Al otro lado del río

Congo -  Richard Matthews

En ocasiones, la historia, si la miras con una pizca de humor y un poco de ironía, puede parecer muy tonta. Explican que un explorador galés se puso a las órdenes del Rey de Bélgica. El explorador, un tipo con agallas obsesionado en descubrir las fuentes del Nilo, le prometió al monarca, Leopoldo II, que le conquistaría muchas tierras en África. Y el galés llegó a unas tierras donde existía desde hacía siglos un reino, afirmando que tomaba posesión de ellas, mientras descubría ríos y fuentes. O sea, descubría ríos habitados por personas, como si esa gente no supiera de la existencia del río en que se bañaban. Con crueldad, superioridad moral y avaricía, los reinos europeos se repartieron África como si fuera un pastel. Y por eso hoy tenemos un partido de máxima rivalidad entre la República Democrática del Congo y Congo, dos tierras que antes de la llegada de Henry Stanley Morton, el galés, formaban parte del mismo reino, el reino Bakongo.

El reino Bakongo ocupaba los dos lados del Río que se come a los otros ríos, como se conocía antes de la llegada de los europeos al río Congo. Luego, los europeos decidieron que la parte norte sería francesa. La sur, belga. Bélgica pasó a gestionar una tierra más grande que la propia Bélgica. Y Francia incorporó ese pedacito de tierra a su Imperio colonial. De repente, mirar al Congo desde el norte o el sur determinaba tu suerte. En 1960, estas dos tierras se independizaron. Los caminos ya estaban divididos.

Los dos Congos comparten mucho más que uno de los ríos más caudalosos del mundo, el Congo. Las aguas separan las dos capitales, Brazzaville y Kinshaha. Los dos Congos comparten lenguas, culturas, etnias, tradiciones y se expresan en francés, además de las lenguas locales. Pero como franceses y belgas trazaron una frontera en un río que antes unía, convirtiéndolo en separación, ahora tenemos dos estados diferentes. Y la rivalidad es fuerte pese a que, en muchos casos, la misma familia vive toda mirando al río, aunque con pasaportes diferentes. “Somos el mismo país separado por un río. Somos como hermanos, nos conocemos, somos la misma gente con vidas similares”, decía en la previa el seleccionador de la RD Congo, Florent Ibenge.

Bolasie Crystal Palace - Focus

Bolasie, uno de los jugadores referencias en la RD Congo, país más importante a nivel deportivo que la República del Congo. Foto: Focus Images Ltd.

La República Democrática del Congo, esa tierra que fue belga y se llamó en su momento Zaire, siempre ha sido más importante a nivel deportivo, aunque también ha sido la historia de un gigante con pies de barrio. Tierra de violencia, guerras, avaricia y corrupción, uno de los estados más ricos del mundo en recursos naturales sigue siendo pobre, con decenas de muertos cada día por conflictos sin fin, con militares con mucho poder y jóvenes sin demasiado futuro, como los que se están manifestando estos días en las calles de las principales ciudades, pidiendo que el estado esté a la altura de su nombre. Y sea una República Democrática. Ahora, por momentos, no parece ni una cosa ni la otra, con Joseph Kabila mandando como manda.

Los dos Congos se ven las caras en un estadio mientras la policia reprime muchos chicos (se habla de más de 50 muertos los últimos días) y las atrocidades no paran al este del país. Aunque como las muertes y violaciones se han convertido en rutina, nadie habla de ello. A poca gente le importan, por lo que parece, que el conflicto de la República Democrática del Congo sea el más sangriento desde la Segunda Guerra mundial. Se han asesinado políticos, como Lumumba, el hombre que parecía destinado a ser un gran líder y se ganó enemigos en las embajadas europeas, se han visto golpes de estado, revoluciones e intervenciones en guerras de estados vecinos, como Ruanda. La República Democrática del Congo es una gran tierra marcada por cicatrices muy duras.

Sus vecinos tampoco andan mejor. Durante los años 60, 70 y 80 vivieron una dictadura marxista. Y el vacío de poder generado por la caída de la URSS, su gran aliado, provocó una gran guerra civil en los 90. Pese a ello, en este Congo (llamado Congo Brazzaville en su momento) se tiene la sensación de vivir un poco mejor que los vecinos del otro lado del río. Esta es una rivalidad de sensaciones: afirmar que en tu tierra se vive mejor, se puede ser más moderno, se baila mejor o se viste con más estilo, pues los congoleños, unos y otros, rivalizan por ser los creadores de una corriente de moda maravillosa: los sapeurs, tipos presumidos que se gastan el dinero que encuentran en ropa chillona. Un estilo propio que incluso ha llegado a las pasarelas parisinas. En Brazzaville y Kinshasha afirman que los primeros sapeurs aparecieron en sus calles. No se ponen de acuerdo. Es una gran familia peleada.

Thievy West Brom, Congo, Focus

Thievy, uno de los jugadores más determinantes de la selección de Claude Le Roy en la fase de grupos. Foto: Focus Images Ltd.

En la República del Congo saben que disponen de una ocasión histórica. En este estado viven unos 5 millones de habitantes. En su vecino, más de 75 millones. En la RD Congo recuerdan que jugaron un Mundial en 1974 y han ganado en dos ocasiones la Copa. Y sus equipos son respetados a nivel internacional, como lo demuestran los éxitos del TP Mazembe o el Viat Club. La RD Congo es una gigante con un gran potencial demográfico y humano, una tierra loca por el fútbol que busca en un tapete verdes las alegrías que millones de personas no encuentran en el día a día.

Pero el Congo pequeño, con Claude Le Roy en el banquillo, sueña con repetir el gran éxito de 1972, cuando ganaron por única vez la Copa. Entonces, curiosamente, perdieron con su vecino en la primera fase, pero acabaron ganando la Copa. Dos años más tarde las selecciones se cambiaron los papeles: Congo derrotó por 2-1 a Zaire. Y Zaire ganó la Copa pese a ello. Ese partido, jugado en Alejandría (Egipto), es el último precedente en fase final del derbi congoleño.

En Brazzaville, se sueña con derrotar al gigante del otro lado del río gracias al viejo Le Roy, el genio que con 66 años siempre sorprende. Le Roy ha vivido 8 Copas de África como seleccionador y en 7 ocasiones ha llegado a los cuartos. Nada mal, pues lo consiguió con 5 selecciones diferentes. Curiosamente, Le Roy no puedo meter en cuartos a la RD Congo cuando entrenó al otro lado del río. Ahora, con Thievy en un estado de forma increíble, Le Roy sabe que tiene la gran ocasión de conseguir una victoria histórica, pues la RD Congo ha empatado todos los partidos del torneo y no acaban de encontrar su mejor juego.

Foto de portada: Richard Matthews

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1 comments

Este tipo de artículos son maravillosos. Muchísimas gracias por compartir estas cosas y hacerlo de una forma tan amena. Puede sonarle raro a mucha gente, pero si me gusta tanto el fútbol es poder emocionarme viendo un partido como el que hemos visto esta tarde, sin tener ningún vínculo afectivo con esas países en los que ni he estado ni estaré jamás.

Enhorabuena por el artículo, de verdad.

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