Volver a Wigan

Dave Whelan Wigan Focus

No sólo al Everton de Roberto Martínez le sale mal todo de repente. Le ocurre lo mismo -y de manera mucho más dramática aún- a su antiguo club, el campeón de la FA Cup del 2013 y semifinalista de 2014: el Wigan Athletic. El conjunto de la pequeña, fría, fea y oscura ciudad de Greater Manchester anda penúltimo en la League Championship y sólo ha ganado un partido de los siete que ha dirigido su nuevo entrenador, Malky Mackay (el tercero ya después de que el técnico de Balaguer se marchara a Goodison). Aunque la cuenta oficial de twitter del club se está encargando de intentar hacer revivir la magia de la FA Cup en la mente de los hinchas latics, la situación actual no es ni mucho menos la idónea como para pensar en una tercera campaña consecutiva haciendo historia en el torneo de clubes más antiguo del mundo. Con varios jugadores importantes cerca de abandonar la entidad en el mercado de invierno para aligerar los elevados gastos en salarios que cuesta pagar a una plantilla que se configuró pensando en el ascenso, la visita este sábado a la vecina ciudad de Bolton (16:00) no se encara con el mismo entusiasmo que en otras ocasiones. Por mucho que sea un derbi de Greater Manchester. Por mucho que las mayores sonrisas en la vida de un aficionado del Wigan las haya proporcionado la FA Cup.

Wigan Athletic Roberto Martínez Focus¿Remember when? (Foto: Focus Images Ltd).

Quedan lejos ya el gol de Ben Watson, la celebración enloquecida de los jugadores junto al córner, la euforia incontenible de los hinchas en Wembley y el grito de un Roberto Martínez que se sentía campeón. Han pasado sólo veinte meses, pero todo esto se percibe en Wigan como recuerdos de gloria pretérita, de un tiempo que es muy difícil que pueda volver. A los pocos días de aquella hazaña se confirmaba, también en Londres, el descenso de categoría en el campo del Arsenal. Al señalarse el final del partido en el Emirates, el entrenador español se acercaba a reconocer el apoyo y el cariño de unos seguidores que la semana siguiente le pedirían que se quedara en medio de la celebración del título de la FA Cup. Pero Roberto se fue. Y el Wigan tuvo que reinventarse.

El presidente Dave Whelan apostó por Owen Coyle, un entrenador que había tenido cierto éxito en clubes de la misma región: el Burnley y el Bolton. Con los primeros había logrado el ascenso a la Premier League, y con los segundos, pese a acabar bajando en su tercera campaña, alcanzó las semifinales de la FA Cup. Coyle tuvo el privilegio de dirigir al Wigan en sus primeros partidos europeos de la historia, como el debut en Brujas ante el Zulte Waregem, que se saldó con un empate a cero, o la victoria en casa frente al Maribor, la primera y hasta la fecha la única del club en una competición internacional. Sin embargo, no pudo completar la fase de grupos, ya que antes de la última jornada fue destituido debido a la bajísima posición que ocupaba el equipo en la tabla de segunda. Era decimocuarto. A Coyle le costó un año volver a encontrar trabajo. Hace unas semanas firmó como nuevo entrenador del Houston Dynamo de la MLS.

Wigan Athletic Coyle FocusOwen Coyle estuvo dirigiendo al Wigan cinco meses y medio. Ganó sólo siete partidos de veintitrés. (Foto: Focus Images Ltd).

Entonces, Whelan intentó acercarse al perfil que le había dado tan buenos resultados con Roberto Martínez: un entrenador extranjero, del continente, pero con un amplio conocimiento del fútbol británico y que estuviera teniendo éxito en las divisiones menores del fútbol inglés. El elegido fue el alemán Uwe Rösler, que se había quedado a las puertas del ascenso a segunda con el Brentford londinense la temporada anterior y que en el momento de ser contratado por el Wigan lideraba otra vez la tabla de la Ligue One. Rösler debutó en un partido de Europa League en Maribor, en la última jornada de la liguilla. Parecía que ninguno de los dos podría clasificarse para la siguiente ronda, pero el sorprendente resultado que se dio en el otro choque del grupo entre el Zulte Waregem y el Rubin Kazan hizo que el ganador de ese duelo en Eslovenia acabase metiéndose en dieciseisavos de final. Y pudo ser el Wigan, que se adelantó con un gol de penalti de Jordi Gómez. Pero el Maribor remontó aprovechando su superioridad numérica y logró un histórico billete para la segunda fase. Rösler había perdido su primer encuentro como técnico latic, pero sabía perfectamente que no le habían fichado para progresar en la Europa League. Las batallas que iban a marcar su destino se libraban todas en Inglaterra.

Wigan Rösler FocusRösler fue la segunda apuesta de Whelan en la era post-Premier (Foto: Focus Images Ltd).

El entrenador alemán lideró desde el banquillo una de las defensas del título más épicas que se recuerdan en la historia de la FA Cup. El campeón se comportó como tal pese a su nueva condición de equipo de segunda y fue capaz de eliminar al mismo rival al que había ganado en la final de Wembley, pero esta vez en su propio campo. El 1-2 que el Wigan le endosó al Manchester City en cuartos de final en el Etihad fue uno de los resultados del año en el fútbol inglés. Rösler, que había sido jugador del City y había dejado un gran recuerdo entre la afición sky blue, firmaba ante su ex equipo su primer triunfo de gran impacto como entrenador en las islas británicas. Jordi Gómez y James Perch anotaron los históricos goles de un conjunto que tuvo que sufrir mucho en los últimos minutos, pero que aguantó hasta el pitido final y entró luego en una dinámica positiva que le hizo ascender puestos progresivamente en la tabla de la League Championship. Como había sucedido el año anterior, el Wigan se vio inmerso en dos estimulantes retos que le dispersaban la atención. Esta vez, sin embargo, perdió los dos. Los perdió por muy poco, pero los perdió. Ante el Arsenal en la semifinal de Wembley, cayó en la tanda de penaltis después de ir por delante durante veinte minutos de la segunda parte. Un gol de Per Mertesacker en el 82’ y una gran actuación del polaco Lukasz Fabianski en la tanda de penaltis acabó con el sueño del equipo de Rösler de repetir final por segundo año consecutivo. Si aquel golpe no fue suficientemente duro, el definitivo llegó otra vez en Londres. En el campo del Queens Park Rangers, en la vuelta de las semifinales del play-off de ascenso a la Premier, el Wigan perdió en la prórroga todas sus opciones de regresar a la Premier.

Austin Queens Park Rangers Wigan QPR FocusDos goles de Charlie Austin acabaron con el sueño del Wigan de volver de inmediato a la Premier (Foto: Focus Images Ltd).

Y desde entonces, levantar cabeza ha sido imposible. Jordi Gómez se marchó al Sunderland; James McArthur fichó por el Crystal Palace; Jean Beausejour regresó a su país para jugar en Colo Colo. Y aunque la plantilla continuaba teniendo calidad con futbolistas del nivel de Iván Ramis, Shaun Maloney, Callum McManaman o Roger Espinoza, y además incorporó a otros tan interesantes como el español Oriol Riera, el clima de depresión no había abandonado el DW Stadium. Uwe Rösler fue destituido en noviembre con el Wigan antepenúltimo, en puestos de descenso a la League One. Dave Whelan, el hombre que se mantuvo fiel a Roberto Martínez durante cuatro largas temporadas de altibajos y contrastes, ha despedido ya a dos entrenadores en menos de dos años desde que el catalán dejó el banquillo del DW Stadium. Esa química presidente-manager-jugadores-afición no la ha vuelto a encontrar el Wigan, y era clave para que un club casi familiar y con muy poquita estructura se mantuviera compitiendo con los más grandes.

Cuando Malky Mackay fue destituido como entrenador del Cardiff City en diciembre del año pasado tras perder en casa ante el Southampton, todo el mundillo futbolístico inglés lo arropó y consideró que se había cometido una tremenda injusticia. Sus logros deportivos eran indiscutibles: había ascendido al cuadro galés a la Premier League y tenía al equipo fuera de los puestos de descenso, habiendo ganado además a equipos tan poderosos como el Manchester City. Su despido se interpretó como una excentricidad más del propietario del club, el malasio Vincent Tan, un hombre que ya había sido muy criticado por la hinchada por haber cambiado los colores de la camiseta del club. Mackay se marchó de Cardiff siendo un ídolo de la afición y un entrenador respetado por toda Inglaterra.

Malky Mackay celebrando la victoria contra el West Brom el pasado sábado (Foto: Focus Images Ltd).Malky Mackay en su época como entrenador del Cardiff (Foto: Focus Images Ltd).

Sin embargo, la opinión del mundo sobre este técnico escocés de 42 años cambió por completo el pasado verano, justo cuando iba a ser contratado por el Crystal Palace. El Cardiff City envió a la Federación Inglesa un dossier que contenía mensajes de texto y correos electrónicos en los que se podían leer conversaciones privadas entre Mackay y su director deportivo en el conjunto galés, Iain Moody. En sus discusiones sobre posibles fichajes se utilizaban términos considerados como racistas, homófobos y sexistas. Los mensajes fueron publicados por los medios de comunicación y la popularidad de Mackay cayó en picado. Su fichaje por el Crystal Palace se paralizó.

Cuando parecía imposible que ningún club le contratara, el Wigan Athletic lo llamó. La decisión de Dave Whelan de apostar por él estaba basada en su éxito en la categoría como entrenador del Cardiff, pero pronto fue tremendamente criticada. Un sponsor del club retiró el patrocinio por considerar que no podía seguir vinculado a una entidad que daba trabajo a una persona tan controvertida, e incluso el antiguo jugador del Wigan Jason Roberts mostró en las redes sociales su disconformidad. El propio Whelan intentó defender a Mackay en una entrevista en el Guardian, pero aún empeoró la situación ya que trató de justificar algunas de las frases más polémicas de su nuevo manager. El asunto terminó con una sentencia lapidaria del antiguo jefe de Mackay, el malasio Vincent Tan, que afirmó que “un presidente racista ha contratado a un entrenador racista”. En febrero, el Wigan y el Cardiff deberán enfrentarse en un partido de segunda división inglesa que, si Mackay aún sigue en el cargo, alcanzará una tremenda repercusión mediática. Pero con sus números actuales, un tercer despido en poco más de un año en el DW Stadium no puede descartarse.

Vincent Tan Cardiff FocusEste señor es Vincent Tan, propietario del Cardiff City (Foto: Focus Images Ltd).

El martes pasado volvimos a Wigan por primera vez desde el descenso y lo primero que nos llamó la atención en el encuentro frente al Sheffield Wednesday fue la identidad de los jugadores que Mackay dejó en el banquillo: Callum McManaman, Maloney, Oriol Riera, Boyce, Espinoza… El entrenador escocés parecía tener más calidad a su lado que en el césped. Y aunque el resultado final (0-1) fue cruel con los latics, que no habían sido inferiores pero acabaron acusando la tarjeta roja directa que vio McManaman, la sensación de decadencia era evidente. Riera voló este mismo viernes a Barcelona a la espera de que se cierre su regreso al fútbol español. No será el único que se marche. El once que saque Mackay en Bolton podría ser revelador, ya que si participa algún jugador que luego va a firmar por otro conjunto inglés no podría actuar en la FA Cup con su nuevo club. El futuro, pues, parece pasar por gente joven y con menos caché. El mejor jugador de la League One la temporada pasada, Adam Forshaw, debe tener un peso importante en él. Firmado por Uwe Rösler en verano procedente del Brentdord (en el que coincidieron), este interior o medio centro de tremendo criterio con la pelota en los pies llegó a debutar en el primer equipo del Everton con David Moyes en un choque de Europa League ante el BATE Borisov en 2009. Estuvo en los toffees de los ocho a los veinte años pese a reconocerse hincha del Liverpool. Hoy tiene veintitrés y su talento se adivina como lo único realmente esperanzador entre los nuevos vientos que corren por Wigan.

Adam Forshaw WiganLuz entre las tinieblas: Adam Forshaw. (Foto: Focus Images Ltd).

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Foto de portada: el presidente y propietario del Wigan Athletic, Dave Whelan (Focus Images Ltd).

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6 comments

Cuando ganaron la FA Cup, Callum Mcmanaman tenía muy buena pinta y, luego del descenso, pensé que acabaría siendo fichado por algún club más importante de la Premier. Decepciona saber que casi dos años después sigue en Wigan y es suplente.

Evidentemente no sigo mucho al Wigan, pero sinceramente dudo que haya algún equipo en Europa que sea más decepcionante que el Everton, especialmente tras gastarse casi 50 millones de euros este año y no haber tenido que vender a nadie importante.

Una lástima por el Wigan, que hace 6 ó 7 años tenía una de los planteles más simpáticos de la Premier League y que le tomé especial atención cuando lo contrataron a Antolín Alcaraz, luego convertido en uno de los héroes de Wembley

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