La noche previa

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La noche previa a una final es para disfrutarla. Es perfecta porque todos son iguales y todos creen que pueden ganar. En la noche previa te imaginas levantando la copa y te visualizas rematando de volea un balón en la frontal que, por supuesto, entra por la escuadra. La noche previa es la mejor porque aún no ha pasado nada de todo lo que puede pasar.

Pero es que esto del fútbol va de que pasen cosas.

Al Manchester City lo que le ocurre es que ni en su semana más importante del año le han dejado ser protagonista. Pasaron cosas como que Ferguson se retira, que Pellegrini está más cerca del Etihad que Mancini y cosas como que Rodwell volvió a sentirse futbolista. Esto hace que el City tenga una alternativa más para su once titular en Wembley, siempre tan complicado de adivinar antes de un gran partido. Ahora mismo, sin Premier y con el segundo fracaso europeo consecutivo, la FA Cup para los citizens es como la medicación para Carrie Mathison: tienen que tomarla o la situación se puede volver muy tensa.

Al Wigan le pasa que todos le dan por descendido. Se quisieron vestir de héroes para salvar un año más la categoría pero, revólver en mano, abriendo la puerta del rancho en plan cowboy para cepillarse a todo enemigo, terminaron disparándose en el pie. Agonizan pero no han muerto. Siguen con la misma fragilidad defensiva que en estas últimas semanas pero jugará Maloney y eso siempre es positivo. También va a jugar Callum McManaman, un chavalín de 22 años al que de repente, casi sin esperarle, le ha dado por querer ser el mejor.

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Y hablando de jovencitos.

Hace tiempo, un niño pequeño de seis años no sabía qué estaba ocurriendo a su alrededor durante la II Guerra Mundial pero sí sabía que su padre no estaba en casa desde hacía ya tres años. No recordaba su cara. Él vivía con su madre y otros tres hermanos. Casi no tenían dinero. Un día se encontró con un penique en la calle y decidió aprovecharlo: se subió a un autobús de los nuevos, de esos de dos plantas que empezaron a usarse en Wigan como reemplazo de los tranvías, para dar una vuelta. En el mismo autobús también se había montado un soldado.

– “¿Esa pistola es de verdad?“, le preguntó el niño.
– “Claro. Oye, ¿dónde vives? ¿Por qué estás solo?“, respondió el soldado.
– “En Chadwick Street“, contestó Whelan, “número 70“.

El soldado no pudo evitar la sonrisa.

– “¿Te llamas David?“, le dijo.

Así es como David ‘Dave’ Whelan cuenta en su autobiografía el reencuentro con su padre, que volvía de la guerra. El hoy presidente del Wigan Athletic tuvo que dirigir varios negocios de forma magistral antes de llegar al fútbol. Ahora tiene al club en la Premier League y en Europa.

La noche previa es para soñar porque es cuando todo, todo, todo es posible.

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