El Rubin Kazan se aprovecha de la desgracia bética

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Una vez acabados los primeros cuarenta y cinco minutos del partido no era descabellado pensar que el Betis tenía ante sí mismo la oportunidad de resolver la eliminatoria antes del duelo de vuelta. Los verdiblancos generaron más ocasiones que en sus últimos partidos juntos y por una vez, el encuentro parecía ponerse de cara con la expulsión de un rival. Sin embargo, la falta de puntería en la definición acabó pasando factura de manera cruel en la segunda mitad.

Sorprendió a propios y extraños el tanto de Dídac Vilà. No sólo por ser la primera ocasión de peligro del partido, sino porque el lateral zurdo se marchó con una facilidad pasmosa aprovechando la fragilidad rusa en defensa, línea que hasta el segundo tiempo no mostró señales de contundencia. Buena parte de culpa también hay que achacarle al meta Ryzhikov, que sacó hasta tres ocasiones claras de peligro de forma magistral. Baptistao llegó a desesperarse durante el primer tiempo. También Cedrick, haciendo gala de su chispa, vio como un derechazo suyo fue desviado por el arquero y una vaselina se acabó marchando fuera a puerta vacía.

El Betis jugó a placer, el dominio era clarividente, aprovechando el planteamiento conservador de Mamidov -que hacía las funciones de primer entrenador porque Bilyaletdinov no ostenta el título de entrenador aunque se sentara en el banquillo-. En los espacios que proporcionaban la defensa y los dos medios centros surgían Salva Sevilla y Nosa para asociarse con Baptistao, que cuajó su mejor partido como verdiblanco. Curiosamente, jugando en punta y no escorado a la derecha -posición en la que arrancó Chuli-.

La absurda expulsión de Prudnikov provocó que el dominio bético se incrementara, aunque el Rubin tuvo un par de coletazos con efecto gaseosa evidenciando su ritmo de pretemporada. Eremenko aparecía a cuenta gotas, con exquisita calidad eso sí, buscando entre líneas a Torbinski. En la medular, Kulik y M’Vila no daban señales de vida para retener el esférico y equilibrar al equipo. Sharonov ni siquiera hacia gala de su saber estar en defensa. Además, el Betis también andaba rápido en la presión a la hora de evitar posibles contragolpes del rival pese a jugar con superioridad numérica.

La segunda mitad parecía arrancar por los mismos derroteros. Juanfran insistía con centros laterales desde la derecha que en la mayoría de casos acababan en manos de Ryzhikov. El de Boadilla ganaba confianza encarando constantemente, y con acierto, al veterano Gokdeniz. No obstante, la cara del partido empezó a menguar muy pronto. El Betis dejó de encontrar espacios y su ritmo con el balón en los pies bajó considerablemente. No creo que fuera un problema de actitud esta vez. La grada sí lo interpretó de esta manera. A diferencia del primer tiempo, la circulación era espesa, sin dinamismo ni claridad de ideas. En gran medida, porque el Rubin estaba más compacto, intenso y ofrecía menos espacios. Los silbidos de la afición -exagerados por momentos- parecían trasladarse a la piel de los propios futbolistas, que se desquiciaban con el paso de los minutos pese a ir ganando.

Los jugadores del Betis aplauden a la afición tras acabar el partido (Foto: www.realbetisbalompie.es)

El vaso se colmó con la desafortunada jugada que marcaría el devenir del partido. Gokdeniz arrancó por su costado izquierdo aprovechando la subidas de Juanfran. Al paso del contragolpe tuvo que salir el omnipresente Lorenzo Reyes, que venía claramente por detrás. Sin embargo, en el intento que el jugador turco no pisara zona de castigo, el chileno fue abajo y le derribó claramente fuera del área. El colegiado belga tomó la decisión de señalar la pena máxima -sin dudarlo un solo instante-, pese a las protestas. Eremenko no perdonó aunque Adán adivinó la trayectoria.

Calderón quiso reaccionar volcando a los suyos hacia arriba pero ni con Jorge Molina, Rubén Castro y Baptistao en el campo, lograron materializar sus acercamientos frente a un rival en inferioridad numérica. La máxima del fútbol volvió a imponerse: si perdonas, lo pagas caro. Lo cierto es que el Rubin no exigió como para cometer los fallos defensivos garrafales a los que nos tiene acostumbrados el equipo verdiblanco. Esta vez sólo ante la portería contraria. La conclusión es que el Betis volvió a transmitir la sensación -para más desgracia- de que las decisiones y circunstancias del juego también le acaban dando la espalda.

 

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1 comments

No me sorprende que Leo rinda mejor en punta que en banda derecha. En esa posición fue donde destacó con el Rayo (la banda derecha era para Lass). Si ha jugado en banda hasta ahora ha sido porque en el Atlético estaban Costa y Villa por delante, y en el Betis, Castro.

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