El enorme valor de la constancia

Athletic -  MAITE ELORZA

Dicen que la paciencia es el gran atributo de la constancia. Su conjugación suele acarrear frutos tarde o temprano y esa es la receta que llevó a cabo el Athletic Club en el Olímpico turinés durante el segundo tiempo –especialmente- tras una primera mitad donde empezó mandando y acabó recibiendo un varapalo difícil de asimilar. La remontada del equipo piamontés neutralizó los buenos minutos iniciales en clave bilbaína, derivando en una versión más vulgar, aquella a la que nos viene acostumbrando durante la presente, hasta la fecha.

Como ya dejó entrever en la previa, Ernesto Valverde cumplió sus intenciones alterando inicialmente el dibujo habitual de los suyos. Ante la situación que atraviesan, al técnico se le pedían alternativas, soluciones. Tan llamativas como efectivas y no sólo de inicio, también durante el transcurso, pues con un doble cambio (de sistema, incluido) consiguió reactivar a un Athletic con dominio estéril y de ritmo lento en la segunda mitad.

Apostó por un 1-4-3-3 cuyas sorpresas principales fueron la presencia de Iago Herrerín en lugar de Gorka Iraizoz bajo palos, y en ataque. A la más que previsible titularidad del joven Iñaki Williams, se sumó la participación de Borja Viguera e Iker Muniain. El exdelantero del Alavés actuó escorado a banda izquierda y desde allí fue capaz de originar el primer tanto vasco, culminado por la astucia de Williams –tumbado hacia la derecha- para atacar el espacio liberado de la retaguardia, en solitario.

Sin embargo, lo que llamó poderosamente la atención de todo esto, fue la posición del delantero pamplonés. Muniain abandonó el costado para actuar de falso nueve por el centro acompañando a Viguera y Williams en la formación ofensiva. Esta variante dificultó en muchas fases del encuentro la salida de balón de un Torino que, una vez superada esa línea de presión alta, fue creciendo con el paso de los minutos (a pesar del 0-1) y sin necesidad de elaborar excesivamente. La optimización de recursos es una de las características cardinales del equipo de Giampiero Ventura y supo explotarla con mucha solvencia –al contragolpe- durante buena parte del choque, minimizando así las intenciones de su rival.

A raíz del estreno goleador del joven ‘león’ con el primer equipo, el Athletic fue a menos. Al contrario que un Toro liderado por Omar El Kaddouri, de intervenciones tan puntuales como decisivas. Todo ello en un contexto de intercambio de golpes y ritmo frenético. Mientras los pupilos de Valverde intentaban dominar a través de la combinación interior, los italianos fraguaban su dominio con vertiginosa verticalidad y centro al área, cuando conseguían superar la presión bilbaína. Fulminantes transiciones defensa-ataque. Los carrileros, dos puñales. Molinaro y Darmian tuvieron una incidencia máxima en los dos goles del equipo turinés, junto con el futbolista belga de origen marroquí. El primero asistió en el tanto del empate, mientras que el segundo hizo lo propio en el 2-1 tras una buena división de Maksimovic para sortear el empuje visitante. En ambas ocasiones, previa asociación con El Kaddouri y posterior finalización de Maxi López con espléndidos remates.

Así empezaron:

Torino vs Athletic Club - Football tactics and formations

 

Al ver volteado el marcador –de forma justa- cuando más duele, al borde del tiempo de asueto, los de San Mamés vivieron sus peores minutos sobre el verde del Comunale con un fútbol ramplón, sin profundidad ni ideas. En la tendencia de la presente temporada. El descanso sirvió para reconducir el rumbo y asumir el peso del partido. Y aunque fue mediante una posesión estéril, la iniciativa volvió a recaer en los jugadores de Valverde, quienes se estrellaban una y otra vez ante un dispositivo italiano cerrado y tremendamente junto. Frente a este pasaje, el Athletic parecía abocado a la frustración por no conseguir generar peligro ante un rival muy cómodo cuya consigna era acabar de hacer sangre a la contra.

Esa era la consecuencia que quiso, y consiguió, evitar a toda costa la escuadra vizcaína. Sin prisa, pero sin pausa. Sin exponerse en demasía para no encajar ni imprimiendo el ritmo más alto, pero con paciencia y perseverancia. Con cautela, consciente de la duración de la eliminatoria. Hasta que Valverde decidió mover ficha con un llamativo doble cambio con modificación de sistema, incluida. Del 1-4-3-3 pasó al 1-3-5-2, muy semejante al de su rival con intención de contrarrestar, introduciendo a un defensa (Gurpegui) en lugar de un delantero (Viguera) y cambiando de banda a De Marcos para dar entrada a Iraola. Un cóctel, a la postre, decisivo.

Pero para que esta serie de variantes acabaran de mostrar efecto, el Athletic necesitó un espaldarazo: la estrategia. Hasta el momento, el Torino había dominado todo el espacio aéreo en jugadas de estrategia con un imperial Kamil Glik pero la aparición de Carlos Gurpegui cogió por sorpresa a la zaga granata. Todo un mazazo que el Torino intentó devolver con Amauri y Fabio Quagliarella en el campo. Intrascendentes. Como efecto contrario ello sirvió para que los bilbaínos hallaran espacios y bajo la sombra de la jugada del 2-2, Kike Sola estrelló un balón al palo a servicio de un Beñat que tuvo la última del partido en una falta que rozó el palo izquierdo de la meta de Padelli.

Tras la reanudación, y con el resultado en contra, el Athletic recobró las malas sensaciones que le persiguen durante esta campaña a pesar del enorme valor que le adjudicaba el tempranero tanto de Williams. En cambio, bajo la varita de su técnico y unas directrices basadas en la serenidad y la constancia, alcanzó un botín más preciado de lo que podía imaginar antes y durante el duelo. Y con ello, romper el maleficio de sus anteriores visitas a un Olímpico de Turín que acabó enmudecido por el rugido de los leones de Valverde.

Así terminaron:

Torino vs Athletic Club - Football tactics and formations

Foto de portada: Maite Elorza

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