Un partido para revivir viejas heridas

Vilnius 1

Cuando miles de hinchas de los principales equipos turcos se unieron para formar parte de las manifestaciones contra el primer ministro Erdogan, colgué en Twitter una foto referente al tema. Un usuario me censuró por mezclar fútbol y política y, como pude, le rebatí el argumento. Yo no mezclaba fútbol y política. Eran millares de turcos los que lo hacían, yo me limitaba a contar el asunto. La politización del deporte es un tema espinoso, pues muchos lo entienden y otros lo critican. Incapaz de politizar al club que amo, admito la atracción por las historias donde estas dos esferas se unen. Herencia de ese chico que soñaba con ser historiador, supongo. Pero estas historias no son un intento de unir fútbol y política. Son millares de personas las que lo han hecho. Y yo lo cuento.

En la previa de la Europa League se juega uno de estos duelos profundamente politizados. El Zalgiris Vilna-Lech Poznan. Más de 2.000 hinchas polacos han anunciado que pretenden ir a la ciudad lituana de Vilna, aunque el club local solo ofrece 350 entradas. La policía lituana se prepara para un día duro. Todo encuentro entre un club lituano y otro polaco es dinamita. De repente, con una bufanda atada al cuello, miles de jóvenes sienten que con sus cánticos mantienen vivas viejas reivindicaciones.

Las relaciones entre Lituania y Polonia son malas. Unidos en su momento en esa ‘República de las Dos Naciones’ de los siglos XVI y XVII, lituanos y polacos se enfrentan por territorios que consideran suyos. La zona donde ahora cruzan las fronteras de estados como Polonia, Lituania o Bielorrusia han sido históricamente tierras donde personas que usan lenguas diferentes y rezan a iglesias diferentes viven unas al lado de las otras. Trazar aquí una frontera era un asunto complicado, como se demostró después de la Primera Guerra Mundial, cuando polacos y lituanos reclamaron como suyos territorios comunes, como la ciudad donde se jugará el primer partido de la eliminatoria, Vilna. Entre 1919 y 1920 los dos estados se enfrentaron en una guerra donde los polacos conquistaron Vilna, ciudad que hasta 1939 perteneció al nuevo estado polaco. Los polacos recuerdan que el primer censo registrado de esta ciudad, confeccionado por el Imperio ruso en el siglo XIX, afirmaba que el 30% de la población era polaca. Y sólo el 3% lituana. Tristemente, se ignora que entonces el 40% de la población ni hablaba polaco ni lituano. Hablaba yiddish, pues era judía. Comunidad que fue borrada del mapa entre pogromos y el holocausto en una página vergonzosa de la historia mundial. Pero esta es otra historia.

En 1945, los soviéticos decidieron que Vilna sería parte de Lituania, convirtiendo la ciudad en la capital de esta república. La población judía había sido asesinada. La polaca, casi, pues durante la ocupación nazi los colaboracionistas lituanos lucharon por “lituanizar” la ciudad. Muchas heridas abiertas que no cicatrizaron bien.

Vilna, escenario del partido de mañana entre Zalgiris y Lech
Vilna, escenario del partido de mañana entre Zalgiris y Lech

Hoy en día los dos estados luchan por mantener relaciones más abiertas pese a que les queda un camino largo por recorrer. La minoría polaca en Lituania reclama el derecho a usar su lengua. Se calcula que el 19% de la población de Vilna es polaca, y durante el último día nacional lituano grupos de jóvenes tiraron piedras a negocios con carteles en esta lengua. Los lituanos se quejan amargamente de que la minoría lituana que vive en Polonia no tiene escuelas donde aprender su lengua. Y los grupos más radicales de los dos estados mantienen vivas consignas de los años 20 y reclaman poder ampliar sus fronteras ganado terreno a su vecino.

En este contexto, la presencia de un equipo polaco en Vilna es sinónimo de tensión. Los ultras del Zalgiris han protagonizado en el pasado incidentes marcados por su odio hacia todo lo que suene a polaco. Además, el Lech es un club bautizado así en honor al legendario fundador de la nación polaca. Sobre el césped, el Lech llega como favorito a una ciudad que en 1938 tenía un equipo, el WKS Śmigły, jugando en la primera división… polaca. Entonces, la ciudad se llamaba “Wilno” y no “Vilnius” como ahora, y pertenecía a Polonia. En cambio, el nombre de Zalgiris hace referencia a una batalla del siglo XV, la Batalla de Grünwald, en la que la alianza formada por Polonia y Lituania se enfrentó a la Orden Teutónica de habla germana. Zalgiris deriva de eso, de ahí que otros clubes -como el Zalgiris Kaunas de baloncesto- también usen esta partícula en su nombre. Curiosamente, Poznan, la ciudad del Lech, también vivió sus guerras y tensiones con Alemania, estado que dominó durante muchas épocas esta urbe. Pero esta es otra de las numerosas historias escondidas en el este de Europa.

Bonus track:

El periodista de la televisión lituana Nerijus Kesminas comentó para MI cómo es la relación entre Polonia y Lituania por parte del país báltico:

La relación entre Polonia y Lituania no es del todo buena. No obstante, creo que la relación con los polacos es mejor que la que tenemos con los rusos, porque todavía es muy reciente y la población lo recuerda bien. Polonia no invadió a Lituania, sino que fue una unión entre ambos, fue otra historia. Aunque Lituania era una nación pequeña y Polonia una nación grande, así que a veces nos “comían”. Sigue habiendo lituanos a los que no les gustan los polacos, pero creo que, actualmente, a la mayoría les son indiferente.

2 comments

"En 1945, los soviéticos decidieron que Vilna sería parte de Lituania, convirtiendo la ciudad en la capital de esta república"

De hecho, la "decisión" fue tomada ya en 1939… En virtud del infame pacto germano-soviético, Wilno formó parte del botín soviético, y Stalin "generosamente" se la entregó a Lituania. Poco después, Lituania se vio obligada a "solicitar voluntariamente" su inclusión en la URSS.

Dudo que haya en la Historia ejemplos más vergonzosos de cinismo y falta de escrúpulos que la política soviética en esos años, de tan buena vecindad y amistad con el nazismo. Las depredaciones alemanas fueron pronto finiquitadas por su derrota en la guerra, pero las de la URSS se volvieron permanentes.

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