Diez minutos de inspiración

A general view of Estadio Ramón Sánchez-Pizjuán, Seville
Picture by Daniel Hambury/Focus Images Ltd +44 7813 022858
27/03/2015

El Sevilla-Basilea parecía a priori un encuentro muy diferente al disputado hace siete días en St. Jakob Park (0-0) porque los suizos solo habían ganado uno de sus últimos cuatro partidos lejos de su estadio, porque en España nunca habían logrado el triunfo en partido oficial (2 empates, 6 derrotas), porque de aquí habían salido varias veces goleados (24 goles en contra en 8 partidos) y porque el Sevilla había dejado su portería a cero en 12 ocasiones de las últimas 15 posibles ante su afición. Por si esto fuera poco, el Sevilla acumulaba 16 victorias consecutivas y 22 partidos seguidos marcando en Nervión. Y de la mezcla de todos estos ingredientes salió un partido relativamente cómodo que el conjunto hispalense logró dejar sentenciado antes del descanso. Cuando el colegiado alemán Deniz Aytekin decretó el paso por vestuarios, los de Unai Emery ya gozaban de una renta de tres tanto en el marcador, colchón suficiente para que el acceso a los cuartos de final no corriese peligro a lo largo de la segunda mitad. Sin los lesionados Vitolo y Konoplyanka, Reyes ejerció de capitán y también de maestro de ceremonias: el utrerano tiró de galones y de sus botas salieron los dos primeros goles de la noche. El primero, un córner ejecutado a la perfección que a la postre remataría Rami de cabeza en el punto de penalti; el segundo, fruto de una acción individual del ’10’ finalizada por Gameiro en las inmediaciones de la línea de gol gracias a la inoperancia de la pareja de centrales visitante, la formada por Høegh y Suchý.

José Antonio Reyes: “Cualquier sevillista hubiera firmado a principio de temporada un pase a cuartos”.

Urs Fischer: “Con el 0-1 al descanso, la eliminatoria todavía habría estado abierta”.

Antes de perforar la portería defendida por Vaclík en dos ocasiones, tan solo Bjarnason había generado peligro en campo sevillista, más por pundonor y descaro que por clarividencia con la pelota. Sin noticias de Janko ni de Delgado, Kolo y Rami estuvieron más pendientes de no cometer errores innecesarios en la salida desde atrás que de frenar a sus oponentes. Tras encajar el 2-0 en el 43′, el Basilea no dispuso de tiempo ni para digerir el golpe: dos minutos más tarde, Gameiro se volvió a convertir en la peor pesadilla para el anfitrión. Esta vez asistido por Krohn Dehli –el danés se tuvo que retirar lesionado en el 52’–, el delantero francés volvió a hacer gala de su efectividad en los últimos metros anotando su 21º tanto de la temporada. Deschamps no se acuerda de él para la selección francesa, pero a Kevin parece no importarle demasiado. Sigue a lo suyo. Y en el Sevilla a estas alturas lo tienen claro: el mejor sustituto del colombiano Carlos Bacca ya estaba en la plantilla el pasado curso. Con el 3-0 en el bolsillo, el vigente campeón de la Europa League no se confió, mantuvo la intensidad en todo momento e imposibilitó cualquier intento de maquillar la diferencia en el electrónico hasta el tiempo de descuento, el lapso temporal en el que el joven Embolo gozó de la ocasión más clara para lo suyos. Escudero se cruzó en su camino.

La tranquilidad con la que se vivió el desenlace del choque permitió a Emery dar entrada a Krychowiak –reaparecía después de superar los problemas físicos que venía arrastrando desde hace semanas–, y el polaco a buen seguro será uno de los pilares sobre los que se sustente la candidatura al título europeo de los nervionenses. En una noche de perfecta comunión entre equipo y afición, el Sevilla demostró de nuevo por qué le tiene tomada la medida a la competición: si alguien quiere apearlo del camino a un nuevo título, lo mejor será que evite desconexiones como las de los hombres de Urs Fischer. Bastaron diez minutos de inspiración para mandar al Basilea a la lona. 

Foto de portada: Focus Images Ltd.

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