San Mamés resistió

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Jueves tarde, lluvia, noche europea y San Mamés ardiendo. Todo aficionado al fútbol es capaz de dibujar las imágenes mentales que le evocan instantáneamente esas 9 palabras. Ese intimidante escenario inicial es un patrimonio con el que cuenta de partida el Athletic y que por sí sólo explica una parte de sus éxitos recientes. El fervor y la atmósfera colectiva que consigue generar la unión equipo-hinchada penetra en el tuétano de todos los contendientes y pesa decisivamente en las eliminatorias. Arrastra a los que no están preparados para ellas hacia donde quieren los leones. Sin embargo, Míchel (y Alkorta, su segundo) conocía al dedillo de qué iba a eso. Ha visitado La Catedral las suficientes veces como para saberse el truco de dicho templo. Y no iba a dejar que a los suyos les pillara de imprevisto. Sabedor de que la Uefa Europa League era la última bala con la que contaba para trascender en este Marsella al menos durante esta temporada, puso toda su energía en diseñar minuciosamente un plan con el que tratar de salir victorioso de un contexto que a priori partía desigual. Impregnó a los suyos del vigor que necesitaban para no salir derrotados por el mero paso del tiempo y les ofreció caminos para escapar de las trampas que impone tan único estadio. No le salió del todo, pues este Athletic tiene ya espíritu de fajador veterano en este tipo de torneos y no basta con golpearle para tumbarlo, pero la actuación del Olympique de Marsella mereció el elogio que quizá no ha encontrado en toda su etapa en Francia. No fue fácil lo que hizo.

Athletic Club vs Olympique de Marseille - Football tactics and formationsPlanteamientos iniciales. Foto: Sharemytactics

No sorprendió a nadie el conjunto de Ernesto Valverde en su primer contacto con el partido. Salió a aprovechar esa ventaja espiritual de la que dispone imponiendo el altísimo ritmo que acostumbra. Fue a presionar agresivamente la salida de balón gala y a tratar de imponerse mediante su ya clásico juego directo. Ocurre que se encontró una respuesta que quizá no esperaba. El conjunto francés no sólo salió con la activación mental adecuada que le permitió no salir sacudido por la intensidad de las fricciones, saltos y duelos físicos que se sucedieron, sino que trató de buscar los puntos flacos de la propuesta vasca. El doble pivote Lass – Cabella se aprovechaba de su excelsa técnica y capacidad de giro para superar las presiones iniciales, contactaba con los participativos Fletcher y Batshuayi que buscaban siempre apoyos para ponerles de cara y lanzaban por los costados a sus dos hombres de banda, dos balas: Nkodou por la izquierda e Isla por la derecha, que se reencontraban a la carrera con sus puntas. Míchel sabía que el sistema bilbaíno escondía cierto desorden disimulado con intensidad, así que juntó los pases necesarios para que aparecieran los espacios. Y a fe que lo hicieron. Liderados por un Lass Diarrá que demostró seguir siendo un centrocampista de primer nivel (firmó una actuación estelar tanto ganando los duelos como dirigiendo las transiciones de su equipo) y con los chispazos de calidad del ayer interior Cabella, encontraron las dinámicas asociaciones que le permitieran llegar con frecuencia a la meta Iago Herrerín. Cuando el ritmo feroz que seguía el partido se lo permitía, abrían a sus centrales, desplegaban a los incisivos Manquillo y Mandy y se posicionaban con pulcritud en campo contrario. Dominaron todas las fases del juego. Durante la primera parte zarandearon al conjunto local. Sin embargo, y aquí viene lo meritorio del conjunto vizcaíno, los del Txingurri Valverde no le regalaron lo más mínimo. Aguantaron la tempestad y se mantuvieron en pie. Y en cuanto olieron sangre… devoraron a su presa. Por algo les llaman leones.

El OM de Míchel se adelantó con un gol Batshuayi. Foto: Focus Images Ltd.
El planteamiento de Míchel fue muy meritorio. Foto: Focus Images Ltd.

El Athletic no encontraba su juego y no era capaz de poner en apuros a Mandanda. Notaron significativamente la baja de Iñaki Williams a la hora de disponer de un elemento punzante que sacara partido al atrevimiento visitante con sus desmarques. Y vieron como su rival les llegaba con asiduidad. Mas no hicieron tonterías, no se volvieron locos y se defendieron con veteranía, saber estar y conocimiento del juego. Laporte y Etxeita fallaron en el 0-1, sí, pero otro gol les hubiera complicado muchísimo la eliminatoria y se mantuvieron firmes y estoicos hasta que la tormenta pasara. Y pasó. La exigencia física y mental del juego de los franceses no podía durar todo el partido y llegados al minuto 70, el encuentro vivió esa fase en tierra de nadie en la que ambos se temen, el miedo a un gol fatídico nubla todas las mentes y nadie puede conjuntar la serenidad suficiente como para coger al partido del pecho. Allí el Athletic se rehizo. Conoce más que la mayoría este tipo de momentos, porque los ha vivido mucho en los últimos tiempos. Ha disputado cinco finales en el último lustro. Y esa veteranía pesó. Supo mantener el orden y, en un sosegado ataque de los rojiblancos, Susaeta percibió que había un espacio a la espalda de Mendy y tiró un certero y seco desmarque. De Marcos le encontró, el internacional español la puso franca y Sabin Merino se impuso a Manquillo para meterla dentro. Pam. Empate. En un momento, el Athletic castigaba el defecto galo con frialdad y precisión. Su gol valía tanto como todo lo que había sido capaz de producir su rival en una primera parte extraordinaria. No precisó hacer un gran partido para plantarse en Octavos de Final. Le bastó con el saber competir de esta generación. Se lo ha dado las finales.

Foto de portada: arstxopo

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