Caos contagioso

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27/08/2013
Fenerbahce fans hold up a scarf during the UEFA Champions League match at the Emirates Stadium, London.

Mi casa, mis reglas. El Fenerbahçe ejerció de anfitrión ante la visita del Ajax y propuso de forma cordial un partido disputado a la manera otomana, con los rasgos más característicos de los mejores encuentros de la liga turca. Unas condiciones que los neerlandeses aceptaron de inmediato, sin parpadear. Así pues, el Fenerbahçe-Ajax se convirtió en un correcalles, en un partido de ida y vuelta constante en el que nadie ponía un segundo de pausa. Todos los pases eran verticales, como si antes del choque ambos equipos hubiesen acordado un código ético que prohibiese pasar el balón hacia atrás, en una norma opuesta al avant rugbístico. Ningún futbolista sentía siquiera la necesidad de mirar atrás, como si quisieran evitar entrar en el campo visual de una mirada rencorosa de un compañero que no había recibido un pase tan claro como seguro.

Dentro del escenario alocado en el que se sumió el duelo -en especial en el primer tiempo-, pudieron lucir los galopadores de ambos conjuntos. Nani y sobre todo Lazar Markovic disfrutaron de fases en las que recibían con enorme facilidad entre líneas antes de activar el piloto automático en dirección al área de Cillessen, sin importar la cantidad de defensas que hubiese en la línea imaginaria que separaba el balón de la portería. Lo mismo ocurrió con El Ghazi y Bazoer, que se siente bastante cómodo en partidos rotos que le permiten lucir su exuberancia física. Así se fue edificando un encuentro roto en el que se jugaba a tal velocidad que la precisión brilló por su ausencia, pues a menudo los jugadores no necesitaban de demasiada presión para perder el balón. Ya lo perderían por su excesivo ímpetu y sus malas decisiones. El Ajax se contagió del ímpetu y el caos turco y se dejó llevar.

Cillessen regresó a la titularidad tras varios días de baja. Foto: Focus Images Ltd.
Cillessen regresó a la titularidad tras varios días de baja. Foto: Focus Images Ltd.

El Fenerbahçe-Ajax parecía una avenida de 10 carriles tan propia de una macrourbe donde viven millones de personas en la que Gudelj y Topal se vieron abrumados en su intento por regular el tráfico ante el desorden y la prisa de los vehículos que transitaban la vía. Sin pausa siquiera para esperar que Fernández Borbalán anotara las tarjetas antes de poner la pelota en juego de nuevo, el partido poco a poco se fue inclinando del lado otomano. El Fenerbahçe empujó más en el segundo tiempo, obligó a Cillessen a intervenir y no hizo más daño a la zaga del Ajax porque Robin van Persie anda con la confianza bajo mínimos, pues pocas veces se le ha visto disparar a portería con tan poca convicción como en sus últimos meses ni caer tanto en fuera de juego como este jueves ante el Ajax. Sin la titularidad garantizada en Estambul, ni muchísimo menos, a RVP no le ayudará que el jugador que entró en su lugar en el minuto 72, el brasileño Fernandao, anotara el gol de la victoria a la salida de un córner al borde del tiempo de descuento. Porque en las normas del juego el Fenerbahçe se había reservado una pequeña sorpresa en forma de diana sobre la bocina. La letra pequeña que tantos disgustos le cuesta al Ajax de Frank de Boer.

Foto de portada: Focus Images Ltd.

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