El club de una ciudad fantasma

Así es el desértico paisaje de Agdam (Foto: Marco Fieber)

Azerbaiyán no será el país con más prestigio futbolístico del mundo, pero cada rincón tiene su pequeño trozo de gloria. Si recordamos las 10 últimas eliminatorias europeas jugadas por el FK Qarabag azerí (tres en 2009, cuatro en 2010 y tres en 2011), encontramos triunfos de mérito ante clubes como el Honka finlandés, el Metalurg macedonio, el Portadown de Irlanda del Norte y, especialmente, ante el Rosenborg noruego y el Wisla Cracovia polaco. Sólo equipos de entidad, como el Twente, el Borussia de Dortmund y el Brujas, han cortado las alas de este club que esta temporada vuelve a Europa. En el partido de ida de la previa de la Europa League derrotó por 0-1 al Metalurg macedonio, equipo con el que ya se encontró en 2010.

El FK Qarabag es un club muy querido en Azerbaiyán. A veces, el dolor despierta un gran sentimiento de solidaridad en aquellos que te rodean, y este sería el caso. El FK Qarabag fue fundado en 1951, en Agdam. En los tiempos de la Unión Soviética fue un club de categoría regional, demasiado flojo para jugar fuera del campeonato local azerí pero lo suficientemente bueno para formar parte de la primera división de Azerbaiyán cuando llegó la independencia de esta exrepública soviética en 1991.

La Unión Soviética, sin embargo, no se rompió en un solo día. Los que vivían en Agdam en 1988 lo saben. Esta ciudad se encuentra en plena región del Nagorno-Karabaj, una zona dentro de Azerbaiyán pero de población mayoritariamente armenia. Ya en los primeros 20 años del siglo XX, armenios y azeríes habían protagonizado incidentes violentos en la zona y Agdam había visto una cruel matanza de civiles armenios en 1905. El puño de hierro de Stalin calmó los ánimos de los nacionalistas durante décadas aunque, como escribía Albert Camus, el bacilo de la peste siguió escondido en los armarios y despertó con fuerza de nuevo en 1988.

Aquel año los fantasmas del pasado volvieron. La población armenia de esta zona votó a favor de unirse a la república de Armenia. Todos intuían que era cuestión de meses que estas repúblicas se convirtieran en estados independientes, y los armenios del Karabaj querían formar parte de un estado armenio y no ser una minoría dentro de Azerbaiyán, tal y como habían decidido los gobernantes rusos que en el pasado habían trazado las fronteras. Los azeríes de la región, por su parte, se negaron a unirse con Armenia. Y la violencia estalló. Cuando la Unión Soviética desapareció, en el Karabaj ya llevaban tres años de guerra entre armenios y azeríes, con el componente religioso que añadía gasolina al fuego: cristianos contra musulmanes.

En 1993, con la guerra llegando a su fin, los armenios, en plena ofensiva victoriosa, conquistaron Agdam a pesar de que era una ciudad con pocos armenios, justo en la frontera del Karabaj. Pero era la base del ejército azerí y ocuparon la ciudad. La población civil local huyó como pudo en Azerbaiyán.

Así es el desértico paisaje de Agdam (Foto: Marco Fieber)
Así es el desértico paisaje de Agdam (Foto: Marco Fieber)

18 años después del fin de esa guerra, el Karabaj todavía es una República Independiente no reconocida por nadie. Un vacío legal. Un agujero en el mapa político de Europa. De facto, forma parte de Azerbaiyán. Pero, en realidad, es un estado armenio no reconocido que sobrevive como puede tras una guerra donde militarmente ganaron los armenios. Defendiendo su seguridad, los armenios decidieron que Adgam y el territorio adyacente sería un colchón militar, de manera que la población local, que había huido durante la guerra, no pudo volver a sus casas. Y se quedó en el exilio en Azerbaiyán. Incluidos los jugadores, directivos y socios del FK Qarabaq, el club de fútbol local. Quien no huyó fue el entrenador, Allahverdi Bagirov. Alistado en las milicias de autodefensa azeríes, murió cuando volvía del frente en Agdam y su vehículo pisó una mina. Su mujer malvive en un piso de Bakú a pesar de ser la viuda de un héroe nacional.

Hoy, Agdam es una ciudad fantasma, vacía. Donde se levantaba el estadio de fútbol sólo quedan restos de muros y hierba que ha crecido hasta ocultar el viejo césped. Y la mezquita de la ciudad, que era preciosa, es un edificio que se cae a pedazos. Durante años, los armenios de otras poblaciones del Karabaj han destrozado Agdam para obtener materiales de construcción a un precio muy económico. Aunque en todas partes el FK Qarabaq figura como club de Agdam, no ha jugado en esta ciudad desde 1993. Básicamente porque la ciudad ya no existe. Es un montón de escombros.

La mezquita de Agdam (Foto: theonlymikey)
La mezquita de Agdam (Foto: theonlymikey)

Pero el club sí existe. En 1993, jugando como local en Bakú, ganó la liga. Una auténtica locura. El mismo año que su ciudad era conquistada por los armenios, el club de Agdam ganaba la liga de Azerbaiyán con un nuevo entrenador, pues Bagirov prefirió defender con las armas los intereses de los suyos, perdiendo allí la vida. Toda esta mística le ha dado al FK Qarabaq el estatus de club mártir, por el cual es muy querido en todo el país.

El uso de símbolos de la región de Karabaj lo ha convertido en un imán para los nacionalistas azeríes, ya que estos reclaman como suya esta región marcada por el dolor. Llevando a las gradas a refugiados del Karabaj, el club ganó una segunda liga en 1997 y en 1999 se convirtió en el primer club azerí en ganar una eliminatoria europea, en la Intertoto ante el Maccabi de Haifa.

En los últimos años ha ganado dos copas gracias al capital de la potente empresa Azersun, dominada por empresarios turco-azeríes. Étnicamente, los azeríes son como los primos de los turcos, y Turquía es el principal inversor y referente de este Estado. Los radicales del FK Qarabag, de hecho, han adoptado el mismo nombre que los ultras del Galatasaray (UltrAslan) y suelen llevar camisetas de este club.

Los azeríes siguen soñando con el día en el que puedan volver a casa en el Karabaj. En cambio, los armenios de esta zona sueñan con el día en el que puedan formar parte del estado armenio sin salir de casa. Dos intereses demasiado opuestos, de manera que las negociaciones entre los diferentes bandos ya hace 15 años que duran. En espera del día en que comience la reconstrucción de Agdam -si esta llega, claro-, el club juega desde abril de 2009 en Quzanli, la ciudad más cercana. Una zona, la de la frontera de Nagorno-Karabaj, donde el club ha impulsado proyectos humanitarios y escuelas de fútbol para los hijos de los refugiados de la guerra. Con acciones así, el FK Qarabag -que juega en Bakú los partidos importantes- se mantiene sentimentalmente unido a Agdam. Por internet circulan algunas fotos del estadio donde jugaba el club durante los años 80. Es difícil intuir un campo de fútbol. Agdam es una ciudad fantasma. Pero el FK Qarabag mantiene vivo su recuerdo.

6 comments

Enorme tu artículo Toni. El Cáucaso es un lugar muy interesante a la hora de analizar conflictos bélicos y la región del Karabaj una de las más olvidadas del planeta. Si no recuerdo mal, creo que Vagif Javadov, uno de los mejores jugadores azeríes de los últimos años, militó en el conjunto local. Interesante su historia y mejor aún tu reportaje.

Qué decir. Aquí un licenciado en Historia que pensaba que el Karabakh aun jugaba en Agdam. Genial artículo que demuestra, una vez más, que el fútbol es maravilloso cuando se analiza desde la simbología, la ideología, la Historia…la cultura. Con el vomitivo panorama periodístico actual, periodistas así son el último asidero para no abandonar la afición por este deporte.

Magnífico artículo. Viendo lo que los "periodistas" deportivos de hoy en día ofrecen da gusto leer cosas como esta. Me parece mucho mas interesante este artículo que los diferentes peinados de Gareth Bale, por ejemplo. Y una pregunta, ¿la versión premium de la app para android que coste tendrá cuando salga?

Toni, dices que la provincia de facto pertenece a Azerbaiyán, pero por lo que dices parece que en realidad oficialmente es de ellos pero está ocupada por el ejército y las autoridades armenias, es decir, justo lo contrario. ¿Es así?
Buen artículo, como siempre

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