Notas antiguas de aquel Estudiantes de Simeone

Diego Costa, el atacante de referencia de este Atlético que tanto recuerda al Estudiantes de Simeone (Foto: Focus Images Ltd.).
Diego Costa, el atacante de referencia de este Atlético que tanto recuerda al Estudiantes de Simeone (Foto: Focus Images Ltd.).
Diego Costa, el atacante de referencia de este Atlético que tanto recuerda al Estudiantes de Simeone (Foto: Focus Images Ltd.).

Terminó el derby y los jugadores del Atlético de Madrid mostraron la alegría que sólo florece en los triunfos más trascendentes. Con ese 0-1 se rompía definitivamente -por si la final de Copa no había servido para ello-, esa especie de maldición o complejo que perseguía a los colchoneros cada vez que se enfrentaban al Real Madrid. Es muy de Simeone esto de derrotar traumas y minimizar el peso de la historia. Cuando lo vi retirarse hacia el vestuario con un gesto de rabia, me acordé de su Estudiantes de la Plata, un equipo que en 2006 logró remontar una impensable desventaja ante un Boca Júniors que acumulaba figuras (Palermo, Palacio, Gago…). Estudiantes, por nombres, era mucho menos que aquel Boca, como probablemente lo sea este Atlético con respecto a este Real Madrid. Pero el Cholo logra que su equipo crea que todo es posible. Elimina el conformismo del que se sabe peor. Bueno, un empatito aquí está bien, es un campo complicado… – No es un partido de nuestra liga… Estos mensajes no existen para Simeone. Si se va empatando en San Sebastián en el 80′, se busca el gol del triunfo por mucho que la Real sea la Real y esté jugando en casa. Si se juega ante el Madrid, se convence al equipo de que, oye, igual ellos son mejores, pero nosotros tenemos un espíritu colectivo, un hambre y un deseo que jamás nos podrán igualar. Así ganó el Cholo aquella liga con Estudiantes y así está haciendo soñar a la gente del Atlético. Cuando en la conferencia de prensa post-partido le preguntaron por si había tenido jamás un grupo de jugadores tan comprometido y tan solidario, no dudó en la respuesta: “Estudiantes de la Plata”. ¡Sí, lo dijo! ¡Estudiantes de la Plata! Lo escuché y me puse a bucear por las catacumbas de Internet: archivos antiguos de mi primer blog. Y encontré unos cuantos textos sobre aquel Pincha al que Simeone, con Verón, Sosa y Pavone como figuras, hizo campeón…

“El partido de una vida”, 16 de octubre de 2006

Sueña el hincha con verlo al menos una vez. Una sola. Una única vez, pero una. Verlo. Sí, verlo. Tocar el cielo con los dedos, flotar, levitar, sentir que el cuerpo no pesa, dejarse ir y que el propio espacio le sostenga. Bailar con las estrellas y ni sonreír siquiera, porque es más que eso. Felicidad pura, armonía planetaria, el cenit de una vida. Meterle siete al eterno rival. Siete. Siete a cero.

No olvidará la afición de Estudiantes la fecha de ayer. Se disputaba el clásico de La Plata y su equipo partía como favorito ante Gimnasia. Porque llegaba tras tres victorias consecutivas, porque se encontraba a sólo tres puntos del líder Boca, porque actuaba como local aunque el partido se jugara en el Estadio Único, porque probablemente tenga mejor plantilla. Favorito, sí, pero… ¿quién se atreve a apostar en un clásico? Lo que luego vendría quizá podía soñarse, pero decirlo en voz alta sin que le tomaran a uno por loco, desde luego que no. Pero el Pincha se lo creyó y fue a ganar el partido desde el primer minuto. Salió mordiendo, corriendo más que el rival, como asustándolo… Ganó todos los balones divididos, dobló las manos del arquero, penetró por en medio de los defensas rivales. Arrolló. Masacró. Y siempre quiso más, porque en el campo había gente que años atrás había estado en la grada, porque Verón y Calderón sabían lo que representaba un resultado así. Por eso celebraron el séptimo igual que el primero. Por eso Lugüercio lamentó fallar el octavo como si el partido estuviera empatado.

Hoy hasta Olé le dedica la tapa a Estudiantes, por mucho que River y Boca se estén jugando el título. ¿Y el Pincha no? Sigue ahí arriba y cuenta con futbolistas de mucho nivel. La Brujita, obviamente, ejerce de maestro tras su vuelta de Europa. Sosa inventa en el centro del campo, Galván llega desde atrás, Pavone es el delantero total. Como se descuiden los grandes, el equipo de Simeone se lo lleva. Y si no, lo de ayer ya justifica el torneo. Y la temporada. Y hasta la vida.

 

“El Pincha no se baja”, 19 de noviembre de 2006

Parece increíble, pero Estudiantes sigue aguantando la presión. Por mucho que Boca no falle, por mucho que la escandalosa derrota de Gimnasia en aquella reanudación para olvidar fuese un golpe muy duro, por mucho que su hinchada no pudiese apoyar anoche en Rosario. Por mucho que se llegase a los últimos minutos con 1-0 en contra. El equipo de Simeone se supera todas las semanas, aumentando la asombrosa serie de victorias -ya van nueve consecutivas-, haciéndolo cada vez más difícil si cabe. Hace siete días le ganó a River, ayer remontó en el descuento en la cancha de Newell’s. Y lo hizo con un cabezazo de un joven enganche de 17 años que estaba debutando en primera, un tal Pablo Piatti, quizá un héroe si la temporada termina como el Pincha sueña. Se ha puesto de nuevo a un punto de Boca y esta noche alentará a Gimnasia Jujuy desde la distancia para que el equipo de Ricardo La Volpe no sume o, tampoco estaría mal, sume lo menos posible. Luego a Estudiantes le quedarán tres partidos, dos de ellos en casa -ante Rácing y Arsenal- y uno en el Diego Armando Maradona contra Argentinos. Tampoco es malo el calendario de los xeneizes -Colón y Lanús en La Bombonera, Belgrano fuera-, pero en La Plata siguen a lo suyo, centrados en conseguir los nueve puntos que restan. ¿No es de lógica pura que un equipo que gane los doce últimos partidos tiene que salir campeón?

 

“Pibes de La Plata, campeones de Argentina”, 14 de diciembre de 2006

Fueron dos chicos de la cantera de Estudiantes, que han desarrollado toda su carrera en el Pincha, los que le dieron al equipo de Simeone su cuarto título de campeón de Argentina, el primero en 23 años. José Sosa, nacido en La Plata, convirtió un libre directo con esa calidad que desde hace varios años le hace despuntar como una de las joyas más preciadas de la primera división de su país. Mariano Pavone, que es de Tres Sargentos, un pueblo de la provincia de Buenos Aires, es ya medio platense de tanto ir a entrenar a la ciudad del León, el único equipo de su vida, el que le ha hecho ídolo de toda una hinchada, que casi siempre que grita gol piensa en él. Y claro, el Tanque no podía fallarles en el momento cumbre. Quizá sea su último tanto con esa camiseta amada, pues Europa llama a la puerta -también lo hace River-. Pero habrá sido el mejor. Ante la pasividad de la defensa de Boca, aprovechando un error del inexperto Cahais -¡qué discutida será esta sorprendente elección de La Volpe!-, golpeó la pelota por encima de Bobadilla y la remató luego con un cabezazo convincente. Pavone, el punta más potente de Argentina, el que arrolla cuando corre y cuando chuta, anotó esta vez bombeando el balón dos veces, como si entendiera de sutileza. Él, Sosa, Verón, Galván, Alayes -¡qué cabezazos los tuyos, Agustín!-, Calderón, Lugüercio…, Simeone, la hinchada entera, todos los pibes que sueñan con el Pincha… son campeones de Argentina.

Es difícil intentar analizar un partido que fue la síntesis de una temporada loca. Empezó arrasando Boca, como cumpliendo la lógica, como justificando el peso de sus estrellas. Estudiantes lo intentó seguir con su ímpetu, con su corazón, con su garra. Y cuando le dio el primer golpe, lo asustó. Encerrado en su área para proteger una ventaja mínima, el gol de Sosa devolvió a los xeneizes toda la inseguridad que les condenó el domingo ante Lanús. Bastó luego con un balón largo, con una carrera firme, con una desorientación bárbara. Y Boca ya no se pudo levantar. Demasiada osadía pedirle a Franzoia que te remonte el partido, casi tanta como elegir a Cahais para que juegue su tercer partido el día de la final. La Volpe, inventor eterno, sacó hoy a Guillermo, Palermo y Palacio juntos, en otra vuelca de tuerca más de su ingenio adelantado a nuestros tiempos. Quizá adelantado al fútbol. Le aplaudimos aquí por su exquisita selección mexicana en el Mundial, pero no tendría ningún sentido que intentara levantar un proyecto que se ha llevado el golpe más duro del mundo casi antes de empezar a andar.

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3 comments

Recuerdo aquel partido de desempate, fue espectacular. Lo mas curioso es que aparte de esto, me acuerdo sobre todo de los goles de Alayes, el central que siempre subía a rematar todos los balones a balón parado. Ahora ya retirado, creo que estaba en el cuadro técnico de Estudiantes.

Alayes marcaba mucho! En general, ese Estudiantes ganó muchos partidos en los últimos minutos. Significativo.

Ese Boca funcionaba históricamente hasta que Basile se fue a la selección. 4-4-2 en rombo. Entonces llegó La Volpe y lo estropeó con su sistema de México 2006… Debacle total y conceptual.

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