Un matrimonio perfecto

Jurgen Klopp head coach of Liverpool during the UEFA Europa League match at Estadio El Madrigal, Villarreal
Picture by Maria Jose Segovia/Focus Images Ltd +34 660052291
28/04/2016

Jürgen Klopp y Anfield parecen hechos el uno para el otro. Viendo cómo se ha comportado el Liverpool de local en sus tres últimos compromisos europeos (Manchester United, Borussia Dortmund y Villarreal) se entiende mejor por qué el entrenador alemán asumió aquel riesgo el pasado mes de octubre: afrontar siete meses de competición con una plantilla que no has formado tú y que, además, presenta carencias importantes en algunas áreas. Klopp no quería dejar escapar este tren. Y el Liverpool no podía permitirse desaprovechar esta oportunidad después de tres temporadas con Brendan Rodgers en el banquillo y un saldo de cero títulos. Jürgen aún no ha estrenado el suyo, pero está a 90 minutos de hacer campeón de la Europa League a un equipo que jugará su segunda final en tres meses (perdió en los penaltis la Capital One Cup).

El Liverpool y Klopp están hechos el uno para otro. Jugaron a su favor dos elementos muy poderosos: la atmósfera creada por Anfield y el talento que exprimió el Liverpool a partir del planteamiento de su entrenador. Anfield consiguió que un futbolista como Bruno Soriano firmase una actuación muy por debajo de su temporada y de su nivel habitual. Anfield impulsó a sus jugadores para que generasen tantas ocasiones en 90 minutos como alguna vez ha recibido el Villarreal en un mes entero de competición. Y ante esa avalancha no existió respuesta por parte de un equipo superado como nunca antes esta temporada, en el momento más inoportuno. Porque la velocidad fue un arma letal del Liverpool: la velocidad de movimientos y, sobre todo, la velocidad imprimida a la circulación de balón. La escuadra inglesa movió la pelota a una velocidad altísima, dificultando muchísimo las distintas ocupaciones defensivas de los jugadores del Villarreal, incapaces de frenar la sangría en el carril central e incapaces de hacerse fuertes en los costados.

Para hacer circular el esférico a esa velocidad que desarma al rival es imprescindible disponer de futbolistas con los recursos técnicos que tienen Roberto Firmino, Philippe Coutinho, Adam Lallana, un delantero como Daniel Sturridge o centrocampistas con el despliegue físico de Emre Can y James Milner. La aportación de Can y Milner resultó fundamental para que el Liverpool recuperase la pelota rápido y lo hiciese en campo contrario. Además, dotaron de muchísimo criterio al juego ofensivo del Liverpool y pusieron en práctica aquello de que la mejor defensa es un buen ataque. La mejor forma de que la lentitud de Kolo Touré no penalizase al Liverpool era tener la pelota, abrir el campo y atacar. La mejor forma de evitar que Denis Suárez generase fútbol era impedir que el balón llegase a su pie derecho. Y así sucesivamente.

La caída en Anfield pone fin a un curso más que notable del Villarreal. Buscaba el sobresaliente a través de la final de Basilea, pero no fue posible. Avanzó en la competición tras cargarse a conjuntos potentes como el Nápoles o el Bayer Leverkusen, pero no tuvieron antídoto para Anfield. No por ello deja de tener un enorme mérito el trabajo realizado por Marcelino García Toral en un equipo debilitado tras la marcha de Luciano Vietto o Denis Cheryshev en verano, así como las distintas lesiones sufridas durante el curso. Nada de eso impedirá al Villarreal estar en agosto peleando por la Champions. Sí fue un obstáculo demasiado grande el Liverpool de Jürgen Klopp.

Foto de portada: Focus Images Ltd

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