Babacar lo cambia todo

Montella Fiorentina - Focus

Resultaba difícil de explicar que la Fiorentina se marchara de vacío de Kiev. Que, al menos, no se llevara un gol de vuelta a Italia. Más todavía cuando Mohamed Salah estaba completando un encuentro excelente. El nivel del egipcio desde que ha aterrizado en la Fiore es excepcional. En Ucrania, agarró la eliminatoria por la pechera desde el primer minuto y se propuso destrozar a Antunes, que quedó retratado en varias ocasiones. Rompió literalmente al lateral portugués, que se marchó lesionado pasado el minuto 20, y continuó con el croata Vida. Sin piedad. Cada vez que Salah recibía, se zafaba del primer defensor. No siempre logró consumar sus conducciones maradonianas, arrancando desde la derecha para terminar por el centro, pero generó pánico y ocasiones de gol. Con un Salah desatado y una Fiorentina que pisó la frontal del área muy a menudo, costaba explicar que los toscanos llegaran al tiempo de descuento sin anotar.

La culpa, en cualquier caso, queda repartida. Por un lado, la Fiorentina adolece de un delantero goleador que transforme todo lo que genera el equipo. Por las razones que sea, Mario Gómez está muy lejos del nivel que mostró cuando era el delantero centro titular de uno de los candidatos a ganar la Champions. Si luciera otro nombre en la espalda, no reconoceríamos al ariete internacional por Alemania. Y Giuseppe Rossi sigue lesionado. Por el otro, el Dinamo de Kiev trabajó bastante bien a nivel colectivo, más allá de los agujeros que abría Salah. Khacheridi, después de perder dos balones en situaciones muy comprometidas en los primeros compases, se centró y anticipó gran parte del peligro que llegó a la corona del área ucraniana; Yarmolenko se mostró comprometido en labores defensivas; y, sobre todo, los tres centrocampistas limitaron mucho la influencia de sus homólogos toscanos.

En esta línea, el partido de Rybalka fue especialmente llamativo. La vida tiene estas cosas: ves por casualidad, casi en familia en Riga, un Skonto-Slovan Liberec de una ronda previa de la Europa League y dos años después te encuentras con que ese menudo centrocampista se convierte en uno de los mejores jugadores de un choque de cuartos de final disputado ante unos 70.000 espectadores. Su trabajo en la sombra fue soberbio. Siempre bien colocado como mediocentro, escoltando a Sydorchuk y al fino Buyalskiy, Rybalka se empachó a base de recuperar balones. Uno detrás de otro. O bien tapaba la línea de pase más clara y lo terminaba interceptando, o bien iba a la ayuda para que el Dinamo terminara robando el balón. Así frenó en varias ocasiones conducciones de Salah que parecían imparables. Asistió a sus compañeros y jugó la pelota con sencillez, sin pérdidas comprometidas ni pases de excesivo riesgo.

Rybalka Dinamo Kiev -  Александр Осипов

Rybalka, mediocentro del Dinamo de Kiev. Foto:  Александр Осипов

Si Rybalka sostuvo al equipo en defensa, Yarmolenko estiró al Dinamo de Kiev siempre que tuvo ocasión. Su primera mitad fue notable, casi a la altura de la actuación de Mohamed Salah en el bando contrario. El extremo ucraniano condicionó el partido e influyó cada vez que tocó el balón. Partía desde la derecha, pero aparecía por dentro, se juntaba con Lens e imaginaba asistencias imposibles. Un huracán que arrasó todo lo que se encontró a su paso en la primera parte y empujó a los de Rebrov cuando peor lo pasaron. El público también lo percibió y cada vez que arrancaba, aunque se encontrara a cincuenta metros del arco rival, se escuchaba un runrún en la gradería que pronto se transformaba en gritos de ánimo y esperanza que firmara una jugada memorable. Se diluyó un poco tras el descanso, quizás desgastado por el trabajo defensivo. Aunque, en cualquier caso, los mejores minutos del conjunto ucraniano bastaron para que Lens abriera la lata con un disparo afortunado que Tomovic desvió a su propia portería, un toque fatídico que impidió la intervención de Neto.

Si ese gol parecía mucho castigo antes del descanso, mayor frustración sintió la Fiorentina cuando atacó y atacó en la segunda mitad sin igualar la contienda. Borja Valero cabeceó al poste, pero realmente los toscanos tampoco generaron tantísimas ocasiones. Pero la sensación de peligro existía. Embotellaron al Dinamo de Kiev, limitaron las salidas de los veloces Lens y Yarmolenko y el balón merodeaba el área local cada pocos minutos. Pero pese al desequilibrio de Salah, siempre aparecía alguna pierna que evitaba que Shovkovskiy interviniese. Hasta que Khouma Babacar se sacó de la chiesta un remate acrobático. Remató de espalda a portería ante la oposición de un rival, en un intento de tijera, la clavó el 1-1. Un gol memorable. El primero del delantero senegalés en los dos últimos meses. Y, por supuesto, su tanto más importante esta temporada. Ahora el Dinamo de Kiev debe marcar si quiere estar en la semifinales. Como mínimo.

Foto de portada: Focus Images Ltd.

Related posts

1 comments

Rybalka jugó contra el Sevilla en la fase de grupos de la E.League el año pasado,cedido por el Dynamo junto con otro ucraniano Kalivintsev creo recordar.

Deja un comentario

*