Ir al bar para ver a tu equipo por stream

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Vilnius es una ciudad maravillosa. Una ciudad que te entusiasma a medida que te vas adentrando en ella. Que te va ganando poco a poco, paso a paso. Una ciudad en la que puedes encontrar un pub irlandés de nombre italiano (La Birra) en el que televisen un partido que se juega en Armenia. Bueno, tampoco es que lo televisen. Ningún canal lituano lo emitía esta tarde, así que los bares se buscaron la vida y éste conectó un ordenador con las pantallas gigantes. De este modo se pudo seguir con relativa normalidad. Éste era el ambiente:

Lo seguimos con relativa normalidad, pero no vimos ningún gol pese a que el partido acabó en empate a uno. Porque el Pyunik se adelantó, pero, al menos a mí, me pilló untando una patata frita en una deliciosa salsa. Pero me di cuenta del tanto en contra porque un par de aficionados maldijeron en voz alta. Faltaba menos de media hora para que acabara el partido -habíamos entrado en La Birra para ver la segunda mitad- y el Zalgiris Vilnius debía aguantar ese 1-0 para estar en la siguiente fase. Un segundo gol forzaría la prórroga. No olvidemos que estos partidos de competición europea son los más importantes de la temporada para un club de la dimensión del Zalgiris Vilnius, líder destacado en la liga lituana. Avanzar rondas en competición europea es uno de los pocos alicientes que le quedan.

Sin embargo, no pudimos ver la última media hora en condiciones. Fue imposible. El link se bloqueó y la imagen se congeló. Y los hinchas del Zalgiris, evidentemente, se pusieron nerviosos, aunque tampoco demasiado. Claro, eran siete u ocho en un bar de un país en el que se dice que no gusta el fútbol, aunque en Alytus digan lo contrario. En cualquier caso, acabamos viendo unos tres minutos de los últimos treinta, más o menos. La imagen iba y venía. Y, cuando faltaba poco para el final, el marcador pasó a ser de 1-1. De golpe. Sin avisar. Sin saber nosotros nada. Sin haber visto quién era el héroe que metía al Zalgiris en la tercera ronda de la Europa League. Sin saber si era un golazo desde el centro del campo, un tanto en propia meta o una jugada llena de rebotes. En cualquier caso, la decena de aficionados -si es que llegaba a ser una decena- celebró el movimiento en el marcador. No sabían que Kuklys había empatado de penalti. Kuklys, que también había anotado uno de los goles clave en la ronda anterior. Se lo habían perdido, pero poco importaba. Quedaban menos de cinco minutos y los armenios tenían que marcar tres goles. Misión imposible.

Tampoco vimos el pitido final. El stream se cayó y el camarero decidió cambiar y optar por la retransmisión de un partido de béisbol de ESPN. Nadie celebró la clasificación. En realidad, fue algo bastante extraño. Quizás porque el gol del empate sentenció al Pyunik. O quizás porque los pocos aficionados que veían el partido en realidad no tenían un gran interés en el encuentro del Zalgiris. Nadie estuvo pendiente de si se acababa el partido y el equipo de su ciudad certificaba el pase a la siguiente ronda, más allá de un par de extranjeros pendientes del móvil.

Pero, más allá de ese bar, la vida en Vilnius seguía. Con actividad en la calle, grupos de jóvenes bailaban y algunos conciertos se celebraban en plazas escondidas que recordaban a algunos rincones de Berlín. Aunque, a diferencia de la capital alemana, el club que representa a la ciudad más grande de Lituania sigue vivo en Europa.

 

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