Frustración napolitana

Rafa Benítez Focus

Parecía cuestión de tiempo, del mismo modo que había sido cuestión de tiempo que el Nápoles abriese la lata. El equipo partenopeo no jugó una gran primera mitad, pero en los compases iniciales abrió al Dnipro por las bandas, puso en jaque a Leo Matos en el carril izquierdo, y encerró a los ucranianos en su propio terreno, sin concederles oportunidades claras para desplegarse. Si el Dnipro resistió el 0-0 hasta el descanso fue por la soberbia actuación del central brasileño Douglas Silva, opositor al mejor zaguero de la actual edición de la Europa League. El central visitante despejó hasta 14 pelotas en los primeros 45 minutos e interceptó todos los balones que sobrevolaron el área ucraniana. Con la cabeza, con la derecha, con la izquierda e incluso con el trasero si era necesario, Douglas rechazó todo. Absolutamente todo. Pero el gol terminó cayendo por inercia. En la jugada más sencilla, seguramente. El Nápoles, pillo, ejecutó con rapidez un saque de banda, Hamsik se coló libre en el área y provocó un córner que terminó rematando David López. Al Nápoles le costó agujerar la defensa local, pues tardó 50 minutos en marcar, pero lo logró de forma justa y tras el gol se sintió mucho más cómodo, abrió en canal al Dnipro y generó ocasiones de sobra para sentenciar el choque e incluso la eliminatoria. Parecía cuestión de tiempo que llegara el segundo.

Pero Boyko, el guardameta visitante, desesperó al Nápoles. Paradójicamente, se mostró muy inseguro en los múltiples córners que sirvieron los partenopeos, pero poco importó porque frustró a Higuaín y mantuvo con vida al Dnipro cuando peor lo pasó. Con el 1-0 llegó la tormenta, el huracán, el Nápoles moviendo el balón a una velocidad frenética, las ocasiones llegando en tromba, por la derecha, por la izquierda, en córners, ataques posicionales y contragolpes. Conmoción visitante y éxtasis napolitano una vez abierta la lata, una vez el Dnipro se veía obligado a modificar el plan inicial. El Nápoles, rebosante de confianza, disparó mucho y desde posiciones privilegiadas. Hamsik empezó a recibir entre líneas, Maggio y Ghoulam seguían percutiendo por las bandas e Higuaín dispuso de más espacio para moverse, cayó a los costados y arrastró a ambos centrales, unas veces a Douglas y otras a Cheberyachko, y pasó de sufrir enjaulado en el área ucraniana a encarar a Boyko con frecuencia. Pero el argentino no marcó. Hamsik le asistió en dos ocasiones clarísimas, pero el ex del Real Madrid perdonó ante la inspirada oposición del portero rival en múltiples ocasiones. Demasiadas para tratarse de una semifinal continental. También lo probaron Insigne y Callejón, y de regalo la zaga visitante despejó dos centros en el área pequeña antes de que llegara al remate un futbolista partenopeo. Entre el minuto 50 y el 80 vimos media hora de un Nápoles sublime, con un Hamsik y un Higuaín devastadores. Aunque faltó pegada.

Higuain Argentina - calciostreaming

Higuaín perdonó el 2-0 en varias ocasiones. Foto: calciostreaming.

Cuando parecía que la sentencia estaba al caer, llegó lo inesperado. Mientras el Nápoles crecía y crecía, mientras se volcaba en ataque, Markevych introdujo algunos futbolistas de perfil más ofensivo. Entraron Bezus, Bruno Gama y Seleznyov, pero los italianos mantuvieron al Dnipro encerrado en su mitad de campo. Hasta que el Dnipro se desplegó. Apareció Fedetskiy libre de marca por la banda derecha, con todo el tiempo del mundo para alzar la cabeza, analizar la situación y centrar. Se desajustó el Nápoles, que cerró mal su carril zurdo, y Seleznyov remató completamente solo en el segundo palo. En fuera de juego, como su compañero que intentó conectar con el centro de Fedetskiy en el primer palo justo antes. Mazazo. Cuando el Nápoles se veía con el partido en el bote y muy cerca de un segundo gol que les metiese en la final, le sorprendió el Dnipro por la espalda y le hundió la cabeza en un cubo de agua helada. El mazazo del empate, en la única ocasión ucraniana en muchos minutos, fue tan fuerte que los de Benítez no se recompusieron, pues quedaron noqueados por un golpe que nadie vio venir. Cuando los partenopeos creían que estaba casi hecho, pues habían superado el primer muro que conforma Douglas, se toparon con el último escollo de resistencia, un sublime Boyko que permite soñar a su equipo. En un instante se pasó del éxtasis a la tristeza más absoluta: el Nápoles bajó de las nubes y quedó enterrado bajo tierra.

El Dnipro, ese equipo que no hubiese superado la fase de grupos si no le hubiesen anulado un gol legal al Qarabag (contra el Inter) en el tiempo de descuento de la sexta jornada, afrontará el partido de vuelta en Kiev sin presión. Ante un Nápoles exigidísimo y obligado a anotar al menos un gol para visitar Varsovia el próximo 27 de mayo. No se le puede pedir nada más a un equipo que ha superado todas las expectativas.

Foto de portada: Focus Images Ltd.

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