Coutinho baila en Old Trafford

Liverpool celebrate after Philippe Coutinho (2nd left) of Liverpool scores the equaliser during the Capital One Cup Final at Wembley Stadium, London
Picture by Alan Stanford/Focus Images Ltd +44 7915 056117
28/02/2016

El mayor valor de Jürgen Klopp no ha sido mejorar al Liverpool. Hacerlo competir y sacar resultados contra los rivales más difíciles, véase Chelsea, Manchester City o Manchester United, tampoco ha sido lo más destacado. El potencial que se le intuye a su proyecto es importante, pero no es la primera causa por la que se respira el clima actual en Anfield. Desde que Klopp empezó a representar al Liverpool ha cambiado la perspectiva, se ha dado un giro a la forma de mirar los acontecimientos: los reds ya no miran a los demás desde abajo, sino que se enfrentan cara a cara; no se cubren para que no ocurra lo peor, sino que eligen buscar lo mejor; no lloran una posible derrota en la previa del partido por un emparejamiento difícil en Europa, sino que la primera lágrima cae cuando han perdido en una tanda de penaltis. Con el técnico alemán como figura más importante del club se evita que sean los futbolistas quienes se acomoden. Toda la plantilla es prescindible salvo el entrenador, el eje sobre el que se mueve el Liverpool, y por ello todos los jugadores luchan para gustarle. Uno no cree en un ser humano de forma irracional si no comprueba que tiene motivos para ello, pero Klopp se ha encargado en sólo unos meses -y por todo su trabajo previo en Alemania- de convencer a una institución de que lo más lógico es seguirle.

Que la mayor ovación de la hinchada red que celebró en Old Trafford la clasificación de su equipo (3-1 en el global) fuese para Jürgen Klopp lo explica todo sin necesidad de entrar en detalles. El Liverpool está en cuartos de final de la Europa League después de haber eliminado al Manchester United siendo superior en el global del duelo.

Jürgen Klopp: “¿Una lucha intensa ante un gran rival? Guay. Sabíamos que iban a reaccionar, que iban a ser más intensos. Tuvimos un pequeño problema en la primera parte con las segundas jugadas, pero cuando tuvimos el balón creamos muy buenas ocasiones. Me encantaron esos dos minutos antes del descanso porque reaccionamos rápido”.

Jürgen Klopp (Foto: Focus Images Ltd)
Jürgen Klopp (Foto: Focus Images Ltd)

Jürgen Klopp, The Normal One

El Liverpool superó el momento más crítico del partido convirtiéndolo en el más crítico para su rival. En otras palabras, era de esperar que Old Trafford se encendiese, que los locales volasen con el objetivo de remontar la eliminatoria (2-0 en la ida) y que generasen oportunidades. Por momentos, el Manchester United fue un vendaval: “Jugamos como ellos jugaron contra nosotros en la ida. Creamos muchas ocasiones en la primera mitad, pero concedimos un gol en los últimos segundos antes del descanso”, lamentó Louis van Gaal en rueda de prensa. “Cuando asumes el riesgo de ser tan agresivo y de presionar tan alto, asumes que ellos te pueden contraatacar”. El de los red devils estaba siendo un empuje motivacional, los futbolistas volaban por el ambiente que se había creado y el Liverpool no era capaz de sostener la presión. Un pase mal dado, un fallo de concentración… y un penalti de Clyne sobre Martial, ése que siempre encara y convierte posesiones en ocasiones.

La fortaleza mental que han ido cultivando los futbolistas del Liverpool apareció en cuanto el Manchester United no fue capaz de dominar de forma clara, sino que únicamente creaba peligro. Tras cada ocasión de los locales, los de Klopp se levantaban y pegaban más fuerte. Como si el dolor no existiese, como si en todo momento quedasen fuerzas para seguir luchando. El partido entró en un intercambio de golpes en el que no hubo pausa: llegada en una portería, llegada en la otra. Un centro del campo con Carrick y Fellaini, donde el segundo era casi un delantero, no abarcaba todo un ancho por el que se movían Firmino, Lallana, Coutinho o Emre Can, una vez más comandante general de su parcela. Ayudados por una exhibición de Sakho en la línea defensiva, disciplinado y, esta vez sí, ordenado y fiable, con contundencia militar, al Liverpool se le cambió la cara, pues a un equipo de Klopp le puedes intentar robar el alma, le puedes marcar goles, le puedes achuchar en su área, pero si le dejas espacios por delante nunca hay garantía de supervivencia. “Me encantaron esos dos minutos antes del descanso porque reaccionamos rápido”, dijo Klopp sobre el empate en el marcador, que vino después de una oportunidad aún más clara de Henderson. Esa no rendición y verticalidad dio sus frutos con una magnífica jugada de Coutinho, que se quedó en un uno contra uno contra Guillermo Varela, al que dejó atrás con un giro de cadera y, cuando encaró a De Gea, puso la pausa y al mismo tiempo la pelota por encima del portero español, con sigilo, sin presión. Era el gol que obligaba a marcar tres más (un total de cuatro) al Manchester United, por lo que al mismo tiempo era el gol que mataba la eliminatoria. La única opción verdaderamente ofensiva del banquillo local, Memphis Depay, ni siquiera entró. Y el mejor terminó siendo el de cada día. “El partido fue un Liverpool contra De Gea”, dijo Klopp.

David De Gea (Foto: Focus Images Ltd)
David De Gea (Foto: Focus Images Ltd)
Foto de portada: Focus Images Ltd

Related posts

1 comments

Deja un comentario

*