la infracción cometida segundos antes por el Chucky Ferreyra, el autor de la pena máxima sobre Vitolo.

El próximo jueves, penúltima prueba antes del Combate de los Jefes en Basilea. El Sevilla no tiene la intención de ceder Los Laureles del César.

Foto de portada: mural sobre Astérix y Obelix.

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